Immanuel Kant, filósofo: “La felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”

Ser buenas personas es imprescindible si queremos la auténtica felicidad según su filosofía

Anabel Palomares

Editor

Dicen que los vecinos de Immanuel Kant ponían en hora sus relojes cuando veían que salía a dar su paseo diario porque siempre lo hacía a la misma hora. Era puntual hasta rozar la obsesión y este gesto era también un reflejo de su filosofía, especialmente de su visión de la moralidad y de la felicidad. “La felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber” es una de las paráfrasis de su pensamiento más extendidas y tiene más lógica de lo que parece.

Según Kant querer ser feliz es normal y algo que comparte cada una de las personas que habita la Tierra. En la ‘Crítica de la razón práctica’ afirmaba que "todo ser racional tiene la felicidad como objeto necesario de su deseo". Es decir, buscamos la felicidad igual que un bebé te agarra el dedo cuando se lo pones en la mano. Es un reflejo humano. Y aunque es diferente para cada persona -Kant asegura que la felicidad es un ideal “no de la razón, sino de la imaginación”- también es un objetivo común para todos, independientemente de nuestro contexto.  

Ser felices sin ser buenas personas no es felicidad

Ahora bien, para Kant ser feliz sin ser buena persona, era una inconcebible. Aunque todos buscamos la felicidad, seamos buenas y malas personas, para Kant la felicidad verdadera no existe sin la moralidad, sin ser buena gente. Y para ser buena gente tenemos que ser moralmente justos porque debemos serlo. Simplificándolo muchísimo, lo que sostiene Kant es que tenemos que hacer lo que nos toca simplemente porque es lo que hay que hacer y no porque nos apetezca ni nos aporte ningún beneficio. Es así como verdaderamente seremos buenas personas y con ello, felices. Con un ejemplo vas a entenderlo muchísimo mejor.

Imagina que una amiga lo está pasando fatal. Te llama, a ti te da una pena horrorosa saber que está así y decides ayudarla. Al hacerlo, te sientes mejor contigo misma porque te daba pena. A ti te daba pena, recuerda esto. Para Kant, eso no es "ser buena persona" del todo porque esa ayuda te aporta un beneficio: te hace sentir bien. Ahora imagina que tu amiga está pasándolo fatal y te llama. Tú estás agotada y no tienes ninguna gana de hacer nada más que mirar el techo de pura extenuación. Coges el teléfono a tu amiga y a pesar de tu agotamiento ofreces tu ayuda porque es lo correcto. Haces lo correcto porque debes hacerlo, no porque te haga sentir bien. Eso es ser buena persona según Kant. Pero ojo, porque nos queda una tercera pata en la felicidad: nuestro bienestar.

El bienestar propio como imprescindible para ser buena persona

Kant sostiene que si no te cuidas terminas siendo peor persona con los demás porque te vuelves más egoísta, más irritable y menos capaz de hacer el bien. Ponte en una situación hipotética: estás pasando por una ruptura de pareja, totalmente destrozada y llorando cada día. Llevas meses en los que solo te apetece quedarte en cama y llorar viendo películas de amor en Netflix, recordando cómo era tu vida antes de que todo se desmoronase. Estás emocionalmente en la mierda. Llevas meses sin cuidarte, sin dormir bien, sin comer en condiciones, relacionándote lo mínimo con el mundo. Estás en modo supervivencia. En esta situación, ¿crees que podrías ayudar a otra persona? Lo más probable es que la respuesta sea no y para Kant ahí está la clave: no puedes ignorar tu propio bienestar si quieres ser buena persona, y necesitas ser buena persona para ser feliz porque virtud y felicidad, según su filosofía, van de la mano.

Eso no significa que no tengas derecho a pasar malos momentos y que tengas que vivir en la dictadura del positivismo porque, como bien decía Byung-Chul Han, necesitamos el dolor para ser realmente felices. Tampoco es que tengamos que ser positivas todo el tiempo ni que estemos obligados a ser felices en un sentido emocional. Es más un mensaje de que cuidarnos y buscar nuestro bienestar es necesario porque tenemos que estar bien para tratar bien a los demás. 

Ahora se llama autocuidado, pero en el siglo XVIII Kant ya decía que tienes que cuidarte para cuidar a los demás, que tienes el deber moral de no abandonarte para ser buena persona. Volviendo a la frase del inicio, “la felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”, ahora podemos entender que la felicidad no es algo que pasa sin más, sino algo que tienes la obligación de construir para poder ser buena persona. 

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Fotos | Creative Commons, Ivana Cajina en Unsplash

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