Betty Friedan: "La única forma de que una mujer se encuentre a sí misma como ser humano es a través del trabajo creativo e independiente"

Betty Friedan C Lynn Gilbert

Una cita fundamental de la segunda ola de feminismo que sigue recordándonos algo muy importante

María Yuste

Editor Senior

Cuando Betty Friedan publicó 'La mística de la feminidad' en 1963, cuestionar que una mujer pudiera querer algo más que ser esposa y madre todavía resultaba revolucionario. Por eso, en sus páginas, había una cita que ha pasado a la historia:

"La única forma de que una mujer se encuentre a sí misma como ser humano es a través del trabajo creativo e independiente". 

No obstante, más de seis décadas después, sus palabras siguen invitando a hacerse preguntas. En pleno ague de las tradwives y el antifeminismo, hoy se puede leer casi como una reivindicación de la independencia económica y profesional de las mujeres. Eso sí, cuando Friedan la escribió en 1963 estaba hablando de algo mucho más profundo: de la posibilidad de construir una identidad propia.

El problema que señalaba no era que las mujeres fueran amas de casa, ni que cuidar de los hijos o de una familia careciera de valor. El problema era que, para muchas mujeres de la sociedad estadounidense de posguerra, esas funciones se habían convertido en prácticamente la única definición de lo que significaba ser mujer.

Es en este punto donde aparece una de las ideas centrales de 'La mística de la feminidad': una mujer necesitaba algo que fuera suyo. Algo que le permitiera utilizar sus capacidades, tomar decisiones, relacionarse con el mundo exterior y reconocerse como una persona más allá de su papel dentro de la familia.

¿Qué quería decir Betty Friedan con "trabajo creativo e independiente"?

La palabra importante de la frase no es tanto "trabajo" como "propio", porque Friedan no estaba hablando únicamente de tener un sueldo. En el capítulo final de 'La mística de la feminidad', plantea la necesidad de que las mujeres encuentren una actividad significativa que les permita desarrollar sus capacidades y participar plenamente en la sociedad

El trabajo aparece como una de las vías para alcanzar esa realización personal. No obstamte, no se trata de que baste con estar ocupada. Una mujer podía pasar el día entero haciendo cosas y, sin embargo, sentir que ninguna de ellas construía una identidad propia.

La distinción es importante porque Friedan estaba criticando precisamente que las tareas domésticas se convirtieran en la única profesión de una mujer. Su propuesta pasaba por dejar de considerar el matrimonio y la maternidad como opciones suficientes y buscar también una educación y una ocupación donde poder utilizar plenamente sus capacidades intelectuales.

La frase completa en su idioma original, además, resulta todavía más reveladora porque Friedan habla de que una mujer, tal y como hace un hombre, debe poder "encontrarse a sí misma" y "conocerse a sí misma" mediante ese trabajo creativo propio.

No se trata, por tanto, de trabajar por trabajar. Se trata de tener la oportunidad de descubrir quién eres cuando no estás desempeñando el papel que otros han decidido por ti.

Dominio público

Betty Friedan y "el problema que no tenía nombre"

Para entender por qué aquella afirmación fue tan importante hay que viajar hasta la Estados Unidos de los años cincuenta. Después de la Segunda Guerra Mundial se consolidó un ideal femenino muy concreto: matrimonio, hijos, casa en las afueras, los últimos electrodomésticos, compras y una vida familiar presentada como la sumum de la felicidad. La cultura popular convirtió aquella imagen en una especie de manual de instrucciones simbólico sobre cómo debía ser una mujer.

Friedan conocía bien ese universo. Había estudiado Psicología en el Smith College, donde se graduó summa cum laude en 1942, y después pasó por la Universidad de California en Berkeley. Trabajó como periodista y escritora antes de casarse, tuvo tres hijos y, mientras continuaba escribiendo, vivió también la experiencia de convertirse en ama de casa en los suburbios.

A finales de los años cincuenta comenzó a investigar aquello que terminaría convirtiéndose en 'La mística de la feminidad'. Una encuesta entre antiguas compañeras del Smith College reveló que muchas compartían la misma sensación de insatisfacción pese a haber alcanzado aquello que, sobre el papel, debía hacerlas felices. 

Friedan pasó después años entrevistando a mujeres de todo Estados Unidos al respecto. En el libro bautizó aquella sensación como "el problema que no tiene nombre" y era la sensación de vacío, aburrimiento o falta de propósito que podía aparecer incluso cuando, aparentemente, no les faltaba de nada. Tenían todo aquello que se suponía que debían desear: el marido, los hijos, la casa, una vida cómoda... Entonces, ¿por qué no eran felices?

El libro que puso nombre a una insatisfacción femenina

'La mística de la feminidad' se convirtió rápidamente en un superventas, dando visibilidad a la frustración de muchas mujeres estadounidenses, que sentían que sus posibilidades vitales estaban limitadas por los roles de género. Con ello, contribuyó a impulsar la movilización feminista de las décadas de 1960 y 1970. O lo que es lo mismo, la conocida como "la segunda ola", de la que Friedan se convirtió en una de sus figuras fundamentales.

Tres años después de la publicación del libro, en 1966, participó en la fundación de la National Organization for Women (NOW) y se convirtió en su primera presidenta. Durante su mandato, la organización presionó para que se aplicaran las leyes contra la discriminación sexual en el trabajo y luchó, entre otras cuestiones, contra la segregación de los anuncios de trabajo por sexo.

Mary Frampton

Es importante recordarlo porque Friedan no se quedó en el terreno de las ideas. La reivindicación de que las mujeres pudieran tener una vida profesional propia estaba vinculada a una lucha política por conseguir que pudieran acceder realmente a esos empleos en condiciones de igualdad.

Pero Betty Friedan no tenía todas las respuestas. Leer hoy 'La mística de la feminidad' exige hacerlo teniendo presente a quiénes estaba describiendo Friedan y a quiénes dejó fuera de su relato. Su análisis se centraba principalmente en mujeres blancas, educadas y de clase media, especialmente aquellas que vivían el modelo doméstico de los suburbios estadounidenses. 

Las experiencias de las mujeres negras, las mujeres de clase trabajadora y otros grupos quedaron mucho menos representadas. Esta es una de las principales críticas que se le ha hecho posteriormente a su libro. También tuvo una relación problemática con las mujeres lesbianas dentro del movimiento feminista. Su posición fue criticada por activistas lesbianas, que se sentían excluidas.

Esto no hace que 'La mística de la feminidad' deje de ser un libro fundamental, pero sí obliga a leerlo como lo que es: un texto decisivo de la segunda ola feminista y, al mismo tiempo, un producto de su contexto histórico, con sus propias limitaciones y puntos ciegos. Pero que nos puede recordar que la independencia no consiste únicamente en tener una nómina sino en encontrar aquello que te permita reconocerte como una persona completa, no únicamente como esposa, madre, hija, cuidadora, pareja o profesional.

Foto de portada | Lynn Gilbert

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