La ironía del lujo: Rolls-Royce no encuentra quién dibuje una línea recta y pone en jaque su seña de identidad

Rob Wingate Qou8let3gvc Unsplash

Ese detalle que los hace únicos es responsabilidad de una sola persona, y no hay nadie que parezca hacerlo igual de bien

Editor

Entre la tecnología punta, los materiales de lujo y la elegancia que definen a un Rolls-Royce, hay un detalle casi invisible pero absolutamente icónico que sigue marcando la diferencia: una delgada línea pintada a mano sobre la carrocería.

Se llama coachline, y aunque parezca algo menor, es uno de los elementos más distintivos del diseño de estos coches de lujo. Lo curioso (y preocupante) es que esta tradición artesanal podría estar en riesgo, porque ya no hay quien pueda hacerla.

Desde hace más de 20 años, Mark Court es el único responsable de pintar a mano cada coachline en la fábrica de Rolls-Royce en Goodwood. Y lo hace de la forma más clásica posible: con pinceles hechos de pelo de ardilla, pintura especializada y, sobre todo, un pulso sobrehumano.

No hay cinta guía, regla ni ayuda digital: solo su experiencia, su concentración absoluta y una línea recta perfecta que recorre todo el lateral del vehículo en una fascinante tradición que combina arte, precisión y lujo.

Este trabajo, que podría parecer sencillo, es en realidad una auténtica proeza artesanal: cada trazo debe quedar impoluto a la primera, sin margen de error. Si algo falla, toda la pintura del coche debe rehacerse desde cero. Court ha pintado ya miles de Rolls-Royce y asegura que cada coche es distinto, porque la línea debe adaptarse a los contornos y proporciones de la carrocería además de que, como en muchos casos de autos personalizados, el color de la línea no siempre es el mismo.

Una tradición en riesgo

El problema de este tipo de procesos artesanales es que nadie ha conseguido sustituirle. La empresa ha buscado aprendices y formas de mantener viva esta técnica, pero no hay relevo a la vista: dibujar una línea perfecta con la mano alzada requiere años de práctica, vocación artística y una serenidad difícil de encontrar en los tiempos que se viven.

Y eso sin hablar del conocimiento de los materiales, la resistencia al estrés o la capacidad de concentración que exige el puesto. Según el archivo oficial de Rolls-Royce, Court es una pieza clave dentro de la compañía, pero también una figura solitaria que trabaja por su cuenta dentro de la fábrica de automóviles, donde fue contratado después de dedicarse a pintar señales de negocios en su pueblo natal.

Este pequeño gran gesto es parte de lo que convierte a un Rolls-Royce en algo más que un coche de lujo: la coachline representa el valor del trabajo humano, de lo hecho a mano con mimo, de lo que no puede replicarse por una máquina, un trabajo bien hecho que es (justamente) remunerado con un salario anual de seis cifras, pero que, sin embargo, podría tener los días contados si no se encuentra pronto a alguien capaz de continuar la tradición.

Foto de Rob Wingate en Unsplash

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