El cine español es un gato de Schrödinger que solo vemos vivo dos veces al año: con los Premios Goya y con Santiago Segura

Las películas españolas parecen plantearnos una paradoja que solo existe quince días al año, en temporada de premios

Anabel Palomares

Editor

En 2025 fueron a los cines 65 millones de espectadores y según datos de Comscore recogidos por el Ministerio de Cultura, de los mejores estrenos solo una película era española: ‘Padre no hay más que uno 5’. Ni siquiera es una película nominada a los Premios Goya, pero sí taquillera. Pero ahora, con los premios a la vuelta de la esquina parece que el cine español renace, solo que luego algo se apaga y solo se enciende cuando Santiago Segura aparece en ‘El Hormiguero' anunciando que estrena otra película más en verano. 

Pensaba que era percepción mía, pero hablando con amigos el fin de semana descubrí que ellos solo van al cine cuando son los Goya. Luego las películas españolas desaparecen. Pero la pregunta es, ¿realmente lo hacen? Pues sí y no, porque más que casual, es algo estructural. En la temporada de premios el cine español nos hace love bombing y luego, como ese casi algo, se marca un ghosting. El cine español es un gato de Schrödinger que parece estar muerto y vivo a la vez. 

El efecto temporada de premios

Los Premios Goya, al igual que ocurre con los Premios Oscar, consiguen concentrar la atención de los medios. Durante ese tiempo vemos reportajes, curiosidades de las nominadas, entrevistas al reparto, debates sobre la salud del cine y hasta reestrenos de las películas nominadas. La atención es tal, que la gala de los Premios Goya 2025 tuvo más de 2,3 millones de espectadores y un 24,4% de cuota de pantalla. Desde que se hizo la primera gala de los Goya hace 40 años, el impacto en el público ha ido creciendo y ahora es el evento del año. Ese día miramos el cine español pero fuera de ese ciclo, la tostada se la comen las plataformas de streaming y los estrenos de Hollywood. No porque no se hagan películas sino porque no están en el radar mediático. De hecho ni existe ese radar porque no se escribe ni se habla de ellas fuera de pequeños nichos. 

En España se estrena más cine estadounidense que español y el primero aporta muchísimo más dinero que el segundo, especialmente si lo comparamos con los estrenos de unos y otros. Según datos del anuario de la SGAE, en 2024 el 68,8% de la recaudación en taquilla venía de estrenos estadounidenses. Pero la diferencia entre el número de estrenos españoles y estadounidenses apenas era de 5 películas: 787 títulos estadounidenses frente a las 782 películas españolas. No es que haya más películas extranjeras sino que tienen un peso cultural y comercial mayor en la taquilla comparado con el cine español.

Sin una inversión fuerte en promoción, una película dura en cartelera dos o tres semanas si no funciona. Muchas de las películas producidas en España ni siquiera tienen campaña de marketing. En cambio, salir nominada en los Goya es la publicidad perfecta hasta cuando no ganas después premios. Se habla de las películas en todos lados, pero en un corto espacio de tiempo. Si combinamos los datos de taquilla, los informes de asistencia y la cobertura mediática podemos ver un patrón: pocas películas españolas consiguen grandes cifras (solo la película de Segura superó el millón de recaudación), y el cine extranjero domina el terreno. 

Cine de autor Vs. cine de Segura

Quizá el problema es que solo vemos el cine en temporada de premios porque realmente ese cine es el cine de autor que no atrae a la gente en masa. Cuando se hacen películas, y si simplificamos mucho el asunto, lo que se busca es ganar dinero contando algo, lo que sea. Pero si haces un cine que evita la sobreexplicación, que no es para todos o que tiene una forma fuera del mainstream- como podría ser ‘Sirât’- las salas no se llenan, los productores no ganan tanto dinero y las películas se terminan perdiendo. En cambio con los premios ese cine de autor recibe la visión del público aunque sea por tiempo limitado. 

Ahí entra el fenómeno Santiago Segura y su olfato para los negocios: el director ha entendido que el verano necesita cine fácil, familiar y reconocible. Sabe que en ese momento es más fácil que los padres vayan al cine con sus hijos y su saga representa ese cine comercial que ocupa un espacio por el que el resto del cine español (el de autor en este caso) no compite. Entre ese cine premiado que es más íntimo, más social o más dramático, y el cine facilón de Segura, no existen apenas términos medios. En países como Francia, esa separación es menor. Aquí, cuando hablamos del cine español, tendemos a pensar en el cine “serio” que gana premios y no en el segundo que es puro entretenimiento. Ni en todo lo que no es ni lo uno ni lo otro. Esto genera esa sensación de que el cine español solo existe cuando hablamos de los Goya.

A esto hay que sumar algo y es que las plataformas de streaming han cambiado el tablero de juego y cada vez es más el contenido que no pasa apenas por el cine, pero que luego triunfa allí. ‘El hoyo’, por ejemplo, solo se llevó un Premio Goya en su momento, pasó sin pena ni gloria por las salas de cine pero arrasó en Netflix no solo en España, también fuera. Más dinero y más visibilidad.

Quizá al final de todo solo es una cuestión de narrativa. Repetimos una y otra vez el mismo patrón y los medios solo hablamos de cine español en los Premios Goya. El resto del año no prestamos atención porque no vende, aunque el cine español siga existiendo. 

Fotos | Sirât, Padre no hay más que uno 5, El hoyo, RTVE

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