
Esta es la historia de la "abuela fuerte", un ejemplo de cómo la fuerza y el movimiento pueden hacernos ganar autonomía a medida que cumplimos años
A sus 95 años, Catherine Kuehn ha conseguido algo poco habitual que es convertirse en un referente de fuerza y vitalidad a su edad. La llaman "Strong Grandma", o lo que es lo mismo la “abuela fuerte”, y es que esta estadounidense ha demostrado que cumplir años no implica renunciar a hacer actividad física ni ser independiente.
Esta adorable abuelita es capaz de levantar más de 60 kilos en barra, y no, no es algo que haya practicado desde la juventud sino que más bien comenzó a introducirse en este mundo entrada ya en la tercera edad. Su historia la podemos ver en un documental dirigido por Cecilia Brown y Winslow Crane, donde cuentan cómo Catherine, convirtió el ejercicio con pesas en algo habitual en su vida y cómo practica ejercicios como el peso muerto a diario.
Pero, ¿qué es lo más fascinante de todo esto? Pues que la abuela consiguió a su edad un récord de powerlifting con un peso de 133.3 libras, lo que traducido en kilos son 60,5 aproximadamente a los 95 años: "He ganado cada una de las competiciones a las que me he presentado", dice en el documental.
"Recuerdo cuando me presenté a mi primera competición. Estaba muy nerviosa y asustada", recuerda. "Ir a la primera competición fue humillante. En la competición tienes que llevar un maillot de lucha libre, una prenda que no resulta especialmente favorecedora para una mujer, independientemente de su cuerpo”, dice divertida.
Pero, lo que muestra además en este documental no solo es su gran proeza con las pesas sino cómo el ejercicio forma parte de su vida en el día a día. Combina ejercicios como sentadillas, movimientos con cargas ligeras y ejercicios destinados a mejorar su capacidad funcional, más allá de levantar una determinada cantidad de kilos. Y es que ella misma admite que entrenar no solo ha mejorado su estado físico sino que ha encontrado la herramienta con la que sentirse mejor consigo misma, y reforzar su confianza. "Yo comencé a levantar pesas con mi marido, cuando tenía 80 porque tenía osteopenia", cuenta. Pero ahora, “entreno con Dean los martes y los jueves, y con mi compañera de entrenamiento, Peggy Neil". Catherine cuenta entre risas que Dean no pierde la oportunidad de gastar bromas a Peggy durante los entrenamientos. Y es que para ella, Peggy "ocupa el lugar que dejó su marido cuando murió", asegura.
Pero la vida sana de esta abuelita no se reduce solo a las pesas sino que también lleva una alimentación equilibrada, bebe mucha agua y respeta el descanso... un conjunto de hábitos que le permiten mantenerse con energía durante todo el día. "No se cuál es el secreto de estar saludable a los 95. Simplemente me muevo. No estoy sentada en el sofá viendo tele. Muévete todo lo que puedas. Es el único consejo que puedo dar", dice Catherine.
Pero lo que también le da su día a día en el gimnasio es tener una vida social, compartir sus entrenamientos con su amiga y también con su familia cuando van a verla a las competiciones o en su día a día. Y es que, precisamente, este es uno de los mensajes que se lanzan con esta historia y es que envejecer implica cambios físicos inevitables pero el deterioro funcional no está determinado por la edad, ya que manteniéndote activo puedes conservar determinadas capacidades y Catherine es un claro ejemplo de ello. "Mientras pueda valerme por mí misma, quiero seguir viviendo", asegura.
Fotos | The New Yorker Youtube, IA, @shelleyzalis
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