
Su visión de una amistad cargada de emociones, se parece mucho a la Harvard asegura que necesitamos para ser felices
Decía el experto de Harvard Arthur C. Brooks que los amigos que realmente necesitamos para ser felices son los “inútiles”. El motivo es que la amistad no es un contrato ni un intercambio de favores. No es conveniente ni egoísta. Es una relación elegida que debemos cuidar. La amistad es, según el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, una necesidad del alma, un desbordamiento absoluto de sensibilidad, una entrega del corazón.
Esa forma romancera de ver una de las relaciones más importantes de nuestra vida, se resume a la perfección en su frase “el amigo verdadero da su corazón sin reserva, sin condición y únicamente porque ama”. Esta cita pertenece a una colección de aforismos morales y reflexiones personales que apareció por primera vez en 1764 con la publicación de la obra ‘Esprit, maximes et principes de M. Jean-Jacques Rousseau, de Genève’, y aunque no aparecía en las obras de Rousseau, el editor parisino Fournier-Favreux aseguraba que aparecía en un manuscrito que Rousseau había dejado entre sus borradores personales durante su exilio.
Frente a posturas más racionales sobre la amistad, como la de Aristóteles que la fundamenta en la igualdad de la virtud y en la reciprocidad consciente, o la de Séneca, que aconsejaba deliberar largamente antes de confiar en alguien para entregarse después por entero, Rousseau defiende una amistad absolutamente emocional. Para él, la amistad verdadera no puede ser calculada de antemano, sólo entregada.
Esas relaciones de amistad, que Harvard se ha encargado de hacernos ver que influyen hasta en cómo envejecemos y tienen una relación directa con nuestra esperanza de vida y nuestra felicidad, son una necesidad como seres humanos. Para Rousseau el ser humano tiene la necesidad de amar y de ella surge la necesidad de encontrar un amigo, porque “un corazón lleno a rebosar ama hacerse conocer”. Y poca gente nos conoce tanto como nuestros amigos.
En 'Emilio de la Educación' afirmó que no existe nada que pese tanto sobre el corazón humano como la voz de un amigo porque sabemos que solo nos habla por nuestro propio bien, pero a pesar de defender este ideal de amistad, en 'Las confesiones' Rousseau se lamentaba de no haber encontrado nunca esa entrega absoluta en otra persona:
¿Cómo era posible que, con una mente naturalmente expansiva, yo, para quien vivir era amar, no hubiera encontrado hasta entonces un amigo enteramente consagrado a mí; un amigo verdadero: yo que me sentía tan capaz de ser ese amigo para otro?
Si tuviera que resumir las relaciones de Jean-Jacques Rousseau como si fuera la sinopsis de una miniserie de Netflix de la tele, diría que su mente, atormentada por la enfermedad y la paranoia, transformó a sus mejores amigos en conspiradores. Fulminó algunas de sus amistades, terminó por enemistarse con la mayoría y la soledad en sus últimos momentos fue abrumadora. Cuando conoces un poco la vida de Rousseau, entiendes mucho mejor cómo esta frase esconde la dualidad entre lo que pensaba y lo que terminó viviendo el filósofo francés.
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