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Imaginaos que el director del diario deportivo más importante de un país recibiese una llamada del presidente de un club de fútbol en la que le pregunta cuál de los candidatos a ser entrenador le parece el más adecuado para su equipo. Y tras esa llamada, sonase de nuevo y el presidente del equipo rival del anterior estuviese tras el teléfono para preguntar a qué delantero deberían fichar. No parece algo demasiado verosímil ¿verdad?

Pues en realidad algo así sucede en el mundo de la moda, en la que la directora de la publicación de mayor prestigio, influye en decisiones tan importantes como el nombramiento de un nuevo director creativo, fotógrafos que acaparan campañas e incluso en política de su país. Hablo, por supuesto, de Anna Wintour.

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Está por ver el futuro de Galliano como “becario” de Oscar de la Renta, pero no existe ninguna duda de que fueron las negociaciones de Wintour y las de André Leon Talley las que le llevaron a conseguir ese puesto con el que vuelve al ruedo.

Aunque es algo que no debería de extrañar a nadie porque está claro que no fue solo su genio el que lo llevó a diseñar para Dior, sino que contó con la colaboración de Anna Wintour. Fue ella la que recomendó a Bernard Arnault su contratación como diseñador de Givenchy en 1995, como banco de pruebas para dar el salto, poco más de un año después a Dior. Su sustituto fue otro inglés, Alexander McQueen, y que por supuesto también recomendó ella. Y es que no hay mejor lotería para un diseñador que estar bajo su manto protector.

El último de sus protegidos en ocupar una gran “maison“ ha sido Alexander Wang, estrella de una generación de diseñadores norteamericanos de origen asiático (su la última gran apuesta) y que fue el candidato de la directora de Vogue para sustituir a Nicolás Ghesquière al frente de Balenciaga.

Marc Jacobs es otro de los diseñadores que puede considerarse muy afortunado por tenerla a su lado. En 1994 contaba ya con dos premios de la CFDA, uno como diseñador revelación en 1987 por su trabajo en Perry Ellis y otro en 1992 como Mejor diseñador para mujer, pero a pesar de todo esto estaba pasando una terrible racha económica. Ni él ni su socio, Robert Duffy, podían permitirse el coste de organizar un desfile. Naomi Campbell y Linda Evangelista aceptaron desfilar gratis para él pero fue Anna Wintour la que convención a Donald Trump para que le dejase utilizar las instalaciones del Hotel Plaza de Nueva York para poder celebrar el desfile. Trump solo exigió sentarse al lado de Anna en la primera fila, vestida en blanco y negro, convirtiéndose así esta imagen en una de las más famosas de esa temporada de desfiles. En 1997, Marc Jacobs ya era el director creativo de Louis Vuitton y la marca bajo su nombre ya era un éxito de ventas.

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Pero la sombra de Wintour es alargada y parece que ha dado el salto a la política. Uno de los últimos rumores es que el Barack Obama se plantea nombrarla embajadora en Londres como agradecimiento a todos sus esfuerzos y dinero recaudado para sus dos campañas campañas presidenciales. Y es que la directora de Vogue no dudó en apoyar en 2008 al candidato Obama cuando la candidata Hillary Clinton, la primera “primera dama” que posó para Vogue, rechazó volver a ser portada de la revista alegando que podría hacerla parecer demasiado femenina y así restarle votos.

Quizás Lauren Weisberger, ex asistente de Anna Wintour y autora de “El diablo viste de Prada” la novela que contaba las desventuras de una asistente patosa de una tirana directora de una revista de moda y que se convirtió en una película de éxito, y a la que Anna Wintour asistió al estreno de la misma vestida de Prada, se plantee mostrar este posible giro en la trama.

Fotos | Gtresonline
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