El modelo de Austria, cómo han conseguido que los hijos no paguen por la herencia de sus padres

Herencias en Austria

En Austria, el tratamiento fiscal de las herencias es uniforme en todo el país, frente a la diversidad que existe en España dependiendo de la Comunidad Autónoma donde se resida

Nacho Viñau

Editor

El Impuesto de Sucesiones sigue siendo uno de los asuntos que más diferencias económicas provoca entre territorios. En España, y aunque cada año hay cambios en la fiscalidad a la hora de heredar, el coste de recibir un patrimonio puede variar enormemente según la comunidad autónoma en la que resida el heredero, hasta el punto de que una misma sucesión puede resultar casi simbólica en unas comunidades autónomas y muy elevada en otras. La Comunitat Valenciana es el último territorio donde se han producido cambios, ya que desde junio, las herencias y las donaciones entre hermanos estarán bonificadas al 25%.

Frente a este modelo, varios países europeos han apostado por sistemas fiscales mucho más simples y menos gravosos para las familias. El caso de Austria es de los más paradigmáticos, ya que mantiene una regulación mucho más homogénea y flexible. No porque haya encontrado una fórmula mágica, sino porque en 2008 tomó una decisión que aquí todavía no se ha dado: eliminar el impuesto general sobre sucesiones y donaciones.

Lo que ocurrió entonces fue, en realidad, una resolución judicial. El Tribunal Constitucional austriaco consideró inconstitucional la manera en que se valoraban los bienes para calcular el tributo y, a raíz de esa sentencia, el impuesto desapareció. Desde ese momento, heredar dinero en efectivo, acciones o saldos bancarios no tiene coste fiscal en Austria, independientemente de si hay vínculo familiar o no entre el fallecido y el heredero.

Por qué no es una exención total

En este punto, conviene matizar porque el sistema austriaco no es una carta blanca. Cuando la herencia incluye bienes inmuebles, sí se aplica un impuesto sobre transmisiones patrimoniales. En el caso de hijos o cónyuges, el tipo oscila entre el 0,5% y el 2%, una cifra que contrasta con los tipos que se manejan en España, donde el impuesto de sucesiones puede ir del 7,65% al 34% según la comunidad autónoma y el valor de los bienes.

Austria también mantiene mecanismos de control para evitar el fraude. Las donaciones que superen los 50.000 euros entre familiares cercanos deben notificarse a las autoridades fiscales. Para personas sin vínculo directo, el umbral baja a 15.000 euros en un período de cinco años. Son obligaciones meramente informativas, diseñadas para detectar posibles cadenas de donaciones fraudulentas, pero no implican tributación directa sobre esas cantidades.

Lo que marca la diferencia con España

En España, el impuesto de sucesiones y donaciones es estatal en su diseño pero autonómico en su aplicación, lo que genera un mapa fiscal con diferencias enormes según dónde viva el fallecido. Comunidades como Madrid o Andalucía aplican bonificaciones tan amplias que el impuesto queda prácticamente en cero para los descendientes directos. Otras, en cambio, mantienen una carga que puede obligar a los herederos a vender el piso recibido para poder pagarlo.

Además, los plazos aprietan: en España hay seis meses desde el fallecimiento para presentar la autoliquidación del impuesto. Si no se cumple, empiezan a correr recargos e intereses de demora que pueden elevar de forma significativa la deuda con Hacienda. Para quienes heredan un inmueble sin liquidez inmediata, el sistema permite solicitar un aplazamiento, aunque con un interés que suele situarse en torno al 4% anual.

El caso austriaco elimina directamente esa presión para las transmisiones entre familiares directos. No hay base imponible que calcular, no hay modelo que presentar, no hay plazo que cumplir para el grueso de la herencia. La simplificación administrativa es, en sí misma, parte del beneficio.

Un modelo homogéneo frente a uno fragmentado

Quizá la diferencia más relevante entre ambos sistemas no es solo fiscal, sino de diseño. En Austria, las reglas son iguales para todos los ciudadanos del país. En España, dependen de dónde hayas vivido. Eso genera situaciones donde dos hermanos que han heredado de sus padres en distintas comunidades autónomas pueden haber pagado cantidades radicalmente distintas por el mismo tipo de bien.

Ese desequilibrio lleva años alimentando el debate sobre si tiene sentido armonizar el impuesto a nivel nacional, o si directamente habría que plantearse su supresión siguiendo el camino que trazó Austria hace casi dos décadas. Y de momento, el debate sigue abierto. 

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