
Pocos días después de comprometerse con Felipe VI, la pareja viajó a este enclave
Sardéu (o Sardedo en castellano) es una pequeña aldea asturiana que, sin hacer ruido, guarda una historia ligada a la Casa Real a través de la actual reina de España. Aquí estaba la casa de sus abuelos paternos de Letizia Ortiz, Menchu Álvarez del Valle y José Luis Ortiz Velasco. Y aquí pasó buena parte de los veranos de su infancia.
En el Ayuntamiento del municipio de Ribadesella siguen teniendo muy presente que la reina, antes de serlo, disfrutó del concejo desde niña y que, antes incluso de que sus abuelos se instalaran definitivamente en Sardéu, pasaba allí buena parte de sus vacaciones estivales. Con el tiempo, aquel vínculo familiar se convirtió también en una relación personal con el territorio que todavía forma parte de la imagen pública de la reina a día de hoy.
La casa de los abuelos, conocida como La Arquera, es el escenario principal de esa conexión. Menchu Álvarez del Valle explicó en una entrevista que la había adquirido en 1982 y que, después de prejubilarse, se trasladó allí definitivamente con su marido. Describiéndola como un lugar donde puede levantarse por la mañana y contemplar las montañas y la tranquilidad desde la ventana.
La vivienda también se convirtió en un refugio familiar después de la boda de Letizia y el entonces Príncipe de Asturias. La pareja acudió en varias ocasiones a Sardéu para visitar a los abuelos de ella, incluso en los primeros años de su matrimonio. De hecho, en diciembre de 2003, pocos días después de hacerse público su compromiso, Felipe acompañó por primera vez a Letizia a la casa familiar para conocer a sus abuelos.
No obstante, más que para contemplar esta residencia, merece la pena acercarse a Sardéu a esta pequeña aldea rural asturiana porque está rodeada de prados, caserías y paisaje kárstico, en un territorio donde el Cantábrico, la montaña y la prehistoria conviven a muy pocos kilómetros de distancia.
Qué ver en Sardéu
No hay que llegar a Sardéu esperando encontrar una plaza monumental, una sucesión de palacios o un casco histórico al uso. Su atractivo está precisamente en todo lo contrario. Es un núcleo rural pequeño, disperso y tranquilo. Se trata de uno de esos lugares en los que el paisaje tiene tanto peso como la arquitectura. La propia casa de La Arquera forma parte de esa historia, aunque conviene recordar que se trata de una vivienda privada y que no es un monumento visitable.
Uno de los elementos patrimoniales más interesantes de la localidad es la Casa del Barréu, una construcción del siglo XVI que tuvo además un papel singular en la historia de Ribadesella. Durante la Guerra de la Independencia, la corporación municipal riosellana que había huido de la villa se reunió en este edificio. Es uno de esos ejemplos de patrimonio rural que permiten entender que las pequeñas aldeas asturianas también guardan episodios importantes de la historia local.
Pero si hay una razón inesperada para detenerse en Sardéu, esa está bajo tierra. En su entorno se encuentra Cova Rosa, una cavidad de enorme interés arqueológico y geológico asociada a ocupaciones del Paleolítico Superior. Investigaciones arqueológicas han encontrado materiales correspondientes a los periodos Solutrense y Magdaleniense.
Eso sí, Cova Rosa no debe entenderse como una cueva turística al uso. El Ayuntamiento de Ribadesella señala expresamente que se trata de una Reserva Natural Parcial y que su acceso público está vetado por la importancia de la colonia de insectos que alberga. Es decir, forma parte del patrimonio del lugar, pero no de un itinerario turístico.
Para completar la visita hay que acercarse a Moru, donde se encuentra la iglesia de San Salvador. El templo conserva elementos de origen románico, entre ellos el ábside, el arco triunfal y varios canecillos tallados, y está levantado sobre una colina desde la que se disfruta de una de esas panorámicas que explican mejor que cualquier folleto por qué esta zona de Asturias resulta tan especial.
Y, por supuesto, está Ribadesella. A pocos kilómetros de Sardéu aparece la villa marinera con la que la familia Ortiz ha mantenido históricamente una relación tan estrecha. Su casco antiguo, el paseo marítimo, el puerto, la ermita de la Virgen de Guía y la playa de Santa Marina permiten cambiar en apenas unos minutos el silencio rural de Sardéu por una Asturias mucho más marinera. El Ayuntamiento, de hecho, bautizó como Paseo Princesa Letizia parte del paseo marítimo en reconocimiento a ese vínculo.
La gran visita cultural de la zona es la cueva de Tito Bustillo, uno de los conjuntos de arte paleolítico más importantes de Europa. La cavidad, descubierta en 1968, conserva más de un centenar de representaciones grabadas y pintadas y forma parte del conjunto de arte rupestre asturiano reconocido por la UNESCO. Para quien quiera entender la historia de este territorio más allá de sus paisajes verdes, es una parada imprescindible.
Dónde comer rico y barato en Sardéu
Sardéu es demasiado pequeño tener una ruta gastronómica propia, así que lo más sensato es desplazarse hasta Ribadesella, donde hay una oferta suficiente para comer bien y variado: sidrerías, pescados, mariscos, fabes, carnes y cocina tradicional forman parte del viaje.
Una opción es Mesón El Labrador, cuyo perfil encaja con lo que se busca en una escapada de este tipo: cocina asturiana y precios moderados. Es el tipo de lugar al que acudir después de una mañana recorriendo pueblos cuando lo que apetece es sentarse ante un plato contundente y comer como en casa.
También merece la pena reservar mesa en Sidrería El Tarteru, una de las opciones con mejor valoración de Ribadesella. Su ambiente de sidrería y una carta centrada en la cocina asturiana hacen que sea una parada muy representativa de la gastronomía local. Además, se puede comer por 20-30 euros por persona.
Otra alternativa es Sidrería La Guía, situada en el centro de Ribadesella y también con una franja de precios entre 20-30 euros. Su ubicación permite cuadrar la comida con un paseo por el casco histórico y acercarse después hasta la zona del puerto o la playa de Santa Marina.
Qué hacer en los alrededores de Sardéu
Una de las grandes ventajas de Sardéu es que permite tener dos Asturias distintas a pocos kilómetros. Por un lado, el paisaje rural de las aldeas del interior; por otro, el Cantábrico, con playas, acantilados y senderos costeros.
La primera parada debería ser Guadamía, una playa pequeña y muy diferente a los grandes arenales del litoral asturiano. Se encuentra en el límite entre Ribadesella y Llanes y está excavada en la roca, de manera que con la pleamar puede parecer una enorme piscina natural. El paisaje es especialmente llamativo por su carácter kárstico y por las paredes rocosas que la rodean.
Muy cerca aparecen los Bufones de Pría, uno de los espectáculos naturales más singulares de Asturias. Son grietas y cavidades comunicadas con el mar por las que, cuando el oleaje golpea con fuerza, el agua sale despedida hacia arriba acompañada de un característico estruendo. Eso sí, dependen completamente del estado del mar, por lo que los días de temporal son los que ofrecen mayor posibilidad de verlos en acción.
Para caminar, una de las mejores opciones es la ruta de los Acantilados del Infierno, que parte del área recreativa de Guadamía y recorre la costa de Ribadesella. El itinerario circular oficial tiene algo más de 11 kilómetros, está catalogado como fácil y permite descubrir formaciones como los acantilados de Castro Arenas y Tomasón, el Pozo Tuerba y los islotes de Palo Verde y Palo Pequeño. Es una ruta de costa, más panorámica que montañera, y una buena manera de entender el paisaje que rodea Sardéu.
Si se busca algo todavía más tranquilo, la senda del río Guadamía permite recorrer unos cuatro kilómetros entre el interior y la costa, enlazando paisajes de ribera con las formaciones kársticas de esta parte del litoral asturiano. Es una alternativa especialmente interesante para quienes quieren caminar sin afrontar una ruta de montaña exigente.
Y para quienes prefieran cambiar el Cantábrico por la montaña, el pico Mofrechu ofrece una perspectiva completamente distinta. Con 891 metros de altitud, es una de las cumbres más representativas del entorno de Ribadesella y desde arriba se divisan tanto el Cantábrico como la propia villa y los Picos de Europa. La ruta oficial desde el Collado Tresllende suma 8,38 kilómetros y presenta un desnivel acumulado de 649 metros, por lo que ya exige una preparación física mayor que los paseos costeros.
También está la playa de Vega, uno de los grandes arenales del concejo y una opción especialmente atractiva si se busca una playa más abierta y salvaje. Sus aproximadamente 1.500 metros de arena forman parte del Monumento Natural de Entrepeñes y Playa de Vega, un espacio que incluye dunas, acantilados y yacimientos paleontológicos. Es además una zona apreciada por los aficionados al surf debido su oleaje habitual.
Y, finalmente, está Santa Marina, la playa urbana de Ribadesella. Más animada y accesible que Vega o Guadamía, tiene alrededor de 1,2 kilómetros de arena dorada y está flanqueada por un paseo marítimo donde sobreviven numerosas villas modernistas e indianas. Es el lugar perfecto para terminar el recorrido: después de conocer el paisaje rural de Sardéu, regresar al mar y caminar por una Ribadesella en la que la Reina fue Letizia mucho antes de convertirse en la mujer más poderosa de España.
Foto de portada | Dawlad Ast y Junta Informa
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