Iñaki Gabilondo: "Cuando ya tienes una edad, ya tienes el piso pagado, ya los hijos son mayores, ya tienes los reconocimientos que has podido tener, ¿qué motor puedes tener?"

Iñaki Gabilondo

El periodista analiza cómo el paso de los años modifica nuestras prioridades y reivindica la necesidad de saborear cada momento mientras aún podemos vivirlo

Nacho Viñau

Editor

Hay periodistas cuya voz termina forma parte de la memoria colectiva de un país. Durante décadas, millones de españoles desayunamos, fuimos al trabajo o a la facultad escuchando sus análisis, entrevistas y reflexiones sobre la actualidad. Iñaki Gabilondo pertenece a esa categoría de comunicadores que han trascendido el informativo para convertirse en una referencia del periodismo español.

Después de más de medio siglo de profesión, el veterano periodista sigue siendo una de las figuras más respetadas del panorama mediático. Aunque ya no ocupa el ritmo frenético de la radio diaria que marcó buena parte de su carrera, sus intervenciones públicas continúan despertando interés por la claridad con la que aborda cuestiones de lo más diversas. 

Y tras toda una vida hablando de política o de cuestiones sociales, las reflexiones de Gabilondo en estos momentos giran en torno al envejecimiento, del tiempo que le queda, de la muerte de su mujer o la suya propia, y de qué sentido tiene seguir adelante cuando ya no queda nada pendiente por demostrar. 

Lo ha hecho en una charla con Ricardo Moya en El sentido de la birra, el pódcast donde suele sentarse gente dispuesta a bajar la guardia. Gabilondo, que ha entrevistado a medio país a lo largo de su carrera, se coloca esta vez al otro lado y contesta con esa franqueza que le caracteriza.

La conciencia de que todo se acaba

En un mundo en el que se maquilla y se obvia tanto la muerte como los sentimientos encontrados que se sienten en los años que la preceden, Gabilondo es rotundo y sincero: "Yo sé que hay un número limitado de botellas de vino que voy a beber, un número limitado de veces que voy a hacer el amor, un número limitado de veces que voy a ir a París. Yo tengo conciencia de que la vida vas consumiéndola", explica.

Lo curioso es que esa cuenta atrás, en su caso, no funciona como una losa. Funciona al revés: es lo que le permite disfrutar de verdad. Se pregunta, de hecho, cómo hace la gente que no piensa en esto para valorar lo que tiene. "¿Cómo puede la gente disfrutar si no se acuerda de eso?", plantea, casi extrañado de que exista otra forma de vivir.

Qué queda cuando ya no falta nada por conseguir

A partir de ese momento, la reflexión de Gabilondo gira hacia una cuestión con la que muchas personas pueden sentirse identificadas al llegar a una determinada etapa de la vida. El periodista plantea que muchos de los objetivos que marcan el rumbo durante décadas acaban desapareciendo y obligan a replantearse qué es lo que impulsa a seguir adelante. "Cuando ya tienes una edad, ya tienes el piso pagado, ya los hijos son mayores, ya tienes los reconocimientos que has podido tener, ¿qué motor puedes tener?", se pregunta.

No lo dice como una queja o un lamento. Lo dice casi como una invitación a hacer limpieza: ese momento, según él, es el que permite distinguir qué actividades hacíamos por gusto real y cuáles eran, en el fondo, obligación disfrazada de vocación. Su manera de disfrutar, cuenta, siempre estuvo ligada a no dar nada por garantizado. "Mi manera de disfrutar de la vida, y creo que he sido bastante disfrutador, ha estado bastante conectada con la circunstancia de que yo valoraba la casualidad, que no sabía cuánto iba a durar", cuenta.

Lo único que de verdad le angustia de morir

Sobre la muerte en sí, Gabilondo habla sin dramatismo. Dice que siempre ha tenido asumido que la vida es un tránsito con desgaste incluido. Lo que le cuesta imaginar no es dejar de existir, sino separarse de su mujer, Lola. "Lo que más me angustia de morirme es separarme de Lola. Estoy muy felizmente casado. Es una suerte increíble. Y no te digo a estas edades. Es un regalo", confiesa.

Y sin embargo, también reivindica la soledad como un espacio que sabe habitar. La lectura, la música, los paseos, el simple hecho de pensar, le han dado una vida interior que no depende de tener compañía constante. "Sé estar solo porque he tenido la suerte de tener esa vida interior. Yo soy capaz de disfrutar muchísimo leyendo, pensando, oyendo música", explica. Le cuesta, de hecho, ponerse en el lugar de quienes no encuentran ese refugio en la lectura, la música o simplemente en observar.

Vivir sabiendo que el paseo acaba mal

Para cerrar, Gabilondo recurre a una imagen que resume bastante bien su forma de entender la existencia: la vida como un paseo por el bosque cuyo final ya conocemos de antemano. "Ya te comunicamos que acaba mal", señala, sin que eso le reste ni un ápice de valor a todo lo que pasa antes. Belleza, miedo, dolor, felicidad: todo entra en el mismo recorrido.

Su conclusión no tiene mucho de filosofía complicada, más bien de sentido común llevado hasta el final. "Hay que vivir con la mayor dignidad tu vida. Darle a cada minuto su sentido, a tu trabajo su sentido, hacerlo bien y ser responsable", concluye.

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