Creía que intentar ser más eficaz conseguiría que fuera más productiva y estuviera menos cansada. Me equivocaba
Vivo obsesionada con la productividad. Trato de sacarle más horas al día de las que tiene, como si tuviera el giratiempo de Hermione en mi poder pero sin ser Hermione ni tener un giratiempo. Testeo, implemento y analizo trucos para ser más efectiva y siempre termino con más trabajo. Lo cierto es que existe evidencia sólida que explica esto: cuanto más intentas mejorar las tareas, peor es tu rendimiento mental al finalizar la jornada. Como en una trampa que condena la efectividad con más trabajo.
La paradoja del rendimiento cognitivo. Lo que un reciente estudio ha descubierto es que cuanto más esfuerzo dedicamos a buscar maneras de mejorar nuestro trabajo en lugar de simplemente hacerlo, peor es nuestro rendimiento cognitivo al final del día, si lo comparamos con los días en los que no hemos sido especialmente proactivas. En nuestra obsesión por trabajar mejor, terminamos trabajando peor porque optimizar nos desgasta. Una paradoja.
Imagina un lápiz con el que quieres escribir fino sobre un papel. Empiezas escribiendo pero la mina es demasiado gruesa, así que le sacas punta. Pruebas de nuevo. Sigue sin ser perfecta así que vuelves a sacarle punta. Se rompe, así que vuelves a empezar, sacándole punta otra vez. Escribes y ya casi lo tienes, pero sería ideal que fuera un poco más fina, así que vuelves a la carga con el sacapuntas. Cuando por fin has conseguido esa mina exactamente como necesitabas, el lápiz es cuatro centímetros más corto. Algo similar ocurre con nuestro cerebro: cuanto más buscamos optimizar una tarea (usando el sacapuntas), más se desgasta nuestro cerebro (el lápiz).
La carga cognitiva de optimizar. Cuando tratamos de ser más eficientes consumimos recursos mentales y estos, por desgracia para aquellas personas que sufrimos productivitis, son limitados. La proactividad genera fatiga mental, lo que puede dificultar la realización de tareas complejas posteriormente. La toma de decisiones constantes, la búsqueda y evaluación de alternativas, y la revisión de hábitos, herramientas y prioridades nos lleva tiempo y consume energía. Al final del día sentimos que tenemos más trabajo.
Por qué es una “trampa de la efectividad” de la era moderna. El escritor británico Oliver Burkeman asegura en su libro ‘Cuatro mil semanas. Gestión del tiempo para mortales’ que “ser más eficiente solo consigue que vayas más acelerado, y tratar de despejar el camino que tienes por delante no hace más que espesar cada vez más la maleza que aparece a tu alrededor”. Burkeman describe esa obsesión como una "trampa" porque nunca escapas de la sensación de que podrías estar haciendo más. Creer que podemos seguir produciendo sin descanso y la idea de que puedes hacer algo sobrehumano con el tiempo finito que tienes es, según el autor “una verdadera receta para el estrés"
Sin embargo, vivimos en una cultura de rendimiento máximo que nos impulsa a ser más y más productivas cada día porque cada minuto tiene que valer. TikTok, por ejemplo tiene 1,6 millones de publicaciones bajo el hashtag #productivity. Gurús de trabajo, aplicaciones, miles de trucos y métodos para atrapar el tiempo que se nos escurre entre los dedos. Hemos llegado a un punto en que trabajamos sobre el trabajo, como en una broma cósmica.
Según Cal Newport, a quien en El País apodaron como “el hombre que nunca procrastina”, en su libro ‘Céntrate’, ese “meta-trabajo” incluye organizar listas de tareas, leer sobre cómo ser más productivo, rediseñar flujos de trabajo, marcar prioridades y un largo etcétera que se suma a esa obsesión por sacarle más minutos a un día. Además, la cultura de la productividad no siempre recompensa al trabajador eficiente como creemos, y puede ser una trampa que genera más carga de trabajo por el llamado efecto del empleado confiable.
La solución: volver a lo simple. No es que no tengas que buscar formas de ser más eficiente en tu trabajo, es que tienes que alejarte de la obsesión. Por ejemplo, tomar descansos regulares pueden ayudar a aliviar la fatiga mental también en los días proactivos. Es interesante también combinar los días proactivos con días de flujo y establecer momentos específicos para revisar cómo trabajas, no hacerlo todos. Aceptar que no todos los días serás la persona más productiva del mundo y que en ocasiones es mejor hacerlo sin más que hacerlo de una forma más efectiva, puede ayudarte.
Burkeman explicaba a la BBC que reduciríamos nuestra ansiedad si aceptamos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que queremos en la vida. "Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos", afirma. A veces hacerlo sencillo es la mejor forma de sentir que la lista de tareas pendientes baja.
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