José Abellán, cardiólogo: "La mortalidad por cualquier causa empieza a reducirse a partir de este número de pasos diarios"

Más que la cantidad de pasos, importa la rapidez con la que los des 

Nacho Viñau

Editor

¿Cuántas veces has mirado tu móvil al final del día y has sentido esa punzada de culpa al ver que no llegaste a los 10.000 pasos? Esa cifra redonda que parece perseguirnos desde que los contadores de pasos se convirtieron en parte de nuestra vida, puede ser motivo de angustia sobre todo para las personas que teletrabajamos, o que pasamos mucho tiempo encerrados en casa o en la oficina. 

Pues bien, puede que todo este tiempo hayamos estado obsesionados con un número que ni siquiera tiene base científica real. Y no, no lo decimos nosotros para quitarnos el sentimiento de culpa. Lo dice la ciencia. Y lo explica José Abellán, un cardiólogo que coincide con otros profesionales, como Antonio Clavero-Jimeno, investigador de la Universidad de Granada. 

En sus redes sociales, Abellán ha explicado que "en realidad, no son 10.000, son menos, e importa mucho cómo los des". Así que respira tranquilo, porque resulta que llevar una vida activa podría ser más sencillo de lo que pensábamos.

La historia detrás del mito de los 10.000 pasos

Resulta que esta cifra que nos ha perseguido durante años tiene un origen de lo más curioso. Nos remontamos a 1964, cuando se celebraban los Juegos Olímpicos de Tokio. Una empresa japonesa llamada Yamasa Clock and Instrument lanzó al mercado un podómetro con un nombre muy llamativo: Mampo-kei, que significa literalmente "10.000 pasos".

¿La razón de elegir esa cifra? Puro marketing. Querían un número que sonara ambicioso pero alcanzable, un reto que motivara a la gente. Y en parte, eso es positivo. Todo lo que sea animarnos a movernos y romper con el sedentarismo, es positivo. Y de hecho, marcas como esos 10.000 son necesarias para que mucha gente tenga un reto a la hora de mantenerse activos. 

Pero en realidad, no había ningún estudio científico detrás. Simplemente era un número redondo que quedaba bien. Y ahí seguimos, décadas después, sintiendo que fallamos cuando no lo alcanzamos. Esos 10.000 pasos hicieron su papel para concienciarnos de la importancia de estar activos, y al menos, salir a caminar. Pero ahora, cada vez más expertos señalan que más que la cantidad de pasos, importa el ritmo al que lo hagamos. 

El estudio que está cambiando las reglas del juego

Afortunadamente, los científicos han decidido investigar de verdad cuál es el número de pasos que necesitamos. Y los resultados son reveladores. Según explica el cardiólogo José Abellán en su cuenta de Instagram, un equipo internacional de investigadores, incluidos científicos de la Universidad de Granada, ha publicado en el Journal of the American College of Cardiology un estudio con una base de datos de más de 110.000 pacientes.

¿Y qué descubrieron? Que la relación entre los pasos que damos y nuestra salud cardiovascular no es lineal. Es decir, no es cuestión de "cuantos más, mejor" de forma infinita. Hay una dosis óptima, un punto donde nuestro corazón recibe los máximos beneficios.

Y según este estudio, la mortalidad por cualquier causa empieza a reducirse a partir de los 8.700 pasos diarios. Eso son 1.300 pasos menos de los que nos han estado exigiendo nuestros dispositivos. Pero lo mejor está por llegar: los eventos cardiovasculares, como los infartos, empiezan a disminuir con solo 7.100 pasos al día. Nada menos que 2.900 pasos menos de lo que creíamos necesario.

No solo importa cuánto caminas, sino cómo lo haces

@doctorabellan

Aquí viene la parte interesante. Los investigadores no se quedaron solo en contar pasos, también analizaron la velocidad a la que caminamos. Y descubrieron algo interesante: caminar a paso de tortuga no tiene el mismo efecto que hacerlo con energía.

El estudio comparó tres grupos: los que caminan lento (unos 30 pasos por minuto), los que caminan a ritmo moderado (60 pasos por minuto) y los que van rápido (entre 90 y 100 pasos por minuto). ¿El resultado? Los que caminan algo más rápido tienen un mejor pronóstico cardiovascular que los lentos.

Como explica Abellán: "Este estudio es interesante porque lo que dice es que cuando caminemos no vayamos lentorros o lentorras". Así que ya sabes: cuando salgas a caminar, lleva un ritmo que te haga sentir que estás haciendo ejercicio, no simplemente paseando sin rumbo o mirando escaparates, porque esos paseos no te van a ayudar a estar más saludable. 

Caminar está bien, pero no es suficiente

Antes de que pienses que con dar tus paseos diarios ya lo tienes todo resuelto, hay que hacer un apunte importante. Aunque caminar y mantenerse activo es fundamental para nuestra salud cardiovascular, hay que hacer algo más: necesitamos también ejercicio de fuerza.

No se trata de convertirse en culturista ni de pasarse horas en el gimnasio. Pero sí de incluir en nuestra rutina algunos ejercicios que trabajen nuestros músculos. Las pesas, las bandas elásticas, o incluso ejercicios con el propio peso corporal pueden marcar una diferencia enorme en nuestra salud general.

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