La historia de Sally Ride, la primera astronauta LGBTQ+ a la que preguntaron por maquillaje antes de hacer historia

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Rompió muchos techos de cristal, pero nunca se atrevió a hacer pública su orientación sexual en vida

María Yuste

Editor Senior

Cuando Sally Ride despegó a bordo del transbordador Challenger el 18 de junio de 1983 no solo estaba haciendo historia en materia de exploración espacial, también estaba rompiendo varios techos de cristal. Con apenas 32 años se convirtió en la primera mujer estadounidense en viajar al espacio y en la persona estadounidense más joven en lograrlo.

Sin embargo, en los días previos al lanzamiento, parte de la conversación pública no había girado en torno a la misión, los experimentos científicos o la preparación de la astronauta. Había quienes estaban mucho más interesados en saber si pensaba llevar maquillaje al espacio y otras preguntas absurdas.

La astronauta que abrió camino 

Licenciada en Física y con un doctorado por la Universidad de Stanford, Sally Ride fue seleccionada por la NASA a finales de los años setenta como parte del primer grupo de astronautas que incluía mujeres. Aquel cambio marcó el inicio de una nueva etapa para la agencia espacial estadounidense, aunque todavía quedaba mucho camino por recorrer.

En junio de 1983 despegó como especialista de misión en el vuelo STS-7 del Challenger, convirtiéndose en la primera estadounidense en viajar al espacio. Dos décadas antes, la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova ya había abierto ese camino, Ride rompía una barrera histórica para Estados Unidos y se convertía en un referente para toda una generación de niñas.

Dominio público

Un año más tarde regresaría al espacio en una segunda misión, la STS-41-G, consolidando una carrera que la situó entre las figuras más importantes de la exploración espacial estadounidense.

Las preguntas machistas que ningún astronauta hombre tuvo que responder

Antes de subir al cohete, Sally Ride ya había tenido que demostrar que estaba preparada para una prueba muy distinta: responder al machismo de la época. Durante las ruedas de prensa previas al lanzamiento, algunos periodistas le preguntaron si el viaje podría afectar a sus órganos reproductivos, si pensaba maquillarse durante la misión o si lloraba cuando estaba sometida a estrés.

Resulta difícil imaginar esas mismas preguntas dirigidas a cualquiera de sus compañeros de tripulación. Mientras a ellos se les preguntó por la misión o los desafíos técnicos del vuelo, Ride tuvo que justificar que ser mujer no la hacía menos capaz para viajar al espacio. Unas preguntas que reflejan hasta qué punto incluso una científica con una preparación extraordinaria seguía siendo observada a través de estereotipos de género.

El secreto que nunca reveló

Tras abandonar la NASA, Sally Ride encontró una nueva misión: despertar la vocación científica entre las generaciones más jóvenes. Convencida de que muchas niñas dejaban de interesarse por la ciencia porque apenas encontraban referentes femeninos, fundó la Sally Ride Science, una organización dedicada a fomentar el interés por las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) mediante programas educativos, libros y actividades para estudiantes. Su objetivo no era solo explicar cómo funciona el universo, sino conseguir que más niñas crecieran pensando que también podían formar parte de él.

A diferencia de su carrera profesional, Sally Ride siempre protegió con enorme discreción su vida privada. Cuando falleció en julio de 2012 a causa de un cáncer de páncreas, su obituario reveló que había compartido los últimos 27 años de su vida con la escritora y educadora Tam O'Shaughnessy. La relación se hizo pública respetando un deseo que la propia astronauta había dejado expresado antes de morir.

Aquella revelación convirtió oficialmente a Sally Ride en la primera persona LGBTQ+ conocida que había viajado al espacio. Su historia abrió también una conversación sobre el contexto en el que había tenido que desarrollar su carrera. Durante buena parte de los años ochenta y noventa, hacer pública una relación entre dos mujeres podía tener consecuencias personales y profesionales, especialmente para una figura pública vinculada a una institución como la NASA.

Dominio público

Un legado que sigue haciendo historia

El reconocimiento a Sally Rid, no obstante, no terminó con su carrera espacial. En 2022, la Casa de la Moneda de Estados Unidos le dedicó una moneda de 25 centavos dentro del programa American Women Quarters, creado para homenajear a mujeres que contribuyeron de forma decisiva a la historia del país.

Con ese gesto no solo se reconocía a la astronauta que abrió camino para miles de mujeres interesadas en la ciencia. También se convirtió en la primera persona LGBTQ+ conocida en aparecer en una moneda estadounidense, un homenaje que reunía por fin todas las dimensiones de una figura cuya importancia fue mucho más allá de haber sido la primera estadounidense en viajar al espacio.

Porque la historia de Sally Ride no habla únicamente de llegar más lejos que nadie. Habla de abrir puertas para las que vinieron detrás, incluso cuando el mundo todavía estaba más pendiente de preguntarle por su maquillaje que de escuchar todo lo que tenía que aportar.

Foto de portada | NASA

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