
Denunció a principios del siglo XX que trabajar fuera de casa no libraba a las mujeres de cocinar, limpiar y cuidar. Su propuesta fue repartir esas tareas entre toda la sociedad
Salir de la fábrica y volver a casa para preparar la cena, hacer las tareas domésticas y cuidar de los hijos. Esa es la jornada de muchas mujeres en 2026 y también la que Alexandra Kollontai describió en 'El comunismo y la familia' mucho antes de que empezáramos a llamarla "la doble jornada". La pensadora rusa ya había observado en 1918 que el hecho de que una mujer tuviera un empleo remunerado no significaba que se hubiera liberado de ese otro trabajo que la esperaba en el hogar.
"El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera, sin aliviarla de sus cuidados de ama de casa y madre".
Kollontai señalaba así que las mujeres debían responder a tres exigencias a la vez: ganarse un sueldo, ocuparse de la casa y criar a sus hijos. El ejemplo es esa trabajadora que regresa a casa cuando termina su jornada en la fábrica y todavía tiene que preparar la comida y atender las tareas domésticas. Y, a la mañana siguiente, todo empieza otra vez. No obstante, el problema no era que las mujeres pudieran trabajar fuera de casa sino que ese cambio no había venido acompañado del otro. Así que propuso una solución:
"Una nueva sociedad, que liberará a la mujer de la servidumbre doméstica, que aliviará la carga de la maternidad para la mujer".
Quién fue Alexandra Kollontai
Algo muy importante es que Kollontai no se limitó simplemente a dejarlo escrito. Llegó a ser una dirigente de la Revolución rusa y, después de que los bolcheviques llegaran al poder en 1917, ocupó el cargo de comisaria del pueblo de Asistencia Social. Desde allí se ocupó, entre otros asuntos, de la atención a madres, niños y personas sin recursos. Trabajó en reorganizar antiguos orfanatos y abrir hogares infantiles y más adelante desarrollaría una carrera diplomática.
Sabía que la emancipación de las mujeres no se resolvía únicamente permitiéndoles ganar un salario. En la Rusia revolucionaria se debatía cómo cambiar las leyes y el trabajo, pero Kollontai advertía de que también había que cambiar la vida dentro de casa. Si las mujeres seguían encargándose de cocinar, lavar y cuidar a los hijos después de su jornada remunerada, trabajar fuera del hogar solo añadía más trabajo a todo lo que ya hacían.
Su propuesta: convertir los cuidados en una responsabilidad colectiva
La solución que planteó en 'El comunismo y la familia' era ambiciosa. Imaginaba cocinas y comedores colectivos, lavanderías, guarderías y casas de maternidad que asumieran parte de las tareas que las mujeres realizaban hasta entonces dentro del hogar. En la sociedad comunista que defendía, la crianza y el sustento de los niños también pasaban a ser responsabilidad de la colectividad. Cada familia podría seguir cuidando y atendiendo a sus hijos, por supuesto, pero no tendría que resolver sola todas sus necesidades.
Kollontai era consciente de que esa idea podía suscitar el temor a que el Estado quisiera separar a los niños de sus padres. No obstante, en su ensayo lo rechaza expresamente. Defiende que madres y padres puedan seguir participando en su educación y disfrutando de su relación con ellos, mientras los servicios colectivos se encargan de parte de su alimentación, atención y enseñanza. Aliviar a las madres no exigía privarlas de sus hijos.
¿Llegó a ponerse en práctica?
Algunas de aquellas ideas empezaron a tomar forma durante los primeros años del gobierno soviético, aunque eso no significó que el trabajo doméstico pasara a manos de la colectividad. En un texto de 1918, Kollontai describió la reorganización de maternidades y centros de atención a madres y niños, así como la incorporación de guarderías y hogares infantiles a una red pública. En 'El comunismo y la familia' también señaló que ya existían jardines de infancia y comedores escolares gratuitos.
Su proyecto de cocinas y comedores colectivos, sin embargo, iba mucho más allá de esos primeros servicios. Entre lo que se hizo y sustituir el trabajo doméstico individual siguió existiendo una enorme distancia. La guerra, la escasez de recursos y las dificultades para poner en marcha nuevas instituciones limitaron el alcance de su spolíticas. Kollontai solicitó organizar comedores y guarderías que recibieron negativas porque faltaban equipamiento, transporte o locales. Además, la mayoría de la población urbana siguió viviendo en hogares donde las tareas cotidianas se resolvían dentro de la familia.
Con los años, tampoco se consolidó la transformación de la familia que ella imaginaba. Los estudios históricos describen cómo las mujeres continuaron combinando empleo y carga doméstica, mientras la política soviética de los años 30 del siglo XX dio cada vez más importancia al papel tradicional de la madre dentro de la familia. La doble jornada que Kollontai había denunciado sobrevivió a las primeras reformas.
No obstante, para la posteridad ha quedado recogido que Kollontai ya identificó que existe una diferencia entre reconocer a las mujeres el derecho a trabajar y darles tiempo para tener vida fuera del trabajo. Su propuesta de sociedad no se hizo realidad entonces y siguen sin serlo todavía en 2026, pero la pregunta que planteó sigue en lucha: ¿de qué sirve salir de la fábrica si, al llegar a casa, empieza otra jornada? Más de un siglo después, el trabajo doméstico y los cuidados siguen ocupando una parte del tiempo de las mujeres que se supone libre. Kollontai entendió que ganar un salario no bastaba para cambiar eso.
Fotos | Dominio público
En Trendencias | Los 100 mejores libros de la historia que te engancharán de principio a fin
Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com
VER 0 Comentario