Prevenir las enfermedades asociadas al envejecimiento es posible cambiando el foco: empezar a sumar años de calidad desde hoy
Vivimos en la era de la longevidad y es que la ciencia ha avanzado mucho en la investigación de este campo, pero las conclusiones a las que se están llegando es que lo importante no es cuánto vivimos, sino cómo vivimos esos años. "No nos servirá de nada llegar a los 120 si es con cáncer o Alzhéimer", dice Salvador Macip, catedrático de Medicina Molecular en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Leicester (Reino Unido), y jefe del grupo de Investigación en Biología de la Neurodegeneración y el Envejecimiento del Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC) en esta entrevista.
La obsesión por alargar la vida ha llevado que cada vez haya más estudios y experimentos ambiciosos cuyo foco se centra en retrasar los relojes epigenéticos, o en la longitud de los telómeros de los cromosomas, pero según el experto, estos "no se consideran marcadores del envejecimiento", porque todavía no son concluyentes. Y es que, Macip dice que este tipo de medición nada tiene que ver ni se puede equiparar a medidores como un análisis de sangre o la tensión, los cuáles sí se consideran pruebas aptas para conseguir un resultado certero.
Biología del envejecimiento: la maquinaria invisible del paso del tiempo
Macip habla del concepto de "la biología del envejecimiento", y cómo los llamados fármacos senolíticos "podrían llegar a frenar el avance de enfermedades asociadas como el Alzhéimer, el cáncer o la fibrosis”. Pero eso podría ocurrir en el mejor de los escenarios porque, por ahora no existe ningún estudio que apruebe un ensayo sólido sobre ello; y es que "el envejecimiento no es una enfermedad", dice el doctor. Hasta el momento, "hemos visto cosas que funcionan muy bien en animales, pero son absurdas en humanos".
Por tanto, el verdadero cambio de perspectiva debe estar en otro lugar: frenar las enfermedades asociadas al envejecimiento. Patologías cardiovasculares, deterioro coginitivo, diabetes tipo 2, osteoporosis… que no son inevitables, sino procesos que en gran medida se pueden prevenir, retrasar o modular.
"La genética, es lo que heredas, y el entorno, es lo que haces. Sólo podemos modificar nuestro estilo de vida, pero a mayor edad, más peso toma la genética, porque lo habitual es que la gente tenga algún hábito tóxico”, explica el experto. "A medida que aumenta la esperanza de vida, también aumentan las enfermedades relacionadas. El principal factor de riesgo para el cáncer, más que fumar y que cualquier otra cosa, sigue siendo la edad. El Alzhéimer era una anécdota hace 100 años porque la proporción de población que llegaba a los 80 era mínima", argumenta.
Ganar años… sin perder calidad de vida
Entonces, ¿cómo podemos prevenir las enfermedades asociadas a la edad? La buena noticia es que contamos con la información para poder prevenirlas que no es otra cosa que cuidar nuestro estilo de vida. Por un lado la alimentación y el exceso de grasas se ha vinculado negativamente la longevidad. "Tratamos de averiguar por qué cambia el metabolismo y modifica la forma en la que procesamos las grasas. Lo que sabemos seguro es que la dieta mediterránea, basada más en grasas vegetales que animales, beneficia la longevidad. Lo importante es el equilibrio ¡El aceite de oliva es bueno, pero no para tomárselo a cucharadas!", bromea.
El descanso es otro de los factores que influye mucho más de lo que pensamos y es que sabemos que mientras dormimos nuestro cerebro afianza conocimientos, hace una limpieza de neuronas, crea nuevas conexiones, descansa… “El ‘mantenimiento’ se producen por la noche, con el cerebro en funcionamiento mínimo. Si no dormimos bien, esto tiene un impacto", asegura.
El ejercicio, por supuesto es incuestionable y se ha estudiado que, combinando fuerza y cardio podremos "evitar la sarcopenia, la pérdida de masa muscular, y la osteoporosis, en especial en las mujeres". Y la explicación que da el doctor es que el músculo es un tejido que consume energía y que crea una respuesta metabólica, equilibrándonos, por eso es importante integrarlo en nuestras rutinas de forma equilibrada.
Muchas de estas prácticas están alineadas con los hábitos observados en las llamadas "zonas azules", concepto popularizado por Dan Buettner, donde las personas no solo viven más, sino que llegan a edades avanzadas con mayor vitalidad: el movimiento regular, un sueño reparador, una alimentación antiinflamatoria rica en alimentos naturales, conexión social, la buena gestión del estrés... Y es que el kid de la cuestión está en que extender la vida sin atender las enfermedades que la deterioran puede significar más años, sí, pero también más años con limitaciones.
Fotografías | Freepik, Youtube Uri Sabat
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