Uno de los errores financieros que está matando a miles de emprendedores es ese hábito al que no le dabas importancia y que ahora puede hundirte

Cuando tenías nómina, no mirar la cuenta no era un drama. Como emprendedor individual, puede ser el principio del fin

Editor

Durante años, ignorar el saldo bancario fue un hábito perfectamente asumible para quienes cobraban una nómina fija a final de mes. Sabían cuánto iban a ingresar, cuándo y con qué margen podían permitirse pequeños despistes. El problema llega cuando ese mismo comportamiento se arrastra al mundo del emprendimiento individual. 

Según coinciden expertos en finanzas personales, dejar de mirar la cuenta con regularidad es uno de los errores financieros más comunes y más dañinos entre los autónomos y freelancers, porque convierte la incertidumbre en norma y el susto en algo habitual. Cuando no hay sueldo fijo que amortigüe los golpes, no saber exactamente cuánto dinero hay disponible puede hundir un negocio antes de que el emprendedor se dé cuenta.

El cambio suele ser silencioso. Muchas personas pasan de revisar su saldo a diario cuando ganaban poco, a hacerlo solo de vez en cuando cuando sus ingresos se estabilizan. Con una nómina regular, esa relajación parece lógica y hasta saludable

Pero al emprender en solitario, la realidad vuelve a parecerse mucho a aquellos primeros años laborales, solo que con facturas más altas y responsabilidades mayores. Los ingresos entran de forma irregular, los pagos no siempre esperan y cualquier error de cálculo puede provocar más gastos, comisiones innecesarias o la imposibilidad de afrontar un gasto clave en el peor momento posible.

Ignorar el saldo no solo afecta al bolsillo, también a la toma de decisiones. Cuando un emprendedor no tiene claro cuánto dinero hay en la cuenta, tiende a retrasar inversiones necesarias o, al contrario, a gastar de más confiando en ingresos que aún no han llegado. 

Tal y como señalan plataformas de educación financiera, el control del flujo de caja es uno de los pilares básicos para la supervivencia de cualquier negocio pequeño, incluso más importante que la facturación puntual. Sin esa visión clara, es fácil que los problemas pequeños se conviertan en un incendio difícil de apagar.

La buena noticia es que hoy no hace falta vivir pegado a la pantalla ni hacer cálculos a mano como a principios de los 2000. Como afirma Emily Guy Birken, la banca digital ha avanzado lo suficiente como para facilitar el control sin esfuerzo. 

La mayoría de entidades permiten configurar alertas automáticas, avisos por saldo bajo o notificaciones diarias con el estado de la cuenta, herramientas recomendadas también por organizaciones como la OCU, que ayudan a que el emprendedor se mantenga informado sin obsesionarse, algo clave para anticiparse a problemas de liquidez antes de que sea demasiado tarde.

Al final, hacerse amigo del saldo bancario no va de paranoia, sino de supervivencia. Para un emprendedor individual, revisar la cuenta con regularidad es tan importante como responder a un cliente o enviar una factura. Ignorarla puede parecer un detalle sin importancia, pero en la práctica es uno de esos hábitos que, poco a poco, van cavando un agujero del que cuesta salir. En un entorno donde cada euro cuenta, mirar hacia otro lado no es una opción.

Foto de Towfiqu barbhuiya en Unsplash

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