Cuatro razones por las que un amor sano es incómodo según la psicóloga Ángela Fernández. Siempre debería serlo si queremos ser realmente felices

Poner límites, escuchar de forma activa, comunicarse o intentar comprender no siempre es algo fácil, pero sí muy necesario en cualquier relación de pareja

Anabel Palomares

Editor

Afirmaba la psicóloga de relaciones María Esclapez en su libro ‘Me quiero, te quiero’, que los mitos del amor romántico son el caldo de cultivo de las relaciones tóxicas y dependientes. Estas creencias irracionales, alimentadas y construidas socialmente a través de películas, libros e historias de amor verdadero, provocan que tengamos una idea errónea de qué es y qué no es el verdadero amos. Creerlos a pies juntillas genera una perspectiva demasiado idealizada de las relaciones de pareja y cuando nuestra relación se aleja de eso que pensamos que debería ser, nos encontramos perdidos. 

Uno de los mitos del amor romántico más extendidos es que si una persona nos quiere, no discutiremos con ella y siempre estaremos bien. La relación será una luna de miel constante, pero Ángela Fernández, también psicóloga, tiene algo importante que decirte:  “un amor sano es y debe ser incómodo en muchas ocasiones”. 

Cuando Fernández habla de incomodidad, lo hace de poner límites, escuchar de forma activa, comunicarse, aceptar, intentar comprender y sostener, y eso es, en muchas ocasiones algo incómodo y complejo. Pero esa incomodidad es parte natural del amor real. Cualquier relación cercana implica cierto grado de incomodidad psicológica y eso puede ser saludable, siempre que esa incomodidad no sea un sufrimiento constante sino un esfuerzo. Y se explica con cuatro razones.

Porque te obliga a desaprender

En parte, y como explica la experta, un amor es incómodo por diferentes razones. La primera de ellas es que “te obliga a desaprender muchas cosas y a reeducar a tu cerebro”. Esto se debe a que cuando nos vinculamos emocionalmente con alguien se activan modelos internos de apego aprendimos en el pasado, ya sea en nuestra infancia, por nuestro estilo de crianza o por relaciones que hayamos tenido en el pasado. 

Por ejemplo, imagina que cuando eras pequeña y veías las discusiones de tu familia el resultado siempre era el mismo: silencio y rechazo. Tu cerebro aprendió que cuando alguien se aleja o se queda callado, significa que algo malo está pasando. Ahora, años más tarde, cuando estás en pareja y esta no contesta a tus mensajes automáticamente aparece ese patrón y lo primero que piensas es que has hecho algo malo y que estará enfadado contigo. Tu sistema emocional reacciona con un guion aprendido cuando lo que puede estar pasando es que se haya quedado sin batería en el móvil o haya tenido mucho trabajo y por eso no te ha leído. En una relación saludable, lo más probable es que ese patrón tenga que desaprenderse y en el camino, tú crecerás como persona. Según Fernández, en una relación sana lo que aprendimos “empieza a cuestionarse y partimos un poco de cero”. 

Porque te pide decir lo que sientes

El segundo motivo es que un amor sano, como explica la experta, “un vínculo sano debe tener expresión emocional por ambas partes”. Esa expresión emocional no es solo un te quiero, también es expresarle a tu pareja lo que sientes y necesitas con asertividad, mostrándote vulnerable. Según explica la psicóloga Brené Brown en ‘The Power of Vulnerability’, no podemos conectarnos profundamente con nadie si no estamos dispuestos a ser vistos de verdad y eso implica mostrar emociones reales, necesidades, miedos, límites e imperfecciones. Y eso puede darnos miedo y hacernos sentir incómodos, pero “la vulnerabilidad es el núcleo de todas las emociones y la piedra angular de relaciones significativas”, como explica Brown.

Porque el amor te va a impulsar a crecer y te va a hacer cuestionarte cosas

No todo el mundo se siente cómodo cuando tiene que salir de su zona de confort y como bien explica Fernández, “el amor te va a impulsar a crecer y te va a hacer cuestionarte cosas”. Salir de las dinámicas que conocemos (aunque sean tóxicas), asusta y puede resultar incómodo.

Porque te puede hacer cambiar patrones y hábitos

Explica Fernández que un vínculo afectivo saludable "te puede hacer soltar ciertos patrones o ciertos hábitos, y eso va a ser muy incómodo para ti, pero también va a ser sano". Es cierto que una relación puede llevarte a desaprender, por ejemplo, formas poco útiles de comunicarte, reacciones defensivas o ideas rígidas. Y en el camino, te puede ayudar a aprender cómo negociar, cómo pedir lo que necesitas o cómo confiar en otra persona. Las relaciones crean nuevas conexiones neuronales cuando cambias esos hábitos, ajustas tus expectativas y aprendes nuevas formas de interacción y eso requiere esfuerzo y el esfuerzo en ocasiones, se siente incómodo.

La incomodidad no es, ni mucho menos, una señal de alarma. “Aunque a veces sea incómodo, no siempre lo incómodo es porque no es de tu talla. A veces las situaciones incómodas son las que más nos ayudan a crecer". Y con ese crecimiento conseguiremos una relación de pareja más profunda, más significativa y también más feliz. 

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Fotos | LinkedIn Ángela Fernández Arenal, The Break-Up (2006), Friends

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