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Lo que me impresiona de Amaya Arzuaga es su capacidad para tratar los tejidos; siempre ha sido una pionera en eso de utilizar materiales tecnológicos como la fibra óptica cortada a láser y aplicada en cascada con técnicas más propias de la NASA que de una jóven criada en una fábrica textil en la provincia de Burgos, pero el vanguardismo y la inquietud parece que no son cosas de urbanitas, ella, esa burgalesa de toda la vida, es ahora una de nuestras diseñadoras más prestigiosas.

Y menos mal que, aunque demasiado pronto, ha aparecido en una Cibeles que en ocasiones, aburre, y es una pena, porque si los diseñadores españoles pecan de algo, y mucho, es de ser cansinamente repetitivos, pero Arzuaga siempre insufla una bocanada de aire fresco a una semana dominada por, casi siempre, más de lo mismo.

Su colección para la próxima primavera-verano 2009 se basa en los ciclos lunares y su prenda fetiche, es el vestido; asimétricos, voluminosos, satinados y adornados o construidos a partir de grandes y maravillosos lazos haciendo del tipico vestido de cóctel una caricatura de él mismo.

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Sus estructuras son definitivamente hiperbólicas y el patron se repite en microfaldas globo y tops que combina con su ya clásico pantalón pitillo; todo a base de pliegues y fruncidos que parecen casi imposibles, haciendo un malabarístico ejercicio de artesanía bien entendida.

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La confección de los bustiers en sus vestidos es precisa y encaja a la perfección con la figura femenina (no se puede decir lo mismo de otros, porque ayer vi vestidos que bailaban en el cuerpo de las modelos, y sí, están delgadas, pero para algo existen los fittings).

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Aparte de sedas viscosadas y polimidas, Arzuaga, quién autofabrica todas sus telas, utiliza plumas para ornamentar y embellecer y así y suavizar sus siluetas imposibles, también hay cabida en su colección para el sosiego y algo de clasicismo.

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Sus colores: el azul intenso, el fucsia, el berenjena y el ciruela, aparte de los omnipresentes gris, blanco y negro.

Y una vez más, gracias Amaya por romper la monotonía y regalarnos tu particular visión de la mujer y del mundo.

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