Si crees que te distraes cada poco tiempo en el trabajo, puedes tener el síndrome del "cerebro de palomitas". Cómo evitarlo

Nuestra capacidad de atención ha disminuido con un coste brutal en el trabajo: nos resulta imposible concentrarnos

Anabel Palomares

Editor

Me pongo a trabajar y siento que me despisto constantemente. No es una percepción, es un hecho. De hecho ahora, escribiendo, he mirado tres veces el móvil y solo llevo tres líneas. He visto cinco reels en Instagram, he hecho click en un producto de belleza, lo he mirado en Amazon, lo he dejado en la cesta y me he levantado a ver si tenía algo igual en mi armario del baño. Cuando he vuelto a mirar el reloj habían pasado 20 minutos y mi experiencia se ha convertido en el ejemplo claro de un término en alza: cerebro de palomitas de maíz.

Nuestro cerebro no sabe parar. El “popcorn brain” o “cerebro de palomitas de maíz”, es un concepto que se popularizó cuando el investigador David M. Levy lo describió tras su investigación sobre el impacto de la tecnología en la capacidad de atención humana. Es un estado mental caracterizado por pensamientos dispersos, atención fragmentada y una propensión de la mente a pasar rápidamente de un tema a otro, como los granos de palomitas explotando en el microondas.

Los efectos reales del “popcorn brain”. Según explicó el psicólogo Mark Travers en Forbes, “las personas que padecen el síndrome de "cerebro de palomitas" pueden tener dificultades para concentrarse en las tareas o mantener un hilo de pensamiento coherente”, y aunque es un término informal, “describe casos de sobrecarga mental o desorden cognitivo”. Los expertos aseguran que disminuye la concentración, aumenta el estrés, la fatiga y la ansiedad, se produce un déficit de atención y, en última instancia, tiene un impacto negativo general en las relaciones y la calidad de vida. En los casos más extremos, puede hacernos olvidar cómo interpretar las emociones humanas, como explicó ya en 2013 Clifford Nass, psicólogo social de Stanford.

La Dra. Gloria Mark, profesora de informática en la Universidad de California, asegura en su libro ‘Attention Span’ que la capacidad de concentración ha sufrido un deterioro en los últimos años. “En 2004, medimos que la atención promedio en una pantalla era de dos minutos y medio. Años después, descubrimos que la capacidad de atención era de unos 75 segundos. Ahora, las personas solo pueden prestar atención a una pantalla durante un promedio de 47 segundos”, asegura.

Mark asegura que ese cambio de tarea no es vacuo. “Retomar el proyecto interrumpido toma unos 25 minutos y medio”, explica en el podcast UCI y añade que hay que tener en cuenta que cada vez que nos interrumpen y volvemos a centrar la atención, puede afectarnos más que solo con el tiempo. “Imaginen que estoy trabajando en mi artículo, reviso las noticias y leo algo horrible; eso puede dejar un residuo. Intento volver a centrarme en otra cosa, pero sigo pensando en ese horrible accidente. Se crea interferencia”, aseguraba, por lo que no es solo la interrupción en sí, sino todo lo que provoca esta.

Los motivos por los que nos cuesta concentrarnos. Si hacemos caso a las investigaciones, hay diferentes explicaciones de por qué ocurre, pero la constante estimulación digital en formato de notificaciones (whatsapps, emails, redes sociales…) no ayuda. Ese ciclo imparable de notificaciones consigue saturar nuestro cerebro y nos dificulta concentrarnos en una sola cosa a la vez. Además, somos adictos a las notificaciones porque las notificaciones que recibimos y los vídeos cortos que vemos nos proporcionan pequeñas dosis de dopamina y queremos constantemente repetir.

La solución al problema: reducir las interrupciones. No necesitas más capacidad de atención, sino hacerle entender a tu cerebro que no es posible un aluvión de estímulos constantemente y que hay ocasiones, en que tiene  que concentrarse en una cosa. Solo en esa, como haríamos con el modo monje. Para conseguirlo, hay que empezar por establecer límites en torno a la tecnología, por ejemplo pausando las notificaciones cuando queremos concentrarnos.

Thomas Laudate, neuropsicólogo clínico, explicaba a Parade que “se recomienda moderación en el uso de redes sociales e internet”, incorporando descansos y estableciendo horarios en los que no te conectes, y avisa de que para que no afecta a tu vida personal, “programa una alarma que te recuerde dejar el teléfono y en su lugar, haz algo que no requiera tecnología y que disfrutes”. Salir a caminar, jugar con tus hijos, leer o simplemente jugar con tu mascota. Tu cerebro te lo agradecerá y tu productividad, también.

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