
La inseguridad me comía y acabé viendo tutoriales de maquillaje hasta convertirlos en ASMR
Hace más de un año mi cuñada, la hermana de mi chico, me comunicó dos cosas: que se casaba y que quería que yo me encargara de su look. Pensé que quería que la acompañara a probarse vestidos, algo que me hacía muchísima ilusión, pero no se refería solo a eso, necesitaba que la maquillara y la peinara para el día más importante de su vida, palabras textuales ''así de tu estilo, algo sencillito, como tú te maquillas''.
Mi respuesta fue un sí rotundo, sin ser yo nada de eso
Antes de contaros lo que fue para mi esta pequeña Odisea -chúpate esa Nolan- he de confesar que no suelo maquillarme, es más, llevo con la misma base, que en realidad es una crema hidratante con color, años y si tengo algún producto más ''profesional'' de lo común es más por la capacidad de Instagram de venderme cosas, que por experiencia en este campo. Con el peinado ocurre exactamente lo mismo, llevo haciéndome las mismas ondas siglos. ¡Eso si me peino! Por no hacer, no me seco ni el pelo.
Si a todo esto le sumamos que soy tremendamente insegura, pero a la vez people pleaser, os podéis imaginar la responsabilidad que supuso para mí. Aunque dije que sí desde el minuto uno. Por suerte, si algo tiene mi cuñada es que le da la importancia justa a las cosas, ella confiaba en mi y lo tenía clarísimo.
Gloria (así se llama mi hermana ante la ley) es bastante minimalista en cuanto a maquillaje, su gasto en estas cosas suele ser mínimo y solo contaba por aquel entonces con una base de maquillaje de Deliplus cuya fecha de caducidad era un misterio. Así que la tarea principal que nos propusimos antes de empezar a hacer pruebas fue encontrar la base perfecta.
Como queríamos un acabado natural pretendíamos comprar la misma que yo utilizo, la de BareMinerals, pero ya no se vende en España a no ser que sea online, así que lo descartamos porque no podíamos probarla para averiguar el tono perfecto. Después de recorrer varias perfumerías con pruebas nada concluyentes -y la cara de mi cuñada dos tonos por encima del suyo- encontramos una oferta que me cargó las pilas de optimismo para afrontar la tarea: una base de Sisley ligera, luminosa y prácticamente hecha a medida para Gloria a mitad de precio (estábamos en el Black Friday). Todavía me arrepiento de no haberla pillado también para mí.
Con la base (nunca mejor dicho) en nuestras manos empezamos con las pruebas. Yo me había visto ya varios tutoriales en YouTube, sobre todo para evitar efecto acartonado e intentar trabajar la piel para que se viera jugosa y natural. Me creé una carpeta en Pinterest y compré iluminadores, coloretes y demás productos en crema para aplicarlos de forma más sencilla.
Ya estábamos listas para la primera prueba. Mis nervios estaban a tope no solo por hacerlo bien, también por pasar dos horas a solas con mi cuñada, a la que quería mucho, pero con la que hasta entonces apenas había tenido momentos las dos solas. Acabo de llegar como quién dice a esta mi familia política y, aunque Gloria siempre fue súper cercana, todavía me costaba relajarme o encontrar mi sitio del todo con ellos más allá de los planes en los que estaba mi chico.
Tutoriales, pruebas y una mascarilla que casi acaba en tragedia
Las cosas fueron mal: le puse una mascarilla con mi Foreo UFO para prepararle la piel que le picaba, casi le provoco una reacción alérgica, todas mis sombras y coloretes son en tonos rosados (color que a ella no le va nada), y no me atrevía a hacerle la raya en el ojo o ponerle la máscara de pestañas porque me temblaba el pulso. Además, el pelo le quedó más rizado de lo que ella esperaba y tuve que plancharlo al final para quitarle las ondas. Pero eso sí, lo pasamos bastante bien.
Tanto fue así que decidimos probar de nuevo unas semanas después, con una paleta de sombras nueva, un poquito menos de colorete (en tonos marrones claros) y mucha más confianza ahora que ya calibramos los errores. Al final, perdí la cuenta de las pruebas que hicimos -ver tutoriales de maquillaje se convirtió en ASMR- pero la verdad es que casi siempre las proponía yo porque me hacían sentir más segura con cada paso y mas a gusto abriéndome con Gloria.
Me he dejado un dato bastante importante: la boda no fue una boda cualquiera, fue una fiesta íntima en Escocia, concretamente en mitad de las Tierras Altas. Así que a todo este torbellino de emociones hay que sumarle un viaje, un lugar de cuento (el más bonito que he visto nunca) y una boda sencilla, pero tan cuidada y preciosa, que sentía que meter la pata no era una opción.
Llegó el dia B (o N de nervios)
Para sorpresa de nadie, el día de la boda estaba un poco de los nervios como buena dramática -casi más que la novia, que era un bálsamo de tranquilidad- pero creo firmemente (cada día más) que soy la típica persona que trabaja mejor bajo presión. Cuando estoy al límite, me pongo en modo focus y doy lo máximo.
Las cosas fluyeron y fueron saliendo casi por arte de magia. Como cuando vas agobiada a un examen que te has preparado mucho porque era importante y crees que no te acuerdas de nada pero te sientas y no paras de escribir. Así fue, Gloria estaba guapísima (porque lo es) pero además, estaba contenta con el resultado. Me había salido mejor que nunca -sus palabras, no las mías- y sin retrasos. La cosa fue tan bien que el peinado resistió a una sesión de fotos a lo Outlander con el viento de las Highlands y el maquillaje aguantó prácticamente intacto hasta el final (baile incluido).
Lo que me llevo en el corazoncito de todo esto
Pero de toda esta experiencia me quedo con un sentimiento profundo de agradecimiento. Formar parte de ese día tan bonito y tan importante para mi cuñada me hizo sentirme parte de la familia, más que nunca. Y creo que la prueba definitiva de que algo cambió entre nosotras es que ahora nos mandamos memes por Instagram y stickers por WhatsApp constantemente, que supongo que es una forma bastante oficial de certificar que ya somos amigas. Hemos desarrollado en parte nuestros propios códigos y, cuando algo nos parece un disparate, basta con cruzarnos la mirada para echarnos una risilla. No sé en qué momento pasó, pero me encanta que haya pasado.
Y es que Gloria tiene eso, lo comprendí el día de la boda, charlando con sus amigas más cercanas (fuimos solo 20 invitados) y su familia (la política y la de sangre): es integradora, como una especie de pegamento discreto que hace que todo el mundo esté a gusto y se lleve bien. Durante todo este año, mientras preparábamos el día más feliz de su vida, he descubierto lo que ya sabía, que tengo una cuñada estupenda y que si antes la apreciaba, ahora la quiero a nivel Esteban: yo por mi Gloria ma-to.
Fotos | @the_caryls, @maria_barba
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