Un viaje en el tiempo hasta una escuela rural en 1936: un biopic sobre el profesor Antoni Benaiges a través de 'El maestro que prometió el mar'
"En el mar habrá más agua que toda la tierra que yo he visto. El agua estará más caliente que los ríos y debe de ser muy salada. En el mar pescarán la merluza y el bacalao, toda clase de pescados. Yo no he visto nunca el mar. El maestro ha dicho que nos va a llevar a verlo." Es solo un aperitivo de un cuaderno escrito por un grupo de niños de un pueblo burgalés a finales de la Segunda República. El título rezaba: 'El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca'.
'El maestro que prometió el mar' se ha colado entre los más vistos de Netflix esta semana. Un biopic dirigido por Patricia Font que nos acerca a la historia real de Antoni Benaiges (Enric Auquer), un joven profesor catalán que llegó un año antes de que estallase la Guerra Civil a la escuela rural de Bañuelos de Bureba. Un hombre con ganas de dejar que los jóvenes fueran simplemente niños, un privilegio que en la época pronto se les arrebataba.
Él comparte con ellos una nueva forma de aprender, un método cooperativo basado en los ideales republicanos, donde se les permite la libertad de expresión y se les da la oportunidad de dejarlo todo sobre el papel. Ahí plasman sus emociones, sueños y pensamientos a través de una rudimentaria imprenta, creando sus propios cuadernos, algo que no encajaba con la perspectiva conservadora del pueblo.
Bien sabemos que la libertad de pensamiento salía cara por el entonces, y cuando los rumores de un golpe de estado finalmente se fosilizaron en una realidad en julio de 1936, Antoni Benaiges fue detenido por un escuadrón falangista y fusilado en Burgos. Sus restos nunca han aparecido. Este es precisamente el enlace del film con el presente y el personaje de Ariadna (Laia Costa), que interpreta a la nieta de un hombre que fue alumno de Benaiges. Una mujer que busca los restos de un antepasado desaparecido y en pleno 2010 se planta en La Pedraja, ávida de respuestas, un parador en la zona de Burgos donde se encontró una fosa común con un centenar de muertos.
Más allá de las brillantes interpretaciones de Enric Auquer y Laia Costa, es inevitable quedarse colgada en esa leve promesa que el maestro hace a sus alumnos: ver el mar, la gran metáfora de la libertad. Un viaje que se ve truncado por un drama común en nuestro país que jamás ha llegado a cicatrizarse. De ahí la importancia del personaje de Ari, mostrando sin aristas el agotamiento que supone la búsqueda de familiares en fosas comunes que tras más de 70 años aún no se han abierto. Los obstáculos para reconstruir la historia de nuestros antepasados, de saber qué fue de quienes nos precedieron, si pudieron alguna vez vislumbrar la amplitud del mar, soñar con ser libres más allá de todo ese miedo instaurado. Esas son nuestras heridas abiertas. Hay que quitar aún mucha tierra.
Fotos | Netflix
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