De no poder ni pagar un vuelo a viajar en su yate de 120 millones de dólares: la bonita historia de la viuda de Steve Jobs

Hubo un tiempo en el que solo podía permitirse coleccionar sellos de los lugares que soñaba con visitar

María Yuste

Editor Senior

Antes de convertirse en una de las mujeres más ricas del mundo, Laurene Powell Jobs tenía una forma mucho más modesta (y casi poética) de viajar: coleccionando sellos de países lejanos que no podía permitirse visitar, según cuenta el Washington Post, que guardaba como quien manifiesta un futuro en el que fueran más que un trocito de papel.

Su infancia no tuvo nada que ver con el imaginario de Silicon Valley. Tras la muerte prematura de su padre en un accidente aéreo (era piloto de los Marines), su madre sacó adelante a cuatro hijos menores de seis años con recursos limitados. Se convirtió en una casa con una ética de trabajo en la que todos contribuían. De este modo, Laurene repartió periódicos, como sus hermanos.

Aquella etapa de su vida no solo definió su relación con el dinero, sino también con el esfuerzo. Antes de cumplir los veinte, ya había hecho de todo: desde quitar nieve hasta cuidar niños, pasando por dar clases de natación o trabajar como socorrista. Más tarde, llegarían los turnos como camarera. Nada glamuroso, todo muy formativo.

TechCrunch

La vida de Laurene, sin embargo, cambió drásticamente al cruzarse con Steve Jobs, el creador y visionario detrás de Apple. Pero reducir su historia a ese encuentro sería simplificar demasiado su figura.

Graduada por Stanford y con una fuerte implicación en causas sociales, Laurene ha construido también su propio legado, especialmente al frente de Emerson Collective, una organización centrada en proyectos de ayuda a la educación, inmigración y justicia social. Hoy, su fortuna se estima en miles de millones, pero su narrativa no gira solo en torno al dinero. Al menos no de forma tradicional y caricaturesca.

El yate que convierte los sueños en coordenadas

Si hay un símbolo que resume su viaje es el Venus, el superyate de 78 metros valorado en unos 120 millones de dólares y en el que ahora puede viajar donde quiera.

Diseñado junto al francés Philippe Starck, el barco fue uno de los últimos proyectos en los que se implicó Jobs antes de morir. No llegó a verlo terminado, pero dejó en él su obsesión por el detalle: líneas limpias, tecnología integrada y ese minimalismo que convirtió en vida en seña de identidad.

WestportWiki

El Venus tiene seis cubiertas, un amplio club de playa y capacidad para una docena de invitados en seis camarotes. Lo que lo diferencia de otros es que sus espacios están pensados más como un refugio para la aventura que un medio para presumir lujo. 

A bordo, Laurene ha recorrido lugares a los que, décadas atrás, solo tenía acceso a través de su colección de sellos: desde Ámsterdam, Australia, Turquía, Mónaco, Italia o Mallorca, entre otros.

Lo fácil sería leer esta historia como un cliché aspiracional: de no tener nada a tenerlo todo. Pero hay un matiz extra que es lo que la hace verdaderamente interesante. Laurene Powell Jobs no solo ha acumulado patrimonio (propiedades millonarias, inversiones inmobiliarias, un estilo de vida de ensueño), sino que ha mantenido intacta esa idea del viaje como experiencia, no como lujo, que ya aparecía en su colección de sellos.

Foto de portada | Ali Bakhtiari 

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