No tengo la casa de Marie Kondo ni esas minimalistas que salen en redes sociales, así que cada vez que tengo invitados me tiro horas ordenando y limpiando
Hace poco quedé con una amiga y me insinuó que la próxima vez que nos viéramos, podía ser en mi casa. Dije que sí, pero al rato me di cuenta de lo que supondría. Me imaginé como Mónica Geller, la anfitriona perfecta, y pensé que mi casa no se parece a la de Marie Kondo y que una visita supone algo que odio: limpiar. No soy la única. Cuatro de cada diez personas evitan recibir invitados por una cuestión de limpieza, según una encuesta de Kärcher y recogida por The Sun, algo que se agrava en las reuniones navideñas. Pensar en lo que tendrán que limpiar después de que se vayan, les estresa.
Esta otra encuesta de SharkNinja desveló que el 45% de los británicos sienten ansiedad al recibir visitas por “el desorden” que pueden dejar los invitados después, y esta otra que el 47% de la gente afirma que le preocupa dejar su casa limpia antes de que lleguen los invitados. Mi caso.
La ansiedad de limpiar cuando hay visitas
Nos preocupa recibir invitados cuando nuestra casa no está “perfecta” y muestra signos de vida, como el desorden o que las ventanas no estén limpias, porque es exponerse al juicio ajeno. En psicología se habla de que el hogar es algo así como una extensión del yo, es parte de nuestra identidad extendida. Nuestra casa, y todo lo que hay en ella, se convierte en parte de nuestra identidad personal y mostrársela a otros es enseñar algo muy íntimo de nosotros mismos. Si la casa está ordenada creemos que proyectamos competencia, pero si está desordenada pensamos que proyecta dejadez, incapacidad o falta de autocontrol.
Esto provoca que antes de que otra persona venga a casa, me ponga a limpiar como loca. Y si no me da tiempo y la casa no está como “debería”, me excuso de mil maneras, tratando de justificar por qué mi casa no es de revista. Porque sí, pensamos que nuestro hogar debe ser perfecto como si fuera de catálogo. Solo que no es una realidad si pensamos en nuestro estilo de vida.
Ese miedo al juicio puede provocar ansiedad y se ve agravado por la presión social. Parece que existe una norma no escrita que dice que no eres un adulto en condiciones si tu casa no es como la que sale en las redes sociales. Evidentemente, este miedo es mayor en nosotras porque siglos de socialización han reforzado la idea de que una mujer debe tener la casa impoluta. Es más, este estudio reveló que a las mujeres se les exigen estándares de limpieza más altos que a los hombres y que tienen más probabilidades de sufrir consecuencias sociales negativas.
No es de extrañar entonces que tanta gente tema a las visitas por la limpieza que supone tanto antes como después, especialmente en momentos como la Navidad en que se juntan más personas en casa. Pero se nos olvida algo: la mayoría de la gente no juzga las casas de otros, pero proyectamos nuestras propias creencias sobre nosotros mismos en lo que creemos que piensan los demás según la Teoría del Yo espejo de Cooley.
Quizá deberíamos buscar la manera de que invitar a alguien a nuestra casa no supusiera tanto estrés ni antes ni después. Pensar en que han venido para conectar con nosotros y no para hacernos un examen de limpieza sea un primer paso.
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Fotos | Annie Spratt en Unsplash, Jurian Kersten en Unsplash
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