Carlos Porta, ganadero: “Que no te engañen; la calidad del pollo no depende de su color, sino de la alimentación y la genética”

Los Pollos Amarillos No Tienen Por Que Ser Mejores

Rompemos con uno de los mitos más extendidos del supermercado: que los pollos amarillos son más sanos

Anabel Palomares

Editor

Existe un mito muy extendido en cuanto al color de los pollos. Pensamos que el pollo amarillo es el campero, el criado en libertad, y que por su color es más sano que el blanco, que asociamos con un "pollo industrial". Pero el color del pollo depende de la raza y la alimentación, no de la forma en la que ha sido criado. 

Tal y como nos explica el experto de DAP Jaime de las Heras, la diferencia entre un pollo amarillo y un pollo rosado “se debe principalmente a la alimentación de los animales. Un pollo alimentado con maíz, por ejemplo, desarrollará una carne de color amarillo”. Ese tono se debe a la presencia de carotenoides en el maíz, “unos pigmentos naturales que también son responsables del color naranja de las zanahorias y otros vegetales”. 

No tiene por qué ser mejor un pollo amarillo que uno blanco

Los pigmentos se van acumulando en los tejidos del pollo, especialmente en la grasa. “Los pollos que son alimentados principalmente con trigo presentan una carne de color más rosáceo o blanco”, asegura de las Heras. Pero el ganadero Carlos Porta, CEO de Carnes del Corral, aseguraba en Instagram que el aspecto exterior puede ser engañoso porque no todos los pollos con una piel o carne de color amarillo la tienen por ser alimentadas con maíz. “Esos amarillos fosforitos se consiguen a base de pigmentos artificiales”, explica.

Según Porta, podemos encontrar un pollo criado en el campo en libertad en color blanco o en amarillo. “Un pollo de corral es un pollo criado en libertad, pero no influye el color, no tiene por qué ser amarillo, puede ser perfectamente blanco. Lo importante de verdad es que sea una genética de crecimiento lento”, asegura. En ese crecimiento lento, como explica Porta, el peso es el mismo pero la calidad es diferente, y con “el doble de vida, conseguimos el mismo peso”.

Entonces, si está criado en el campo, ¿por qué puede no ser amarillo? “Depende de la época del año. No es lo mismo primavera, invierno que verano. No es lo mismo si comen el maíz fresco y pigmenta más. Hay variabilidad”, asegura el experto, porque los pollos “no son homogéneos, no hacemos tornillos”. En una producción industrial, “es más fácil que todos los pollos sean iguales”, apunta. 

También les afecta la climatología porque están al aire libre. “Si estuvieran encerrados en una granja, no les afectaría”, añade. Este tipo de crianza influye en el color de la carne, pero también en su valor nutricional y en la intensidad del sabor. Un pollo criado con una alimentación más variada en la que hay maíz, brotes y hasta insectos, será de mejor calidad, especialmente si el engorde se hace de forma lenta y no en apenas un mes. “Que no te engañen. El color no tiene nada que ver con la calidad del pollo”.

Fotos | Instagram @carnesdelcorral_pollosdeverdad, Hayley Ryczek en Unsplash

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