Del Mat al Reformer: todos los tipos de Pilates con y sin máquinas y cómo beneficia cada uno a tu cuerpo

Estamos en nuestra Pilates era y queremos que tú también te sumes a esta disciplina tan completa

Noemí Valle

Editor

El Pilates es mucho más que un simple entrenamiento. Cada vez somos más las que nos sumamos a esta disciplina por todos los beneficios que nos ofrece, pero también porque las clases enganchan, todo hay que decirlo. Puedes pensar que quizás este deporte no es para ti, pero lo cierto es que hay muchas modalidades del mismo y estamos seguras de que alguna acabará por convencerte. 

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Qué es el Pilates y por qué se llama así

El Pilates es tendencia en estado puro. Desde hace unos años su fama ha subido como la espuma y no nos extraña porque combina movimientos controlados, respiración consciente y mucha precisión para trabajar el cuerpo desde dentro hacia fuera. Consigue, en definitiva, activar todos los músculos del cuerpo mientras te mueves con intención. El resultado es un cuerpo más estilizado, como de bailarina de ballet, y es que mejora casi sin darte cuenta tu postura. Su fama es  bien merecida porque mejora tu cuero más allá de fortalecerlo.

Su nombre se lo debe a Joseph Pilates, quien ideó este método a principios del siglo XX con un enfoque casi obsesivo por el control del movimiento por haber sido un niño débil y enfermizo desde siempre; de hecho, él lo llamó 'Contrología'. Joseph fue internado en un campo de concentración en Inglaterra durante la primera guerra mundial (su nacionalidad era alemana) y fue allí donde, trabajando como enfermero, desarrolló su método de entrenamiento originalmente dirigido a la rehabilitación de enfermos. Para ellos, sobre todo para los que tenían más dificultad para moverse, diseñó una serie de máquinas con partes móviles y resistencias con muelles que han evolucionado hasta las versiones sofisticadas que usamos hoy en los estudios de Pilates.


Una vez terminada la guerra, Joseph se trasladó a Nueva York donde montó su propio estudio muy cerca de Broadway, algo que propició que muchos de los bailarines de las compañías que allí actuaban pasaran a trabajar con él, mejorando su postura, fuerza y flexibilidad sin riesgo de lesiones. Tras su muerte, su esposa Clara pasó a hacerse cargo del estudio de Pilates en Nueva York y, posteriormente, aquellos que habían sido sus alumnos de primera mano pasaron a abrir sus propios estudios o "escuelas".

Pilates clásico vs pilates moderno

El pilates clásico es la versión más pura del método de Joseph Pilates, tal y como él lo diseñó. Sigue una secuencia de ejercicios fija, con un orden muy concreto que no cambia y además, cada movimiento tiene un propósito dentro de la sesión. La técnica es muy exigente, la colocación del cuerpo es crucial en cada postura ya que la precisión es indispensable.

En el pilates clásico el uso de máquinas como el reformer, el cadillac o la silla sigue unos patrones muy definidos. Todo está pensado para trabajar el cuerpo de forma equilibrada y progresiva. Básicamente, podríamos decir que tiene una estructura inamovible y siempre se respetan las coreografías. Un must para quienes buscan profundidad y disciplina.

El pilates moderno, en cambio, tiene como base el pilates clásico, pero da un poco más de juego. Mantiene los principios esenciales de control, respiración y fluidez, pero permite adaptar los ejercicios a las necesidades de cada persona. No tiene una secuencia rígida por lo que los instructores de pilates pueden modificar las clases y hacer variaciones a su gusto, adaptando los movimientos al nivel de tienen lo integrantes del estudio.

El pilates moderno también destaca por incorporar nuevos materiales a los ejercicios, desde bandas elásticas, pasando por los discos o nuestra querida fitball. Es sin duda una práctica más versátil y accesible para aquellos que se inician en el mundo de esta disciplina. Además, hay muchos tipos diferentes para que te decantes por el que mejor se adapta a ti.

Tipos de Pilates y beneficios de cada uno 

Con máquinas

El reformer es, probablemente, la máquina más icónica del pilates. Se trata de una especie de cama deslizante con muelles que añaden resistencia y hacen que cada movimiento sea más intenso y más consciente. Permite trabajar todo el cuerpo con fluidez, combinando fuerza y control, y tiene ese punto versátil que lo convierte en favorito tanto para principiantes, como para quienes buscan un entrenamiento más desafiante. El furor por este tipo de Pilates es mayúsculo y no nos extraña.

El cadillac, también conocido como trapecio, puede imponerte en un primer vistazo, con esa estructura elevada con barras, muelles y correas. En ella puedes hacer los ejercicios que haces en la máquina de reformer, así como otros muchos ejercicios en suspensión. Lo cierto que esta máquina puede resultar un poco más complicada para los principiantes, pero  también es una de las disciplinas predilectas para hacer rehabilitación o incluso  para mejorar movilidad y alineación de la espalda.

La silla de pilates, puede engañarte de inicio, haciéndote creer que es una de las opciones más fáciles pero suele ser todo lo contrario. Presenta un sistema de pedales y muelles que exige mucha estabilidad, fuerza y precisión, a la hora de ejecutar cada movimiento. Contra todo pronóstico es la favorita de quienes buscan subir un nivel en su práctica de Pilates.

Hot pilates

El hot pilates es la versión más intensa y sudorosa de esta disciplina. Se lleva a cabo en salas que tienen una muy alta temperatura, normalmente entre 30 y 40 grados, con una humedad controlada en torno al 40 – 50 %, un acierto para potenciar el trabajo muscular y la flexibilidad. Y es que todo ese calor lo que hace que el cuerpo entre antes en calor, literalmente, haciendo que los músculos estén más maleables y ganen flexibilidad. Tiene un plus de dificultad porque añade un extra de exigencia cardiovascular y es perfecto para perder peso y tonificar los abdominales y toda la zona del core. Eso sí, hay que tener mucho cuidado con la deshidratación y estar muy pendientes de las reacciones de nuestro cuerpo a cada ejercicio.

Pilates aéreo

Quizás sea la disciplina que más se parece a unas audiciones del Circo del Sol, de ahí que la predilecta de aquellas que buscan optar por un tipo de Pilates más artístico. Visualmente, gana a cualquiera de las anteriores ya que se practica con una tela suspendida del techo desafiando la gravedad, cambiando por completo nuestra forma de movernos. El cuerpo está en suspensión y aquí necesitamos de una fluidez casi acrobática, con ejercicios que fortalecen el core, mejoran la movilidad y descargan la columna. 

 Yogalates

Es la fusión perfecta entre pilates y yoga ya que combina la precisión y el trabajo de core con la fluidez y el control minucioso de la respiración. El resultado es una práctica ideal para fortalecer los músculos del cuerpo sin rigidez, además de ayudar a estirarlo. Ideal para aquellos que buscan un Pilates algo más suave pero igualmente efectivo, ya que aunque invita a bajar revoluciones del cuerpo, trabaja a la par el fortalecimiento del mismo. 

Pilates en pared

Perfecto para ponerlo en marcha desde el salón de tu casa ya que solo necesitas como punto de apoyo una pared. No requiere de clases en el gym o infinidad de artilugios fitness. Es una modalidad sencilla y accesible a la par que potente, perfecta para sumarse sea cual sea tu edad. De hecho, como indican nuestros compañeros de Vitónica es un acierto para mejorar nuestra flexibilidad, nuestra postura corporal y la fuerza en nuestra zona media.

Pilates en silla

Es un ejercicio más accesible pero igual de exigente en cuanto a concentración y control de cuerpo. Ejecutamos cada movimiento sentadas en una silla, pero el core y la alineación de la espalda se siguen trabajando, además de la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad. Aunque parezca simple, cada ejercicio requiere una conciencia total del cuerpo. Eso sí, nos encantan las rutinas que nos permiten poner a prueba esta disciplina desde nuestro salón.

Sea cual sea el tipo de Pilates por el que te decantes, todos se rigen por seis principios. La fluidez para evitar movimientos bruscos y forzados; la precisión para poder ejecutar cada ejercicio con exactitud; la concentración para estar presente y conectar cuerpo y mente; el control que es la esencia del método y asegura que todo se haga de manera consciente y coordinada; el trabajo del centro que activa el core y lo mantiene como eje de fuerza y estabilidad del cuerpo; y, por último, la respiración, que marca el ritmo.

Cuántas calorías se queman al hacer Pilates

Hacer pilates no es lo mismo que correr una maratón, eso está claro, pero eso no significa que no quemes calorías con esta disciplina. Dependiendo del tipo de clase que elijas puede variar la intensidad. Una sesión de Pilates normal puede durar entre 50 y 60 minutos, donde se quemarían entre 200 y 400 calorías. Aunque hay modalidades como el hot pilates o el pilates aéreo pueden acercarse al rango superior debido al calor o al esfuerzo extra que requiere tener el cuerpo en suspensión.

Cuántas veces a la semana se recomienda practicarlo

Para notar resultados sin pasarte entrenando ni perder la motivación, lo ideal es practicar Pilates entre 2 y 4 veces por semana. Con dos sesiones ya se empieza a notar mejora en la postura, la fuerza del core y la flexibilidad. Con tres o cuatro, el cuerpo los resultados son más rápidos. 

Eso sí, como en cualquier disciplina, la constancia vale más que la intensidad. Es mejor hacer rutinas regulares y controladas que intentar hacer una clase de Pilates todos los días de la semana. Además, puedes combinarlo con algo de cardio, que nunca está de más.

Para quiénes no está recomendado hacer Pilates

Aunque el pilates es una práctica bastante segura y adaptable a la forma física de cada uno, no es para todo el mundo. Las personas con lesiones graves recientes, fracturas, hernias importantes o problemas agudos en la zona de la columna es mejor que eviten acudir a clases de Pilates por su cuenta. Lo ideal es hacerlo una vez que un profesional de la salud te haya dado el visto bueno. Además, si tienes una presión arterial muy alta, así como problemas cardíacos o mareos severos, es mejor evitar modalidades como el hot pilates o el pilates aéreo, donde la intensidad o las altas temperatura pueden ser un reto extra.

En general, la regla de oro es escuchar siempre al cuerpo y no forzarlo o llevarlo al límite cuando vemos que no da más de sí. Si sientes dolor al hacer un ejercicio es esencial que no continúes con ese movimiento y es que el pilates busca fortalecer y equilibrar tu cuerpo, todo sin provocar riesgos innecesarios.

Fotos | Gustavo Fring en Pexels, Yan Krukau en Pexels, Yan Krukau en Pexels

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