No eres un rancio, es que te haces mayor. Hay una explicación científica para que cada vez te apetezca menos salir

A medida que envejecemos, nuestro cerebro experimenta alteraciones que explicarían que cada vez tengamos menos relaciones sociales

Nacho Viñau

Editor

Cuando eres adolescente, o incluso con 20 o con 30 años, parece que tu vida gira en torno a los demás por la necesidad constante de quedar con gente haciendo planes a todas horas. Es como si la vida se nos escapara pese a que todavía tenemos años y años por delante.

Luego, con el paso del tiempo, esas amistades se van reduciendo. E incluso hay fines de semana en la que no te apetece quedar con nadie, tras una larga semana de trabajo. O como mucho, quedas con amigos para cenar, o para hacer algún plan.

Pero nada que ver con esos tiempos en los que los planes se encadenaban uno detrás de otro sin solución de continuidad. Queremos seguir quedando con amigos porque nos hace estar con ellos nos sentir bien e influye en nuestro bienestar emocional, pero a la vez, necesitamos también tener cierta desconexión.

Reducir el número y la intensidad de los contactos sociales podría tener una explicación neurológica

A primera vista, el no quedar con tanta gente como en otros tiempos, o incluso la dificultad de hacer amigos nuevos podría parecer que es fruto del paso del tiempo y del ritmo de vida que llevamos. Agendas repletas en las que faltan huecos libres (que también), estrés, agotamiento, hiperconexión, múltiples compromisos familiares... Pero lo que no sabíamos es que esta tendencia a reducir el número y la intensidad de las interacciones sociales conforme cumplimos años podría tener una explicación neurobiológica.

Según un estudio liderado por investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur), publicados en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews, a medida que envejecemos, nuestro cerebro experimenta alteraciones en la forma en que sus redes internas se comunican entre sí.

Y para los estos investigadores, dichas modificaciones afectan a las capacidades sociales. Los resultados del estudio señalan que la pérdida de sociabilidad que todos experimentamos al ir cumpliendo años puede deberse a una menor conectividad en regiones cerebrales clave para mantener relaciones.

En la investigación se analizaron datos de resonancia magnética funcional en estado de reposo de 196 adultos alemanes de entre 20 y 77 años, combinándolos con cuestionarios que medían la sociabilidad como rasgo de personalidad.

Una de las conclusiones del estudio se observa que a mayor edad, la puntuación en sociabilidad era menor. Es decir, en la investigación se sugiere que "el envejecimiento altera la arquitectura funcional del cerebro de forma que reduce las capacidades necesarias para establecer y mantener relaciones sociales".

Las regiones del cerebro más afectadas por estos cambios incluían áreas del sistema límbico y la ínsula, implicadas en la gestión emocional; la red de atención ventral y la red somatomotora, claves para la percepción y respuesta a estímulos sociales. Además, también afectaban a las regiones frontoparietales, fundamentales en la introspección, la teoría de la mente y el control cognitivo.

La sociabilidad, clave para tener un envejecimiento saludable

En el estudio se señala que la sociabilidad no es solo una cuestión de carácter o del ritmo de vida actual, ya que su pérdida se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, depresión y mortalidad prematura

De hecho, tener amigos y una vida social activa podría ser clave para un envejecimiento saludable, tal y como confirman numerosos estudios relativos al envejecimiento, además de expertos en envejecimiento como el profesor de Harvard Arthur C. Brooks. Estas fuentes advierten que una vida social intensa está asociada con un buen mantenimiento de la función cognitiva, a la par que mejora el  sentimiento de felicidad en nuestro cerebro.

Para solucionar este problema los autores del estudio proponen fomentar la educación no solo entre las personas que vamos cumpliendo años para normalizar esta transformación y tener herramientas para promover un envejecimiento activo y saludable, incluyendo programas de estimulación cognitiva y social adaptados a esta etapa de la vida.

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