Una de las últimas costas vírgenes del Mediterráneo está en Castellón: senderos junto al mar, castillos y arroz valenciano

Parque Natural De La Serra Dirta

Un parque natural con aguas cristalinas y acantilados que muchos turistas no saben lo cerca que está

María Yuste

Editor Senior

Entre las localidades de Peñíscola y Alcossebre se abre un tramo de costa que parece resistirse a la lógica del veraneo masivo. Se trata de la Serra d’Irta o Sierra de Irta, uno de los últimos paisajes litorales mediterráneos sin urbanizar. O lo que es lo mismo: 13 kilómetros de calas, acantilados y senderos donde el mar no compite con chiringuitos ni urbanizaciones. Aquí el Mediterráneo solo viene aderezado con pino, tomillo y sal. Declarado parque natural en 2002, este enclave protegido funciona como una especie de recordatorio de que este litoral existió alguna vez así, salvaje, intacto y sin domesticar.

Qué ver en Sierra de Irta: torres, castillos y calas que parecen escondidas a propósito

La Sierra de Irta no va de monumentos en el sentido clásico, sino de piezas dispersas de historia incrustadas en el paisaje. Uno de los símbolos más reconocibles es la Torre Badum, una atalaya del siglo XVI suspendida sobre un acantilado que parece diseñada para vigilar no solo a los piratas, sino también el paso del tiempo. Desde allí, el mar se abre como un plano infinito.

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En el interior, no obstante, el paisaje se vuelve más seco y montañoso, salpicado de restos medievales como el Castillo de Xivert y el Castillo de Polpís, antiguos enclaves defensivos que aún conservan esa estética de ruina poderosa, casi de película

El lado más espiritual lo ponen las ermitas encaramadas a lo más alto: la Ermita de Santa Lucía i Sant Benet o la de Sant Antoni, miradores naturales desde los que el litoral se entiende mejor en su conjunto: una línea de calas rotas, acantilados y verde mediterráneo.

Pero si hay algo que realmente define este parque natural son sus playas. No hay una sola playa principal, sino una sucesión de calas que van cambiando de carácter: Cala Mundina es pequeña y casi introspectiva, Playa del Pebret destaca por su sistema dunar y aspecto salvaje, mientras que en la tranquila Cala Ribamar el paisaje parece fundirse sin esfuerzo entre montaña y mar.

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Dónde comer rico y barato en Sierra de Irta: sabor mediterráneo sin postureo

La gastronomía aquí no compite con el paisaje sino que lo acompaña. En pueblos como Alcossebre y alrededores, la cocina es de producto, sin complicaciones y pensada para días de playa largos. La clave no es tanto el restaurante como la ubicación: comer o cenar mirando al mar y en terrazas que huelen a sal.

En primera línea de playa, uno de los clásicos renovados del verano es El Arenal, donde el arroz y la fideuà son protagonistas, pero con una puesta en escena muy de sobremesa larga frente al Mediterráneo. 

Más relajado, casi de chiringuito bien entendido, está El Palmeral Beach Bar, que funciona como punto de encuentro perfecto entre baño y comida. Tapas, pescado a la plancha y ambiente continuo de verano sin necesidad de cambiarse de ropa.

Para una versión más nocturna del mismo espíritu, Lemon Terraza Pub eleva el tono con terraza con vistas y cócteles cuando el sol cae. No es un restaurante al uso, pero sí ese tipo de sitio en el que la noche se acaba alargando sin haberlo planeado.

Y en la línea de los clásicos del paseo marítimo, Déjà vú Restaurante mantiene ese formato híbrido entre bar y restaurante donde se va tanto a cenar como a quedarse viendo pasar el verano.

Y si apetece sentarse un poco más a gusto tras una jornada de senderismo o baño, Can Roig mantiene ese equilibrio entre cocina mediterránea y ambiente relajado que encaja con el espíritu de esta zona de Castellón.

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Qué hacer en los alrededores de Sierra de Irta: calas, miradores y caminos que llevan al mar

El plan en la Sierra de Irta más que hacer cosas de una larga lista es moverse sin prisa. Una de las mejores formas de entenderla es seguir el litoral a pie, enlazando calas: desde las más accesibles cerca de Alcossebre hasta tramos más salvajes en dirección a Peñíscola.

El entorno de la Playa del Pebret es uno de los puntos más especiales del recorrido: dunas, vegetación adaptada al salitre y un mar que aquí parece más transparente por la ausencia de ruido. Muy cerca, el sendero hacia la Torre Badum ofrece uno de los miradores más espectaculares del litoral valenciano.

Hacia el interior, las rutas se vuelven más secas y aromáticas, con romero, palmito y pinares acompañando el camino. Es una sierra baja, sin grandes desniveles, lo que la hace accesible incluso en verano si se evitan las horas centrales del día.

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Y como cierre natural del viaje, siempre aparece Peñíscola, con su silueta fortificada emergiendo en el horizonte, recordando que este tramo de costa tan intacto convive con uno de los destinos más conocidos del Mediterráneo.

La Sierra de Irta no parece ofrecer mucho sobre el papel: agua, tiempo y ganas de caminar. Sin embargo, lo que te encuentras en la práctica es algo cada vez más raro en un destino de veraneo: la sensación de que el paisaje no ha sido diseñado para los turistas.

Foto de portada | Generalitat valenciana

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