Henry David Thoreau, filósofo: “En mi casa había tres sillas: una para la soledad, otra para la amistad, y la tercera para la sociedad”

Henry David Thoreau Silla Soledad

En el tiempo que estuvo en su cabaña, el filósofo reflexionó sobre la vida y lo que nos hace felices

Anabel Palomares

Editor

Escrita a mediados del siglo XIX, ‘Walden’ es una obra corta que encumbró a Henry David Thoreau. En este pequeño libro narra los dos años que pasó viviendo en una cabaña, completamente solo y como parte de un experimento para descubrir cuál es la "vida con principios". Thoreau vivió dos años, dos meses y dos días en una cabaña de menos de 14 m² en Walden Pond que él mismo construyó y afirma que fue a los bosques "porque quería vivir deliberadamente, enfrentar solo los hechos esenciales de la vida". 

En el capítulo "Visitors", Thoreau describe tres sillas de madera que tenía en su cabaña y cada una de ellas representaba un modo de estar en el mundo. “En mi casa había tres sillas: una para la soledad, otra para la amistad, y la tercera para la sociedad”, aseguraba. La silla de la soledad hace referencia al espacio interior. A nuestro propio espacio en el mundo. Es una metáfora de la introspección que necesitamos para conocernos porque para Thoreau, la soledad elegida no es un aislamiento sino la condición necesaria para escuchar nuestros propios pensamientos. 

Soledad y amigos, lo que realmente necesitamos para ser felices

La escritora Susan Cain escribía en su libro ‘Quiet’, que la soledad era fuente de creatividad y fortaleza y no un déficit social, siempre que esta fuera elegida. A esto se suma que la teoría de la autorrealización de Rogers Maslow afirma que existe un potencial intrínseco en cada uno de nosotros que debemos desarrollar para ser felices, y eso requiere de momentos de soledad, como los vivimos en ese primera silla de la que habla Thoreau.

La segunda silla, la de la amistad, representa una relación elegida con otra persona. Esta sería, según la Universidad de Harvard, la que nos haría felices, porque son las relaciones con otros las que, como seres sociales que somos, nos hacen de verdad felices. La última, la silla de la sociedad, es la que representa nuestra vida pública en el mundo convencional. Thoreau la mantiene, pero si te fijas, la deja en tercera posición. Es decir, la sociedad es solo una capa más de la vida pero no su centro. Antes de ella están la soledad y la amistad. 

“La sociedad suele ser demasiado superficial. Nos reunimos a intervalos muy cortos, sin haber tenido tiempo de adquirir ningún valor nuevo el uno para el otro”, escribía, restándole importancia a esa parte de nuestra vida que a día de hoy lo ocupa todo. De hecho afirmaba en su libro ‘Una vida sin principios’ que sentía que su conexión con la sociedad y su obligación hacia ella “siguen siendo muy leves y transitorias”.

En ese periodo de su vida Thoreau fue feliz. Mucho. Y por eso su libro tiene un peso tan grande a día de hoy, porque explica con claridad cómo una vida sencilla y conectada con la naturaleza, puede hacernos felices aún estando solos. “Al simplificar tu vida, la soledad no será soledad, la pobreza no será pobreza, ni la debilidad será debilidad", escribía, porque según el filósofo “un hombre es rico en proporción al número de cosas de las que puede prescindir”. Él se sintió muy rico en la soledad de su cabaña durante su experimento, porque vivió con lo mínimo en cuanto a bienes materiales, pero eso le permitió conocerse muchísimo.

Decía Thoreau que "la mayoría de los hombres llevan vidas de silenciosa desesperación". Quizá porque pasan demasiado tiempo sentados en la silla de la sociedad y poco en la de la soledad y la amistad. Y es que "el precio de cualquier cosa es la cantidad de vida que das a cambio", escribía el filósofo estadounidense. En una vida sencilla, en la que tengamos tres sillas bien ordenadas, ese precio será mucho menor y nuestra felicidad, mucho mayor.

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Fotos | Wikimedia Commons, Martin Ruiz y cottonbro studio en Pexels

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