
Si se habla de pensamiento crítico y libertad de expresión, el ensayista y catedrático español tiene mucho que decir
Mucho se cita a filósofos de la antigüedad como Aristóteles o modernos como Byung-Chul Han, pero la sabiduría y el pensamiento también crecen en España. Aquí tenemos a un filósofo de casta, porque es nieto del también filósofo toledano Juan Marina Muñoz. Hablo de José Antonio Marina, ensayista y pedagogo español, considerado el pensador actual más leído en España. Quizá sea por lo claro que dice las cosas.
En una intervención en el programa ‘Más Platón y menos WhatsApp’ de La Ser, hablando sobre el valor del pensamiento crítico y la libertad de expresión, Marina aseguraba que “las personas son respetables todas, sus opiniones no, sus opiniones dependen”.
El autor de 'La vacuna contra la insensatez' hacía una reflexión sobre algo que mucha gente confunde al grito de “tengo derecho a tener mi opinión”, algo que vemos especialmente en las redes sociales en las que todo el mundo parece tener derecho a opinar de absolutamente todo. Es más, parecen tener la necesidad de opinar. Lo que sostiene Marina es que respetar a alguien como persona es un valor ético incondicional, pero respetar una opinión depende de cuál sea el contenido de esa opinión y de su argumentación.
Para Marina, lo que es realmente respetable no es cualquier opinión en sí misma, sino el derecho a expresarla sin que haya una inquisición. Puedo tratar a alguien con dignidad y escucharle, pero eso no me obliga a dar por válido lo que dice y a “respetar” su opinión. “El derecho a la libertad de expresión o de pensamiento, lo que protege es a la persona para que no pueda ser perseguida por sus opiniones”, explica, lo que es completamente diferente a que lo que diga sea verdad. “La verdad de lo que diga tiene que estar respaldada o legitimada por su sistema, si es una verdad matemática, por sistemas matemáticos, si es una verdad histórica, por la documentación histórica, y por lo tanto tiene que tener sus propios sistemas de fundamentación”, analiza.
“Las personas son respetables todas, sus opiniones no”, aseguraba, y lo argumentaba diciendo que “una persona que sea terraplanista yo le respeto como persona, pero hombre, su opinión no y no le dejaré que sea profesor de geografía”. La psicología cognitiva lleva décadas demostrando que tendemos a confundir "yo opino" con "es verdad", por ejemplo con el efecto Dunning-Kruger que nos hace sobreestimar erróneamente nuestro conocimiento en cualquier materia, pero "sabio no es quien sabe muchas cosas, sino quien actúa sabiamente... Es la poética del vivir", como aseguraba en ‘La inteligencia fracasada’.
Criticar una idea no es atacar a quien la sostiene, y confundir ambas cosas es lo que genera que nos pongamos a la defensiva al discutir, pero la distinción entre persona y opinión no solo es recomendable. Es absolutamente necesaria, porque sin eso nos volvemos fanáticos y como bien dice Marina, "el fanatismo somete a cautiverio a la inteligencia porque le impide aprender".
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Fotos | Fundación Ibercaja, Dwayne joe en Unsplash
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