
Se acabaron los vasos repletos de hielo para soportar el calor mientras comemos. El motivo es fisiológico y se conoce como la paradoja del agua fría
Cada vez hay más gente asegurando que es mejor comer con bebidas calientes que hacerlo con bebidas heladas aunque haga un calor de mil demonios. Más allá de que sea o no una moda, es algo que en Asia llevan años haciendo: no echar hielo en el agua si estamos comiendo. El motivo es fisiológico y se conoce como la paradoja del agua fría.
Tal y como explicaba a Infosalus la doctora Silvia Gómez Senent, médico de aparato digestivo y experta en microbiota y permeabilidad intestinal, “la llamada 'paradoja del agua fría' en la digestión se refiere a una idea bastante difundida (aunque con matices) sobre cómo el agua muy fría puede influir en el funcionamiento del sistema digestivo. El agua es fundamental para digerir bien pero si está demasiado fría, en ciertas personas o contextos puede hacer la digestión más lenta o menos confortable", asegura.
El problema de beber agua muy fría comiendo
Cuando bebes agua muy fría durante las comidas, “el agua helada contrae los vasos sanguíneos del estómago”, explica Gómez en sus redes sociales. El problema es que esto, “reduce el flujo sanguíneo y la secreción de jugos gástricos”, aunque no existen pruebas científicas sólidas de que diluya los jugos gástricos y las enzimas digestivas como se cree. Lo que sí pasa es que “el pH inicial del estómago se altera y la acidez que necesitas para digerir”. Nuestro estómago cuenta con un sistema de regulación que detecta estos cambios en el pH, y lo que hace es secretar más o menos ácido clorhídrico para compensarlo.
Si tomamos agua demasiado fría mientras estamos comiendo, alteramos ese pH, pero también el ambiente que necesita tu microbiota, y “un ambiente menos ácido y estable puede impactar negativamente en el equilibrio bacteriano”. Además, “las grasas de los alimentos se solidifican con el frío, lo que ralentiza drásticamente el vaciado gástrico”. A esto hay que sumar que cuando bebes agua helada comiendo “tu cuerpo tiene que gastar energía extra solo para calentar el estómago y volver a la temperatura óptima, en lugar de usar esa energía para digerir, absorber y nutrir”.
Lo que explica Gómez es que aunque algunas molestias digestivas puedan producirse en algunos casos, como por ejemplo sensación de pesadez o hinchazón, "en personas sanas beber agua fría no es perjudicial, ni 'bloquea' la digestión. El efecto, cuando aparece, suele ser leve, transitorio, y dependiente de la sensibilidad individual”, aclaraba en la entrevista.
El problema no es consumir agua muy fría, sino hacerlo durante las comidas. Diversos estudios afirman que beber agua a 2 °C reduce las contracciones gástricas y la ingesta posterior frente a beber agua a 37 °C y 60 °C. Es decir, hay un efecto transitorio sobre la motilidad gástrica, pero no un bloqueo digestivo.
Cuando estamos comiendo, la experta recomienda tomar agua a temperatura ambiente o ligeramente tibia. Quizá lo de beber agua caliente que tan de moda se está poniendo en TikTok no sea tan mala idea después de todo.
Fotos | Dra. Gómez Senent, Giorgio Trovato en Unsplash
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