Soy la que más dinero gana de la familia

Para muchas parejas la idea de que él trabaje mientras ella se queda en casa está más pasada de moda que llevar calentadores. Sin mencionar que hoy en día muchas de estas parejas no se pueden permitir que un miembro no lleve dinero a casa cada mes.

Pero ¿qué pasa cuando es la mujer la que se convierte en el cabeza de familia, la que ingresa el sueldo más alto? ¿Estamos hablando de un concepto demasiado revolucionario? Hemos hablado con un grupo de mujeres que ganan cada mes más dinero que sus parejas sobre su experiencia y sobre cómo se sienten ellos con esta situación.

Partamos del hecho de que la nueva generación de mujeres ha crecido bajo la firme creencia de que podían llegar a ser cualquier cosa que soñaran y que tenían derecho a ganar lo mismo que cualquier hombre haciéndolo.

Un concepto revolucionario hace treinta años, pero que hemos abrazado con pasión y por el que seguimos luchando en la actualidad, con una brecha salarial que no termina de desaparecer y un techo de cristal que casi parece de diamante de lo duro que es (a pesar de las medidas de diversidad de género).

Por eso es todavía algo inusual encontrarse con una mujer que gana más que un hombre. Pero haberlas, haylas y las que hemos encontrado no siempre tienen muy claro si le compensa haber roto los esquemas de todo el mundo, incluyendo los de los hombres con los que viven.

Alicia Serrano es un ejemplo de esta nueva generación de mujeres que se han convertido en el cabeza de la familia. Como directiva de una empresa de comunicación es ambiciosa, tiene una red de networking amplísima y como figura reconocida en su área imparte numerosos cursos. Lleva casi veinte años con David, un programador al que conoció cuando estaban terminando sus estudios universitarios. Los dos comenzaron a trabajar al mismo tiempo, pero mientras que la carrera de David se ha quedado estancada, la de Alicia es meteórica. Con su último ascenso ha conseguido una subida astronómica de sueldo que junto con los numerosos cursillos que da fuera de su horario laboral hacen que ingrese hasta un 35% más que su marido.

“Al principio la diferencia entre ambos era mínima”, nos cuenta, “y como mucho de ese dinero venía de los cursillos que yo daba, creo que David ni siquiera lo consideraba como un sueldo real. Era como un extra que entraba sin previo aviso y que nos venía fenomenal para cambiar una lavadora a punto de jubilarse o para irnos de vacaciones. Pero todo cambió con el último ascenso”. Según nos cuenta Alicia, David nunca le ha dicho nada sobre ese aumento, pero sí se queja amargamente sobre las nuevas obligaciones que su puesto como directiva acarrea o que ella tenga que acudir a más eventos que antes.

"Ahora cobro más, pero también trabajo más y con lo primero no hay quejas, pero mi marido está todo el día protestando por lo segundo." Alicia, directiva.

“Tenemos dos niños pequeños y siempre nos habíamos organizado perfectamente para llevarlos y recogerlos del colegio. Yo los llevaba por la mañana, porque por mi puesto de trabajo podía permitirme el lujo de entrar un poco más tarde y era él quien iba todas las tardes a la salida del colegio, ya que tiene jornada continua. Yo, con muchísima suerte, no salgo de la oficina antes de la siete de la tarde”.

Pero lo que hasta entonces no había sido un problema, según Alicia ahora es causa de peleas casi a diario. “David se queja de que es completamente injusto, porque como él se encarga de los niños toda la tarde no puede quedarse ni un minuto más de su jornada laboral y por eso está convencido de que no le tienen en cuenta para ascensos. Así que hemos tenido que contratar a una niñera que se ha comido parte de mi subida”.

Mamen Jiménez, Licenciada en Psicología (UMA) y con un Máster en Sexología y Terapia de Pareja, nos explica que lo que ha cambiado para estas parejas en la que ella es la que gana más dinero es quién reclama ese espacio para el desarrollo y crecimiento personal, que tradicionalmente ocupaba (y sufría) la mujer: "hay un elemento que no debemos dejar de lado y es el tema de la conciliación laboral y las condiciones que tenemos para ello. Y no ayudan para nada en esta situación", aclara.

Según un estudio realizado en Europa sobre diferencias salariales las mujeres que se han convertido en la principal fuente de ingresos en la familia han crecido un 19% en los últimos años. Y otro 25% ganan ya exactamente lo mismo que sus parejas. Eso quiere decir que casi un 50% de las mujeres han conseguido esa igualdad salarial tan buscada o incluso rebasarla en algunos casos.

En Estados Unidos las cifras son parecidas, al menos según lo que podemos leer en el libro When She Makes More: 10 rules for breadwinning women de Farnoosh Torabi, un cuarto de los hogares estadounidenses cuentan con una mujer como principal cabeza de familia. Es decir, unos cinco millones de hogares y un número que según los datos con los que cuenta su autora se ha cuadruplicado desde el año 1960.

¿Un sueldo mayor significa un cambio de roles?

Puede que se nos pase por la cabeza pensar que los hombres que no contribuyen a la economía familiar tanto como sus mujeres pueden compensarlo de otra manera. Exacto, de la misma manera que durante años han hecho ellas: cuidando a los niños o haciéndose cargo de las tareas del hogar. Pero ese no es el caso.

Como nos confirman las estadísticas (y no solo en España), las mujeres siguen haciendo más trabajo dentro de casa que los hombres, a pesar de que durante los últimos años cada vez se ha incorporado más al mercado laboral y se está luchando con que desaparezca la brecha salarial. De hecho, un estudio realizado por la Universidad de Chicago ha llegado a la conclusión de que las mujeres que se convierten en las cabezas de familia y traen más sueldo a casa también son las que siguen asumiendo la carga de las labores del hogar.

Los últimos datos recogidos por el CIS en España sobre reparto de tareas no dan lugar ni a cambios ni a dudas: las mujeres siguen haciendo las tareas en el hogar.

“Es como echarle sal en la herida”, explica Alicia. “Encima de que ganas más dinero le estás presionando para que se haga cargo de labores que para la generación de su padre eran exclusivos de la mujer. Como fregar y planchar. Al final nosotros decidimos dividir las tareas por la mitad, pero en el fondo de mi corazón no puedo evitar pensar que es totalmente injusto, que si él echara tantas horas fuera de casa como echo yo no se haría cargo de la compra, de llevar a los niños al médico o de la colada”.

Para los investigadores que llevaron a cargo el estudio de la Universidad de Chicago la conclusión es que “en parejas en las que la mujer gana más que el marido, la “amenazadora” mujer asume mayor parte del trabajo del hogar para calmar el malestar del marido “amenazado” con la situación”.

La psicóloga Mamen Jiménez ha trabajado en consulta con casos parecidos: "efectivamente para aquellas parejas (en las que ella gana más que él) que he visto en consulta uno de los motivos de conflicto seguía siendo (y digo seguía porque es demanda habitual en las parejas en general) la distribución de las tareas. A pesar de contar con un horario más extenso que ellos siguen desarrollando un número importante de tareas en casa, y lo perciben como injusto".

Como lo que esta experta nos explica lo que de verdad se convierte en motivo de malestar para estas mujeres que ve en consulta es que lo que sí siguen teniendo íntegra es la carga mental, ese tener que estar pendiente de todo: "son las que organizan comidas, las que están atentas a qué hay que comprar, a si falta papel, a si hay que comprarle un regalito a una amiga del nene que cumple años o de organizar cómo hacerlo el jueves porque la chica que viene a casa no puede quedarse hasta la hora de salida del cole. Y eso resulta agotador".

"A pesar de que cuentan con un horario más extenso que sus parejas, las mujeres que son cabeza de familia siguen desarrollando un número importante de tareas del hogar y lo consideran injusto. Mamen Jiménez, psicóloga.

Un papel de siglos que se tambalea

Durante años Elena, ex-consultora de 39 años, ganó mucho más dinero que Marcelo, técnico de mantenimiento de una multinacional, pero a él jamás pareció importarle. “El dinero exigía que yo pasara muchas horas fuera de casa, hay días que hasta catorce, pero como él tenía que viajar por toda Europa muy a menudo no notaba mis ausencias.”

Como ella misma explica, la pareja parecía sobrellevar perfectamente el hecho de que fuera la mujer la que se hiciera cargo de hasta casi el 50% de los ingresos del hogar y jamás tuvieron una discusión derivada de ese tema o una pelea sobre quién tenía más obligaciones dentro y fuera de casa.

Todo cambió cuando Elena decidió quedarse embarazada por primera vez y se preparó unas oposiciones para acceder a la administración. “Las ventajas del trabajo que tengo ahora son muchas: está cerca de casa, es muy seguro y sobre todo, tengo un horario que puedo compatibilizar con mi vida personal… pero he renunciado a ganar tanto dinero, claro”. Preguntarle qué hubiera pasado si hubiera decidido seguir trabajando como consultora ganando mucho más dinero “sería hacer conjeturas, aunque estoy segura de que a Marcelo, que es todo un padrazo, no le hubiera importado hacerse cargo de los niños de la misma manera que lo hace ahora”. En esta pareja ya no hay brecha salarial y ambos ganan más o menos lo mismo.

"Mi pareja nunca ha tenido problemas con que yo cobrara más que él, pero no sé qué hubiera pasado si hubiéramos tenido los niños entonces." Elena, ex-consultora.

Pero no siempre los hombres llevan bien el hecho de que sus mujeres ganen más dinero que ellos. Mientras la economía ha dado pasos agigantados en este terreno, la sociedad tiene que seguir amoldándose a una nueva realidad en la que la mujer se ha incorporado plenamente al mercado de trabajo y está escalando puestos de responsabilidad poco a poco pero sin pausa.

Varios estudios realizados a lo largo de los años han llegando a la conclusión de que los hombres con sueldos inferiores a sus mujeres tienen más posibilidades de sufrir disfunciones eréctiles, de tomar medicinas para tratar la impotencia y de divorciarse.

Según los investigadores de uno de estos estudios realizado en Dinamarca, incluso pequeñas diferencias salariales de carácter anual pueden conducir a un hombre de cabeza al Viagra, a la depresión o incluso a la separación.

Incluso pequeñas diferencias salariales entre él y ella puede desembocar en impotencia, depresión o divorcio.

Sin embargo, los hombres que ya conocen de antemano la situación, como es el caso de Marcelo, y se casan con una mujer que gana más dinero que ellos no suelen tener tantos problemas en el dormitorio: “los hombres que se casan con una mujer que gana más dinero, no parecen sufrir los costes de haber sido sobrepasados”, comentan estos investigadores.

Cuando el dinero entra por la puerta... ¿la fidelidad sale por la ventana?

Pablo, periodista freelance de 35 años, lo justifica sin rubor: “ella lleva años ignorándome, parece que lo único que importa es su trabajo, sus reuniones, sus negociaciones y cifras y más cifras. A mí no me hace ni caso. Me siento abandonado”.

Lleva más de diez años casado con Teresa, una directiva de un gran grupo empresarial alemán con un sueldo que cuadruplica el suyo como autónomo y unos bonus de cinco ceros. “Siempre fue muy ambiciosa y eso me gustaba de ella. Pero en los últimos años es como si estuviera obsesionada con el trabajo y con ganar más dinero y apenas pone el pie por casa o se preocupa por mí y por los niños”.

Pablo y Teresa tienen dos hijos, un chico y una chica, que todavía van al colegio y necesitan mucha atención. “Como ella no está en casa nunca decidió contratar a una persona que hace la casa, cocina para todos y está por las tardes con los chicos cuando yo tengo que cubrir algún evento o hacer algo del trabajo. Afortunadamente, su sueldo no sale de mis ingresos.”

Pero los problemas de dinero sí que existen: “tenemos cada uno nuestras cuentas por separado y luego una cuenta en común por la que se pasan los gastos generales de la casa. Al 50% cada uno. Hay meses que yo no gano lo suficiente como para poner mi parte y ella tiene que poner más”, nos cuenta Pablo. “Se queja de que no soy lo suficientemente ambicioso, de que debería luchar por ganar más dinero, de que antes ganaba más, antes de la crisis, se refiere, claro”.

Según un estudio de la Universidad de Cornell los hombres tienden más a la infidelidad si cobran menos que sus parejas. Y ellas a ser infieles si cobran más.

Las cosas no van bien con este arreglo porque Pablo tiene la sensación de que su mujer actúa como si fuera su madre y él no tiene voz ni voto en muchas cosas: “se enfadó mucho conmigo el año pasado porque no gané lo suficiente como para que nos pudiéramos ir de vacaciones todos juntos a Nueva York. Todo el tiempo es lo mismo. Es ella la que decide si podemos o no podemos hacer algo y me considera con el mismo derecho a opinar que los niños”.

Un estudio de la Universidad de Cornell ha llegado a la conclusión de que los hombres están más dispuestos a ser infieles a sus parejas si sus ingresos son inferiores a los de ella y, de la misma manera, las mujeres están dispuestas a coquetear más si hacen más dinero que sus parejas. Los resultados sugieren que las diferencias de ingresos, incluso las más pequeñas, tienen un gran peso en los deslices fuera de la pareja.

Pablo no se siente orgulloso de ello, pero tampoco se reconoce culpable. Durante los últimos diez años ha tenido varios deslices con amigas y compañeras de trabajo, siempre a espaldas de su mujer y sin que ninguna de las relaciones terminaran en nada serio. “No estoy buscando una relación seria, sino saber que hay alguien a quien yo le gusto tal y como soy. Pasar un buen rato de igual a igual. Con alguien que me respete”. Tampoco se siente con fuerzas para dejar a Teresa: “algún día se dará cuenta de cómo nos ha descuidado. Además divorciarnos sería terrible para los chicos”, explica, aunque también admite que tiene terror a que ella quiera batallar por la custodia y utilice su sueldo bajo para quedarse con los niños. “Tampoco es que lo haya consultado con un abogado”, explica, simplemente tiene la sensación de que está en desventaja.

"Solo busco una relación de igual a igual. Alguien que no me trate como si fuera uno de sus hijos." Pablo, periodista.

Sin embargo, la psicóloga Mamen Jiménez nos habla de que ella se ha encontrado justo con el caso contrario: "te diré que las parejas que he visto en las que ella cobra más (y te hablo de el doble o más) precisamente fueron ellas las infieles". En su opinión una de las cosas que sí que es patente en estas parejas cuando llegan a consulta es la seguridad que tienen ellas a la hora de tomar decisiones: "a diferencia de mujeres que tienen sueldos iguales o inferiores a sus parejas o que depende económicamente de ellos. Al desprenderse de la variable económica afrontan la terapia y realizan las demandas de lo que quieren y necesitan con mayor “fuerza”, cosa que por otro lado parece lógica, claro (no hay un desequilibrio tan patente)".

La comunicación es la clave

No podemos ignorar el hecho de que el dinero es más que dinero simplemente. El sueldo que ganas es el valor que tú tienes para tu empresa, para tu industria o incluso para la sociedad entera. Eso no significa que otro que gane menos trabaje peor o no se esfuerce tanto… o que su trabajo sea más insignificante. Tampoco significa que la persona que gane más dinero haya sido más lista negociando su sueldo tampoco. Ni que fuera a una escuela mejor, fuera más ambicioso, en definitiva, mejor. Es lo que es, tan simple como eso. Un directivo siempre va a cobrar más que un maestro de escuela, pero cada uno de ellos tiene un papel igual de importante que cubrir y el dinero no debería ser la única vara por la que medirles.

Quizá el secretismo que hay en torno a los salarios es el principal problema y ser sinceros con lo que se gana desde el principio de una relación es la clave para evitar posibles problemas futuros, malentendidos o que los roles que se adoptan desde el comienzo de la relación no se vean amenazados.

La clave para evitar conflictos según nos cuenta Mamen Jiménez siempre es la comunicación, dejar a un lado el modo “competición o guerra” y abrazar el de “equipo”: cuando las parejas aceptan que estamos ante un “win-win situation” (todos ganan) los esfuerzos se aúnan para el bien.

Ilustración| Victor JG

Fotos| Pexels.com

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