La falta de relaciones y la soledad en esa edad puede ser la consecuencia de haber sido el apoyo de todos
Nos han dicho por activa y por pasiva que las relaciones son la fuente verdadera de la felicidad. O mejor dicho, del bienestar. Harvard, en el Estudio del Desarrollo Adulto afirma que son las relaciones interpersonales las que nos hacen felices y una persona que no tiene relaciones estrechas con familia, amigos o pareja, puede sufrir “estrés crónico y niveles de inflamación crónicos”, como explicaba Robert Waldinger. Es más, existe una relación directa entre amistad y esperanza de vida y la amistad representa casi el 60% de la felicidad en las personas.
Con esto en mente podríamos pensar que aquellas personas que llegan a los 60 sin un círculo íntimo es porque no se han esforzado lo suficiente, pero la psicología tiene otra explicación que no es el fracaso: puede que hayan cargado con el peso emocional de otros durante décadas.
Cuidar cuando no te cuidan
Lamentablemente ser necesario y ser amado no es lo mismo. La direccionalidad de la amistad, es decir, cómo se percibe la amistad entre dos personas, es un factor importante. Puedes estar años recordando el cumpleaños de otros, sosteniendo a los demás en sus peores momentos, siendo su refugio, creyendo que dar es amistad. Pero puede que con el tiempo te des cuenta de que ninguno de ellos hace lo mismo por ti, ni lo haría. Son lo que se conoce como amistades no correspondidas: para ti son amigos pero para ellos, tú no lo eres. Solo existen sentimientos mutuos en la amistad en el 53% de los casos según un estudio. Es decir, no existe esa reciprocidad que requiere una amistad verdadera y lo que estás viviendo es una amistad unilateral.
Hay algunas señales de que podrías estar en una amistad unilateral, por ejemplo si siempre eres tú quien toma la iniciativa, si la otra persona solo aparece cuando necesita algo, o si todas tus conversaciones giran en torno a ella. El coste emocional que tiene es mayor del que podríamos pensar, desde una baja autoestima hasta dificultad para confiar en los demás.
El cuidado excesivo que has tenido con otros puede llegar a generar un rechazo a la propia vulnerabilidad. Si has pasado años siendo el hombro en el que llorar de tu entorno, te has acostumbrado a dar pero te incomoda mostrar tu propia necesidad, algo que se ve especialmente en cuidadores, lo que puede llegar a provocar aislamiento. Ser el "ancla emocional" de otros causa fatiga, baja autoestima y burnout, especialmente en amistades unilaterales en las que existe esfuerzo emocional no correspondido, y con el tiempo, dejas de buscar las relaciones.
A esto se suma que las personas sensibles al malestar ajeno absorben emociones, lo que aumenta ansiedad y depresión hasta diez veces más en adultos mayores, lo que se conoce como agotamiento por empatía excesiva o "fatiga por compasión". Cuando has pasado décadas absorbiendo los problemas de los demás y además has vivido relaciones unilaterales en las que dabas demasiado sin reciprocidad, te agotas.
Si sumas todo, no es "defecto social", sino una protección aprendida que ahora bloquea las conexiones mutuas, por eso hay gente que llega a los 60 años sin un círculo íntimo de amistades. Eso no significa que ocurra así en el 100% de los casos. Hay personas que dan mucho y reciben mucho. Hay personas que no dan nada y tampoco saben recibir. Hay personas siempre han dado y ahora, pasados los 60, están redescubriendo la amistad. Perfiles hay mucho y aunque el patrón de dar mucho y que eso te haya costado la amistad al ir cumpliendo años existe, no es universal. Eso sí, nos puede servir de pista para entender la soledad que viven por ejemplo los cuidadores de personas dependientes cuando estas se van.
Fotos | cottonbro studio en Pexels
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