Hipergamia, looksmaxxing y recompensas de 25.000 dólares: el nuevo lenguaje del amor en internet va de ver cuánto vales (y pagarían por ti) para tener una cita

Al final del día, el acto de amar siempre irá más allá de los números y las métricas de éxito

Editor

A finales del año pasado, unas misteriosas vallas que aparecieron en el metro de Nueva York como parte de la publicidad creativa que inunda las paredes de sus andenes promocionando startups o aplicaciones de convivencia o de inteligiencia artificial, sin embargo, éstas llamaron la atención porque invitaban a los usuarios a "descubrir su verdadero valor en el mercado de las citas".

Los avisos, con copas de champán sobre fondo púrpura, sugieren más un sorteo financiero que un encuentro romántico: al entrar al sitio relacionado, algunos pasajeros vieron que se promocionaba la idea de ofertar por mujeres para ganar una cita, un caso que ilustra cómo la atracción se vuelve puja: el romance deja de ser química y pasa a la lógica de Wall Street, donde todo se compra y se vende.

Convertir los sentimientos en cifras tampoco es nuevo: conceptos como el "valor sexual de mercado” provienen de la psicología evolutiva de la masculinidad moderna, sin embargo, la manosfera se ha encargado de convertirlo en un movimiento de conducta de foros de seducción y blogs que han popularizado medir el atractivo con una escala, principalmente inspirados en ensayos y publicaciones como lo son 'The Game' de Neil Strauss y 'The rational male' de Rollo Tomassi, que hablan de "hipergamia" como la búsqueda de un estatus mayor en la pareja, una idea que los incels llevan al extremo: difunden la regla 80/20, según la cual el 80% de las mujeres busca al 20% de hombres mejor valorados, dejando al resto sin opciones.

Aunque medios como Forbes matizan que hoy la hipergamia busca formar "parejas poderosas" de crecimiento mutuo en vez de mera seguridad económica, lo cierto es que para muchos usuarios las citas se han convertido en un ejercicio numérico: cada like y cada match es una fórmula de Excel que mide el deseo.

La imagen como inversión

En los últimos años, internet ha visto surgir una obsesión cada vez más intensa por optimizar el atractivo físico masculino, un fenómeno que en redes y foros se conoce como looksmaxxing. La idea es sencilla en sí: mejorar al máximo la apariencia personal para aumentar el propio valor en el competitivo mercado de las citas y la vida social. Pero lo que empezó como consejos básicos de estilo, ejercicio o cuidado de la piel ha evolucionado hacia una cultura mucho más extrema, donde algunos jóvenes analizan su rostro con precisión casi científica, puntúan su mandíbula o su altura y llegan a contemplar cambios radicales con la promesa de convertirse en la mejor versión posible de sí mismos. 

Al respecto, un estudio reveló que los algoritmos de TikTok amplifican contenido misógino y rutinas extremas, normalizando esta cultura en audiencias más amplias, haciendo que, en definitiva, la dismorfia se convierta en el objetivo de los nuevos "hacks" de rendimiento: cada centímetro de carne se optimiza con la misma lógica que se aplica a una startup o a un activo en el que haya que invertir, porque el físico ya no sólo se presume, también se monetiza.

La obsesión por la perfección física impulsa el fenómeno looksmaxxing: la tendencia en la que los hombres tratan sus cuerpos como proyectos de inversión siguiendo consejos de foros incel, donde muchos adoptan regímenes extremos: desde dietas proteicas, rutinas exageradas en el gimnasio o de cuidado facial llevadas al extremo, hasta cirugías y prácticas peligrosas como martillarse la cara, el objetivo es afilar cada rasgo: mandíbula prominente, pómulos marcados, mirada "de cazador" y un rostro que, literalmente, se convierte en un diamante.

Con el surgimiento de plataformas en las que se paga por contactos amorosos, han surgido casos como el de un soltero de Kansas, Jeff Gebhart, que ofreció 25.000 dólares a quien le consiguiera novia. El propio Gebhart explicó que esa cifra sale de los gastos que él espera dedicarle al "mercado de citas" hasta encontrar pareja, un comportamiento que se ha explotado en redes sociales con los "boo bounties": personas que ofrecen recompensas (dinero u otros premios) a sus amigos por presentarles posibles parejas, quienes han reportado recompensas hasta de seis cifras.

Este tipo de iniciativas reflejan tanto la desesperación como el pragmatismo: por un lado, se ven como inversiones de marketing personal al hacer de cada centavo gastado una apuesta por triunfar en el amor. Pero también hay críticas: paga­r a amigos por citas es considerado un síntoma triste de inseguridad

Del swipe a la guerra: la bolsa del mundo

La mercantilización no se detiene en las citas: traslada la lógica de puntuar personas a todo tipo de sucesos, por ello, ahora existen mercados de predicción donde se apuestan eventos globales. Por ejemplo, Polymarket lanzó un contrato sobre si EE.UU. atacaría Irán en una fecha determinada; los usuarios negociaron más de $529 millones en esa apuesta. Tras los primeros bombardeos, cuentas recién creadas obtuvieron enormes ganancias, lo que suscitó sospechas de información privilegiada y reclamaciones de fraude, incluso, la institución Nobel investigó filtraciones similares cuando apostadores apostaron fuertes sumas por el galardón de María Corina Machado antes del anuncio oficial.

Esto sólo demuestra una cosa: el mismo impulso por cuantificar el valor de las personas guía ahora el cálculo de riesgos globales. No es solo el amor lo que se ha vuelto un mercado, sino la realidad entera: eventos geopolíticos, sucesos deportivos o premios culturales se miden en gráficos y probabilidades

Vivir en un mundo que traduce todo a cifras altera por completo la forma de mirar al prójimo. Si el deseo se cotiza en un mercado, el rechazo escuece como una estrepitosa caída bursátil en plena jornada de pánico. Cuando el amor se convierte en una búsqueda de rentabilidad pura y dura, mostrar debilidad se considera una inversión ruinosa que nadie quiere asumir. 

Esta realidad conecta con las tesis de Eva Illouz en su obra El fin del amor, en donde la socióloga explica que hemos entrado de lleno en el capitalismo emocional: según su análisis, la libertad moderna no se traduce en una mayor capacidad de amar, sino en una libertad de desvincularse que deja a muchos a dos velas emocionalmente. 

Fotos de @guetorafael | @itsmarcosphilip | Mr. Watchley | RTVE | Garbage Day

En Trendencias | Mandíbula de acero: la surrealista técnica de TikTok que cambia los masajes por martillazos para verse más masculino

En Trendencias | Este es el hábito "infantil" que cada vez más hombres estresados usan para cuidar su salud mental


Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com

VER 0 Comentario