Fiona recogió a su abuela moribunda en la residencia donde vivía, y tras una mejoría, decidió viajar por el sur de Europa en autocaravana
Dominique Cavanna era una francesa de origen italiano de 100 años que vivía en una residencia de París y a la que los médicos apenas le daban unos días de vida. El caso es que su nieta de 36 años, Fiona Lauriol decidió sacarla de la residencia de ancianos en agosto de 2017 y llevarla consigo para que acabara sus días en su casa.
Pero para sorpresa de todos, Dominique se recuperó de forma asombrosa desafiando los pronósticos de los médicos. Y ahí comenzó esta hermosa aventura que llevó a nieta y abuela a recorrer 15.000 kilómetros en autocaravana, tal y como Fiona cuenta en su libro "101 años: la abuela se va de viaje".
Una recuperación milagrosa que provocó el inicio de un viaje en autocaravana
Tanto la abuela como la nieta reconocieron que no estaban muy unidas. Y de hecho, al principio, la abuela italiana nacida en 1917 no estaba muy contenta de volver a ver a su nieta, a la que llamaba "la fea" o "la solterona". Tras llevársela de la residencia a su casa en la región de Vendeé, la convivencia fue de lo más difícil. Dominique se negaba a tomar sus pastillas, escupía la comida, cantaba a gritos en mitad de la noche y exigía obediencia inmediata, según explican en el medio francés Le Journal du Dimanche.
El caso es que la mujer centenaria no solo sobrevivió a los días que los médicos le pronosticaban, sino que fueron sumándose semanas y meses, experimentando una notable mejoría. Fue en ese momento, cuando su nieta se preguntó si ese era el destino que nos espera a todos: apagarnos frente a una pared blanca.
Acostumbrada a viajar, la nieta comenzó a dar forma en su cabeza lo que para muchos probablemente era una idea descabellada: ¿Qué pasaría si nos vamos de viaje con una vieja furgoneta, y Dominique comienza a descubrir ese mundo que no ha podido conocer hasta ahora?
Y dicho y hecho. La abuela centenaria y su nieta van en una autocaravana, y los padres de Fiona, en una furgoneta detrás, por si pasa algo poder estar cerca para atender a Dominique.
Así, en dos años y medio, realizaron cinco viajes recorriendo más de 15.000 kilómetros por el sur de Francia, Andorra, España y Portugal. Tal y como explica Fiona Lauriol, la situación de su abuela le abrió los ojos: "Si las personas mayores deambulan y no están activos, es porque ya no tienen la oportunidad de experimentar nada más".
Además, la nieta explica que conforme avanzan los viajes y vivía experiencias, Dominique iba recuperando fuerzas. De esta manera, estuvo cantando con músicos callejeros en Almería, o uso gafas de realidad virtual para trasladarse a una antigua mina en San Juan de los Terreros.
A medida que pasan los kilómetros, la abuela va recuperando fuerzas. Canta con músicos callejeros en Almería. Se imagina teletransportada a una antigua mina en San Juan de los Terreros, gracias a unas gafas de realidad virtual. Descubrió el Capricho de Gaudí en Comillas, peregrinó a Santiago de Compostela y se negó a que un español les invitara a conocer su casa-cueva : "Mamá, ¡todavía no estoy muerta para que me entierren!", afirmó. "En lugar de envejecer, se rejuvenecía", explicaba la nieta.
En octubre de 2018, Domique tropezó en un lago y se rompió la nariz, lo que les obligó a volver a su casa. Tras un par de noches, la abuela le pregunto a la nieta que cuando se iban de nuevo. Y pese a la reticencia de los padres de Fiona, al final emprendieron viaje de nuevo.
Pero en el viaje no todo es de color de rosa. Según cuenta Fiona, su abuela cantaba por las noches, tenía pesadillas e incluso hablaba con su difunta hermana. Además, tiene que empujar la silla de ruedas constantemente, cambiarle los pañales, darle de comer e incluso afrontar la COVID. La pandemia les pilló en España y pasaron dos meses confinados en Bellus.
Por supuesto, a Fiona también le toca administrar el presupuesto. Tienen 1.000 euros para gastar al mes durante los viajes, procedente del alquiler de dos viviendas.
La aventura finalizó cuando iban a comenzar su quinto viaje. El 29 de junio de 2020, la centenaria falleció. Pero su nieta, acompañada de sus padres, decidió hacer ese viaje que tenían proyectado, al lugar donde había nacido Dominique. Y con el tiempo, decidió escribir un libro contando su historia, "101 ans mémé part en vadrouille".
Una historia para combatir el edadismo
Con la publicación del libro, escrito tras el fallecimiento de su abuela, Fiona busca concienciar sobre el edadismo y sobre la situación en la que viven muchas personas en el tramo final de sus vidas. Para ella, lo importante es vivir plenamente en todo momento.
"Mientras tengamos un propósito en la vida, mientras sepamos por qué nos levantamos por la mañana, no estaremos en una pendiente descendente. Cuando la recogí, me dijeron que solo le quedaba una semana de vida y, de hecho, vivimos tres años de locura", explica en el libro.
Fotografías | Facebook 101 ans mémé part en vadrouille
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