Esta vitamina juega un papel crucial en la salud, pero tomarnos un suplemento por nuestra cuenta no es la solución a su déficit
La vitamina D es la llamada vitamina del sol. Lo es porque se sintetiza en nuestro cuerpo gracias a la exposición solar, pero es curioso que el 75% de los españoles tenga menos vitamina D que los nórdicos a pesar de que nuestro clima sea mucho más soleado que el suyo. Esta vitamina habitualmente no llega a los mínimos saludables en la mayoría de la población, de hecho la investigación habla incluso de una epidemia silenciosa.
El problema es grave porque no solo juega un papel clave en la absorción del calcio, también se relaciona de manera directa con el metabolismo y su déficit se ha asociado a debilidad muscular y pérdida de la fuerza. Pero a pesar de la importancia que tiene, nos explica el médico y divulgador Borja Bandera en uno de sus vídeos que las últimas guías clínicas del uso de la vitamina D para prevención de enfermedades desaconsejan medirla y suplementarla en la gran mayoría de la población. Para Bandera es un error.
Bandera explica que la vitamina D en realidad no es una vitamina como tal, sino una molécula que nuestro cuerpo puede sintetizar con ayuda de la radiación ultravioleta del sol. A nivel evolutivo, la exposición al sol que puede sintetizarla, era una constante diaria. “La biología ha dado por hecho que íbamos a recibir algo de exposición solar diariamente y que por lo tanto íbamos a tener niveles de vitamina D adecuados y estables”, analiza. El problema es que no es así y a día de hoy “estamos con niveles subóptimos de vitamina D”, explica el médico. Esto se debe, en parte, a cambios sociales como “un mayor uso de pantallas, trabajos en interiores, una dieta más procesada y diferentes enfermedades crónicas que condicionan los niveles de vitamina D” según el experto.
“Quieren que obviemos la vitamina D, pero las causas de su déficit son sociales, biológicas y culturales. Ignorarlas sería mirar hacia otro lado”, sentencia Bandera. De hecho esas guías clínicas recomiendan menos análisis y menos suplementos. Pero es tal la importancia de esta molécula en el cuerpo, que obviarla es cometer un error según Bandera. Es un regulador epigenético, tiene un papel inmunomodulador en el sistema inmunológico, influye en la regulación de la homeostasis mineral y ósea y también promueve la absorción intestinal de calcio.
Vitamina D y enfermedades: sin relación causa-efecto pero sí asociadas
La ciencia sigue preguntándose si “existe una relación permanente, constatada e invariable entre bajos niveles de vitamina D y la mayoría de enfermedades crónicas” según el médico. “A menores niveles de vitamina D, menor fuerza y capacidad cardiorrespiratoria”, explica y añade que a menor nivel de vitamina D más riesgo de enfermedad autoinmune, más riesgo de cáncer, más riesgo de enfermedad cardiovascular, más riesgo de obesidad y patologías metabólicas como diabetes, mayor riesgo de patologías respiratorias, menor rendimiento deportivo en personas sanas y un largo etcétera.
Pero Bandera explica que asociación no equivale a causalidad y “aún no hemos podido explicar el por qué esas personas enfermas o con problemas de salud tienen bajos niveles de vitamina D”. Es decir, no se ha podido ver si los bajos niveles de vitamina D llevan a la enfermedad, si la enfermedad lleva a bajos niveles de vitamina D o si ambas cosas son ciertas. Y lo más importante “no hemos podido reducir el riesgo de esas enfermedades dando vitamina D a personas que no las tenían en un primer momento”.
Esto no significa que tengamos que obviar una vitamina D baja porque bien explica Bandera, lo que sí sabemos es que “bajos niveles de vitamina D se asocian a enfermedad”. aunque las nuevas guías sostienen que no existen pruebas suficientes de que una suplementación de vitamina D en adultos sanos reduzca el riesgo de enfermedad y recomiendan no analizar de forma rutinaria los niveles y suplementar solo a niños y adolescentes, embarazadas, mayores de 75 años y personas con prediabetes, para Bandera “podría ser contraproducente”. El médico asegura que “no medir no es la solución”, porque dejar de controlar los niveles impediría detectar deficiencias que se pueden corregir fácilmente.
“Es cierto que hay un sobreuso de vitamina D suplementada a veces sin saber qué niveles tenemos”, asegura. “Pensamos que a más vitamina D, mejor, y por si acaso la tomamos”, pero eso tiene un riesgo. Además, explica el médico que “no sabemos el rango óptimo de vitamina D para optimizar la salud y prevenir la enfermedad porque estos rangos no son inamovibles y dependen de cada persona, de cada patología, genética e incluso latitud”. Sin embargo, dejar de medir y suplementar la vitamina D es, para el experto, ir en contra de nuestra vida. “Los cambios culturales en los que vivimos no van a retroceder. Los trabajos en interiores seguirán aumentando, la exposición solar seguirá disminuyendo y nuestros niveles medios poblacionales de vitamina D seguirán bajando”, asegura.
Después de varios meses con un tiempo en Madrid más parecido al de Londres que al de cualquier sitio de España, no es de extrañar que la vitamina D sea lo único que me salió mal en el último análisis de sangre que me hice hace unas semanas. Mi doctora sí me recetó vitamina D como suplemento después de ver los valores y para Bandera, seguir controlando mediante análisis y suplementación la vitamina D, es la forma correcta de intentar que estemos en unos valores que nos favorezcan en lo que a salud se refiere y siempre bajo supervisión médica.
Fotos | Empodera-Academy, Adam Neumann en Unsplash
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