La temporada 3 de 'Euphoria' me está decepcionando estrepitosamente y es culpa de la hipersexualización femenina

Sobre la hegemonía de la mirada masculina en la cultura visual que consumimos 

Noemí Valle

Editor

En el universo creativo de Sam Levinson, cuesta encontrar una mirada hacia las mujeres que no las reduzca, de una forma u otra, a su dimensión sexual. Esta tercera temporada de 'Euphoria' se asemeja más a una fantasía erótica con un pulso abiertamente misógino, que a esa producción revolucionaria que fue en su momento, dos entregas atrás. Que sí, que está filmada en 35 milímetros, que tiene una fotografía centelleante, una estética hipnótica, un elenco sublime, pero a mi qué más me da si el relato está al servicio de una idea repugnante.

Los cuerpos femeninos como recurso estético sin contexto, junto a las escenas orquestadas por y para la perspectiva masculina me horrorizan. La mayoría de mujeres sobre las que fija la cámara, seccionándolas, haciéndonos partícipes de su propio onanismo, son trabajadoras sexuales. Barra libre de Onlyfans, sugar babys, prostíbulos. Todo el rato la misma mierda. Cassie y Jules están siendo las peores paradas, intermediarias de una premisa más antigua que el sol: una mujer nunca genera dinero más rápido que cuando está mercantilizando su cuerpo

Los medios tachan 'Euphoria 3' de provocativa. A mí que un director se abastezca de su inventario patriarcal y exponga arquetipos femeninos obsoletos en la pantalla con la complejidad de un cliché, me parece de todo menos provocativo. Él ha intentado enmascarar su producción como una crítica hacia los obstáculos que atravesamos las mujeres, tratadas hasta la extenuación como meros objetos de deseo masculino, eso sí, haciendo lo mismo con ellas. Una excusa de la que se sirvió también en 'The Idol' y que acabó cancelada después de una temporada. Otra machistada suya que terminé a duras penas. 

No dejo de pensar en todos esos conceptos que exponía la teórica de cine Laura Mulvey, ya en los setenta. En un mundo cinematográfico organizado por el desequilibrio sexual, donde placer de mirar se divide entre activo/masculino y pasivo/femenino. Nos ayudó a señalar todas esas cintas que querían a la mujer como imagen y el hombre como portador de la mirada y ahora observamos que no es cosa del pasado. Estamos todas viendo esta tercera temporada de 'Euphoria' distanciadas de la narrativa, volviendo a ser simples objetos pasivos. 

Levinson no tiene ni idea del deseo femenino, no creo que le interese. Está muy ocupado satisfaciendo el suyo, eclipsando el nuestro. Disfruta humillándonos, le pone nuestro dolor, le pone infligírnoslo. Nos vende toda esta basura como empoderamiento. Va de creador feminista y ya en el rodaje de la segunda temporada, tuvo que ser la propia Sydney Sweeney quien le insistió en suprimir desnudos suyos que no aportaban nada a la trama. En esta entrega la hipersexualización de Cassie, su personaje, ya ha sido leída como el reflejo de tensiones previas entre el creador y la intérpetre. 

Nosotras sabemos bien que la sexualidad y la sexualización no son lo mismo. En la primera nosotras somos dueñas de nuestro deseo, en la segunda un fetiche. 'Euphoria' ha pasado de una a otra. En las temporadas anteriores, la dimensión sexual era un engranaje imprescindible y nos gustaba porque ofrecía una diversidad de miradas, personajes femeninos con desarrollo emocional, a los que todavía su director no había perdido el respeto. Ahora cada capítulo se presenta con un dinámica voyeurística más grotesca que la anterior. No hay hueco para la introspección. Es un espectáculo absurdo donde todas vamos abandonando poco a poco nuestro asiento, asqueadas hasta la médula. Cuando la palabra fin aparezca en la pantalla, solo quedará aplaudiendo una panda de babosos.

Fotos | HBO

En Trendencias | Las 31 mejores series de HBO Max que puedes ver ahora mismo


Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com

VER 0 Comentario