Ni Sóller ni Valldemossa: el pueblo de Mallorca que aún conserva el encanto de hace décadas y se puede pasear sin agobios en julio

portocolom

Muchos turistas pasan de largo y se pierden uno de los pueblos más bonitos y menos masificados de Baleares

María Yuste

Editor Senior

Mientras que algunas zonas de Mallorca son sinónimo de colas, sombrillas pegadas unas a otras y calles donde la tranquilidad brilla por su ausencia, hay un pueblo que vive en una especie de realidad paralela al verano mediterráneo turístico. Se trata de Portocolom, un pequeño pueblo marinero que ha logrado resistir mejor que otros destinos el impacto del turismo de masas. Así que, en julio, cuando en el Mediterráneo se instaura el overbooking, sigue ofreciendo algo parecido a unas vacaciones de verdad.

Situado en la costa sureste de la isla y con una población de unos 4.000 habitantes, no es que no reciba visitantes, pero su esencia sigue siendo la de un pueblo costero en el que la gente vive, trabaja y sale a pasear al caer la tarde. Todavía hay pescadores que regresan al puerto, vecinos que se saludan por su nombre y terrazas donde las conversaciones importan más que la foto para Instagram.

Sigismund von Dobschütz

Parte de su encanto reside en que alberga el puerto natural más grande de las Baleares, una enorme bahía protegida donde se mezclan las embarcaciones tradicionales, pequeños barcos de pesca y algunos veleros. A su alrededor se despliega otra estampa difícil de olvidar: casitas de pescadores con fachadas blancas salpicadas de colores pastel, embarcaderos privados y un paseo marítimo para caminar sin rumbo fijo.

Qué ver en Portocolom

La mejor manera de descubrir Portocolom es olvidarse del móvil y seguir el paseo que bordea el puerto. El corazón del pueblo se encuentra en Es Riuetó, la zona más pintoresca de la localidad, donde las tradicionales casas de pescadores se reflejan sobre el agua y los antiguos llaüts mallorquines permanecen amarrados frente a sus embarcaderos.

Enric

Muy cerca se encuentra la iglesia de Mare de Déu del Carme, dedicada a la patrona de los marineros. Su presencia recuerda que Portocolom fue, durante siglos, una comunidad estrechamente ligada al mar y a la pesca. En torno a ella se articula parte del casco antiguo, uno de los mejor conservados de la costa mallorquina.

El paseo puede continuar hasta la Torre de Portocolom, una antigua construcción defensiva levantada para vigilar posibles incursiones piratas. Desde allí las vistas permiten comprender la magnitud de este puerto natural que durante siglos fue una importante vía comercial para la exportación del vino producido en el interior de la isla.

Gabriela Coronado Hernández

Uno de los lugares más fotografiados es el faro de Portocolom, reconocible por sus franjas blancas y azules. Situado sobre los acantilados de Sa Punta, ofrece una de las panorámicas más bonitas de la costa este mallorquina, especialmente al atardecer, cuando la luz dorada transforma el mar en un espejo de tonos cobrizos.

Quienes busquen rincones menos conocidos pueden acercarse a los llamados Baños de Cleo, unas piscinas naturales excavadas por la erosión en las rocas de la costa. Eso sí, el acceso requiere caminar con cierta precaución, pero la recompensa son aguas transparentes y una de las estampas más salvajes de esta parte de Mallorca.

Dónde comer rico y barato en Portocolom

A diferencia de otros destinos donde abundan los restaurantes pensados exclusivamente para los turistas, en Portocolom todavía es posible encontrar establecimientos frecuentados por residentes y con precios razonables para tratarse de Mallorca.

Asurnipal

Una de las opciones más recomendables es Sa Cova Dets Ases, situado junto a la plaza de la iglesia. Su ambiente local carta con platos tradicionales mallorquines encaja perfectamente con el espíritu de sencillez del pueblo. No olvides pedir pa amb oli.

También merece la pena acercarse a Vora Mar, uno de esos restaurantes donde la ubicación frente al puerto forma parte del menú. Sus arroces, pescados y recetas mediterráneas lo han convertido en una referencia tanto para visitantes como para vecinos de la zona.

Para quienes prefieren una comida informal junto al mar, El Chiringuito de s'Arenal es una apuesta segura. Su ubicación junto a la playa y su ambiente relajado hacen que la sobremesa se alargue sola mientras se contempla el Mediterráneo. Resulta especialmente agradable a última hora de la tarde, cuando el calor afloja y la playa comienza a vaciarse.

Enric

Qué hacer en los alrededores de Portocolom

Uno de los grandes atractivos de alojarse en Portocolom es que queda cerca de algunas de las calas más bonitas de Mallorca, pero sin renunciar a la tranquilidad de un pueblo residencial.

A pocos minutos se encuentra Cala Marçal, una amplia playa de arena clara y aguas transparentes muy apreciada por familias y viajeros que buscan comodidad. Sin embargo, quienes prefieran paisajes más salvajes pueden dirigirse a Cala Brafi o Cala Sa Nau, dos pequeñas joyas rodeadas de pinares y acantilados donde el Mediterráneo adquiere tonalidades turquesas difíciles de creer.

Cristian Bortes

Más allá de la costa, merece la pena reservar una mañana para subir al Santuario de Sant Salvador, cerca de Felanitx. La carretera serpentea entre colinas hasta alcanzar la cima del Puig de Sant Salvador, desde donde se obtiene una de las mejores vistas panorámicas de Mallorca. En los días despejados es posible contemplar gran parte de la isla.

Los amantes del senderismo para todos los públicos también encontrarán recorridos costeros que conectan distintas calas y miradores, mientras que los aficionados al mar pueden aprovechar las tranquilas aguas de la zona para practicar snorkel, paddle surf o realizar alguna excursión en barco por la costa este.

Friedrich Haag

Portocolom no presume de grandes monumentos ni de una vida nocturna frenética. Su atractivo reside precisamente en lo contrario: conservar una Mallorca que parecía desaparecida. Una Mallorca de puertos pesqueros, fachadas color pastel, sobremesas frente al mar y paseos sin postureo. Incluso en pleno julio.

Foto de portada | Enric

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