Blaise Pascal, filósofo: “Todos los hombres buscan ser felices, sin excepción. Pero casi todos se equivocan en el medio”

Nos preocupa nuestro bienestar más que nunca, pero confundimos el placer momentáneo con la auténtica felicidad

Anabel Palomares

Editor

Blaise Pascal nació en Clermont-Ferrand en 1623. Como matemático y físico, combinó la investigación científica con reflexiones sobre la condición humana. Cuatro siglos más tarde sus pensamientos como filósofo siguen vivos y uno de los mejores ejemplos de ello es su conocida cita “todos los hombres buscan ser felices, sin excepción. Pero casi todos se equivocan en el medio”.

El pensamiento de Pascal parte de una observación antropológica que sigue siendo tan cierta ahora como entonces: todos los seres humanos deseamos ser felices. De hecho si lo piensas bien nadie actúa queriendo ser infeliz. Pero en ese camino en que la felicidad es el objetivo, “el presente no nos satisface jamás, la experiencia nos seduce, y de desgracia en desgracia nos lleva hasta la muerte”, escribe en su libro ‘Pensamientos’. Y no lo hace porque no conseguimos que nuestra idea de felicidad y la forma de alcanzarla se unan. Para Pascal el error es buscar felicidad en bienes externos y confundir el placer momentáneo con la felicidad duradera. No son lo mismo y no nos aportan lo mismo. Ya era así en el siglo XVII y sigue igual en pleno siglo XXI.

Placer y felicidad no son lo mismo

Nos dejamos llevar por la dopamina rápida de los placeres triviales sólo para evitar enfrentarnos a lo que tenemos en la cabeza. Por eso Pascal asegura que “toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: no saber quedarse tranquilos en una habitación”, porque al hacerlo, tendríamos que enfrentarnos a nuestra propia vulnerabilidad. 

Y es ahí donde nos equivocamos, en lanzarnos a la trivialidad no para buscar la felicidad como creemos, sino para evitar enfrentarnos a la vulnerabilidad de nuestra propia soledad. “Se buscan las conversaciones y los divertimentos de los juegos porque no se puede permanecer en casa a gusto”, escribía. Las personas sobreestimamos la felicidad que nos dará el dinero o el estatus por lo que en psicología se conoce como predicción afectiva o predicción hedónica. Pensamos que tener unos zapatos nuevos, un coche más potente, una casa más grande o un trabajo en el que ganemos más, nos hará felices de manera casi automática. Pero al hacerlo dejamos de lado la adaptación hedónica. ¿Te suena? Es lo mismo que repite Arthur C. Brooks, científico social y profesor en la Universidad de Harvard: vivimos subidos en una cinta de correr hedónica y nunca es suficiente lo que conseguimos porque nos adaptamos enseguida.

Pero ¿y si la felicidad no fuera nada de eso? Perseguimos lo que no es, las distracciones de las que hablaba Pascal, pensando que así evitaremos la realidad. Llenamos todas las horas del día porque el silencio es tan abrumador en nuestra cabeza, que nos obliga a mirar dentro. Y puede que lo que veamos no nos guste. A día de hoy, existen muchas conductas que la psicología reconoce que funcionan como evitación emocional. Las redes sociales son una de las más potentes. El problema es que evitar el malestar no produce un auténtico bienestar. Estamos intentando tapar el sol con un dedo.

Nos equivocamos en el medio, como decía Pascal, porque buscamos la felicidad en los lugares erróneos. En las cosas triviales y en los bienes materiales olvidándonos de lo que ya nos ha demostrado el mayor estudio sobre la felicidad que se ha hecho en el mundo: la verdadera felicidad siempre está en las relaciones. Ojalá esta reflexión de Pascal te haga darte cuenta de dónde hay que poner el foco para conseguir, de verdad, ser felices. 

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