
Muy bonitas las fotos en los campos de arroz que rezuman paz, pero en realidad están junto a una carretera abarrotada y ruidosa. Bali es un fake
Hace dos años necesitaba escapar y desconectar del calor de Sevilla durante la peor quincena de agosto y como mucha gente, me dejé arrastrar por las redes sociales y sus fotos idílicas de un destino en la otra punta del mundo: Bali. La realidad al llegar allí fue bastante distinta. En resumen: después de un larguísimo vuelo (con escalas eternas) me encontré con atascos constantes, muchísimo tráfico y una isla con un ritmo que tenía más de carrera que de relax. Pero, si hay algo que recuerdo con auténtica nostalgia de aquel viaje son los hoteles: espectaculares y a un precio que en España solo puedo soñar.
Así que entendí que lo que realmente necesitaba no era pillar un vuelo de 14 horas para sentir que estaba de vacaciones, sino dar con un lugar que me permitiera bajar el ritmo, descansar y disfrutar sin prisas. Dos años después encontré esa misma sensación, en un pequeño pueblo pesquero de Cádiz.
Encontré en un pueblo pesquero de Cádiz el viaje que llevaba años buscando
Fue un fin de semana en Conil de la Frontera a finales de mayo, el que me hizo darme cuenta. Este pueblo pesquero de la costa gaditana no tiene volcanes, ni templos, ni arrozales, pero sí algo que para mí vale mucho más: playas enormes de arena blanca y fina (como las de mi casa, Huelva), un casco histórico pequeño pero lleno de vida al que podía ir caminando desde el hotel y un montón de lugares donde comer rico.
Yo me alojé en el DAIA Slow Beach Hotel Conil, un complejo solo para adultos con vistas al mar, que me recordó (para bien) a mis favoritos de Indonesia. Compartía esa misma sensación de lujo y desconexión, pero con un extra que para mí marcó la diferencia: el equilibrio con el exterior.
Es un hotel en el que apetece quedarse horas disfrutando de la piscina, de la habitación o de las actividades que propone, pero también un pueblo al que apetecía salir, una playa divina a la que podía ir andando y un montón de sitios donde comer. Eso sí, también hay que ser justa con otra cosa: tres noches aquí, en plena temporada alta sale un poquito más caro que en Indonesia (pero merece la pena).
Yo personalmente intenté aprovechar al máximo el hotel: hice un taller de pintar cerámica divertidísimo y el resultado no fue tan desastroso como me esperaba, teniendo en cuenta lo mal que se me dan estas cosas, me apunté a una clase de Restorative Yoga que me dejó relajadísima (me costó no quedarme dormida) y acabé el día tomando un cóctel viendo el atardecer en el rooftop.
Qué hacer en Conil
Pero el domingo, me apetecía salir a explorar un poco el entorno y empecé por bajar a la playa de La Fontanilla, la que podía ver desde la terraza de mi habitación. El día no acompañaba el baño pero no quería marcharme sin mojarme un poco los pies (es una manía que tengo). Cumplido este ritual, solo me quedaba conocer el pueblo.
Caminar hasta el centro mismo de Conil desde el hotel no me llevó más de diez minutos. Y a pesar de que aún no era temporada alta, estaba lleno de vida. Una de las cosas que más me gustó es que es un pueblo que se puede recorrer perfectamente a pie y está todo tan a mano que no hace falta llevar una ruta organizada, permite perderse un poquito. En esas estaba cuando di con una pequeña galerías de arte urbano, en una casa antigua del pueblo en la plaza Puerta de la Villa (junto al arco) con abanicos pintados a mano que aún me arrepiento de no comprar, láminas y cuadros.
Una parada en Mariposas en la Barriga (sus tartas de queso tienen fama en todo Conil) y un paseo de vuelta al hotel por el paseo marítimo, con la brisita del mar y charlando durante todo el camino, pusieron el broche de oro al fin de semana. Porque, si hay algo de lo que merece la pena hablar en Cádiz en general y de Conil en particular, es de la comida.
Dónde comer rico en Conil
Confieso que esta vez no hice demasiados deberes gastronómicos porque el hotel me lo puso muy difícil. Lo bueno es que ya tengo una excusa para volver. Lo que más disfruté fueron los desayunos -espectaculares- y la cena en Origin Grill, el restaurante especializado en carnes a la brasa del hotel, donde probé la carne a la parrilla directamente asada en la mesa.
Aún así, como iba con una gaditana, Ana Ruiz, periodista en el Diario de Cádiz y responsable Cadizfornia, que por supuesto, conocía a la perfección Conil, no me pude resistir a pedirle recomendaciones para cuando vuelva en otra ocasión (cosa que haré seguro) y estos son dos de los imprescindibles que no podemos perdernos: Feduchy Playa si te apetece un buen arroz en un chiringuito a pie de playa o si buscas algo más tradicional y un lugar donde probar el famosísimo atún rojo de almadraba, La Fontanilla.
Qué se puede hacer en los alrededores de Conil
Si te apetece hacer una escapada más allá de la playa, merece la pena acercarse a la bodega ecológica Sancha Pérez, a pocos minutos en coche de Conil. Una bogeda fundada por Ramón un ingeniero industrial que cuando llegó la crisis de 2008, decidió volver a su tierra y empezar una nueva vida elaborando vinos ecológicos.
Allí trabajan, entre otras, la uva Tintilla de Rota, una cepa autóctona de Cádiz con la que se elabora un vino dulce riquísimo. Cosa que se comprueba de primera mano porque, la visita termina con una cata, un plan redondo para disfrutar con amigas.
Dos días en un pueblo de Cádiz cambiaron mi forma de viajar
Estas 48 horas en Conil me sirvieron de verdad para desconectar, lo que me hace pensar que, al menos en este momento de mi vida, no necesito cruzarme medio mundo, ni estar tantos días fuera de casa para encontrar lo que busco: descansar y disociarme de la realidad.
A veces basta con coger el coche y plantarme en Conil, en Punta Umbría o en cualquiera de las playas maravillosas que tenemos en Andalucía. Supongo que me he hecho mayor o, simplemente, que ya no me gusta viajar para hacer check en una lista, sino para volver a casa sintiendo que las vacaciones me han servido para lo que siempre deberían servir: descansar de verdad.
Fotos | @maria_barba
En Trendencias | Ni la Torre del Oro, ni la Giralda: he vivido años en Sevilla sin saber que lo más moderno lo tenía delante
Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com
VER 0 Comentario