
Literalmente, ha descrito la localidad como: "Mi refugio, mi descanso, mi paz"
Si hay alguien que ha conseguido caer bien incluso a quienes no siguen el fútbol es Luis de la Fuente. El seleccionador que ha llevado a España a conseguir su segundo Mundial transmite una imagen basada en la serenidad, el trabajo constante y una cercanía que ha conquistando a buena parte del país. Precisamente esos mismos valores son los que muchos vecinos de Haro identifican con él y con la tierra que lo vio nacer. Durante el Mundial, la ciudad se volcó para animarle y se convirtió en uno de los epicentros de apoyo en La Rioja, demostrando el enorme vínculo que el técnico sigue manteniendo con sus orígenes.
Luis de la Fuente nunca ha ocultado que Haro sigue siendo su refugio. Allí pasó su infancia, allí regresa siempre que puede y allí fue nombrado "Jarrero Ilustre", un título honorífico otorgado por el Ayuntamiento a personas destacadas por su trayectoria profesional, méritos excepcionales o por llevar el nombre de la ciudad con orgullo. Incluso el estadio municipal lleva hoy su nombre como homenaje. El propio entrenador ha definido literalmente la localidad como "mi refugio, mi descanso, mi paz", una frase que resume perfectamente la conexión emocional que mantiene con este rincón de La Rioja Alta.
Entre bodegas centenarias, plazas tranquilas y un casco histórico para caminarlo sin prisa, Haro es el destino detrás de uno de los grandes referentes del deporte español que merece una escapada mucho más allá del vino por el que es mundialmente conocida.
Qué ver en Haro
Aunque el vino es su gran carta de presentación, Haro tiene suficientes atractivos para llenar una escapada de fin de semana. El paseo suele comenzar en la Plaza de la Paz, el auténtico corazón de la ciudad, presidida por el Ayuntamiento y rodeada de terrazas donde siempre parece haber ambiente.
Muy cerca se alza la iglesia de Santo Tomás, uno de los grandes ejemplos del gótico tardío riojano. Su impresionante portada plateresca es una de esas fachadas que te llevas contigo en un puñado de fotos en tu galería del móvil.
Después merece la pena perderse por las calles del casco histórico hasta llegar a algunos de sus palacios nobiliarios, como el Palacio de Bendaña, actual sede del Museo del Torreón. Este pequeño museo combina exposiciones temporales con parte de la historia de la ciudad.
Pero si hay un lugar que convierte a Haro en un destino único es el Barrio de la Estación. En apenas unos cientos de metros se concentran algunas de las bodegas más prestigiosas de España, muchas de ellas fundadas a finales del siglo XIX. Pasear entre sus edificios históricos, visitar alguna de sus instalaciones o participar en una cata permite entender por qué Haro está considerada una de las capitales internacionales del vino.
Y, para quienes viajen siguiendo la pista del entrenador, siempre queda acercarse al Estadio Luis de la Fuente, donde la ciudad decidió inmortalizar el nombre de su vecino más ilustre antes incluso de que levantara la Copa del Mundo.
A las afueras de Haro también merece la pena acercarse hasta la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, conocida popularmente como la ermita de Los Felices. Rodeada de viñedos y situada en un entorno tranquilo, este templo del siglo XIII tiene un interés que trasciende lo histórico y artístico. El paraje invita a detenerse a disfrutar de las vistas sobre el paisaje vitivinícola que ha dado fama internacional a la comarca, especialmente bonito durante el otoño, cuando las viñas se tiñen de tonos ocres y rojizos.
Otro de los rincones imprescindibles es la Basílica de Nuestra Señora de la Vega, dedicada a la patrona de Haro. El templo, fruto de distintas ampliaciones a lo largo de los siglos, conserva en su interior una valiosa imagen gótica de la Virgen de la Vega y forma parte de la historia y las tradiciones de la ciudad. Justo a su lado se extienden los Jardines de la Vega, uno de los espacios verdes más agradables para hacer una pausa durante la visita, pasear entre árboles centenarios o simplemente sentarse a disfrutar del ambiente relajado.
Dónde comer rico y barato en Haro
Una escapada a Haro también se disfruta alrededor de la mesa. Uno de los grandes clásicos del lugar es Restaurante Terete, toda una institución donde el protagonista absoluto es el tradicional cordero asado. Lleva décadas siendo una referencia tanto para los vecinos como para quienes visitan la ciudad y conserva ese ambiente de restaurante de toda la vida.
Quienes prefieran una cocina riojana más variada encontrarán una apuesta muy recomendable en Restaurante Beethoven. Su carta combina recetas tradicionales con platos actuales y ofrece una excelente relación calidad-precio, algo poco habitual en destinos tan turísticos.
Otra opción muy bien valorada es Restaurante El Jarrero, perfecto para probar especialidades locales en pleno centro histórico sin necesidad de hacer un gran desembolso. También merece una mención Sabai Restaurante, que apuesta por una cocina creativa pero de precios contenidos y se ha convertido en uno de los locales mejor valorados de la ciudad.
Qué hacer en los alrededores de Haro
La ubicación de Haro permite descubrir algunos de los paisajes más interesantes del norte peninsular sin necesidad de recorrer muchos kilómetros. A apenas unos minutos del centro se encuentran los Acantilados de Bilibio, uno de los paisajes más emblemáticos de La Rioja. En lo alto, además, es donde se levanta la ermita de San Felices de Bilibio, desde donde se obtienen unas magníficas vistas sobre el valle del Ebro y los viñedos que rodean Haro.
Hacia el oeste aparece el desfiladero de los Montes Obarenes y el Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil, un territorio de bosques, cañones y rutas senderistas perfecto para quienes buscan naturaleza y tranquilidad.
Muy cerca también se encuentra Briones, considerado uno de los pueblos más bonitos de La Rioja. Sus calles medievales y las vistas sobre los viñedos hacen que muchos viajeros terminen dedicándole casi un día completo. Allí se encuentra además el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, una visita muy recomendable para entender el peso que tiene la viticultura en toda la comarca.
Si te apetece hacer una excursión un poco más diferente, las salinas de Añana, ya en Álava, quedan a menos de una hora y permiten descubrir uno de los paisajes culturales más sorprendentes del norte de España. Y quienes simplemente quieran seguir recorriendo viñedos pueden enlazar pequeñas localidades como San Vicente de la Sonsierra, Labastida o Laguardia, donde la arquitectura medieval y la cultura del vino vuelven a ir de la mano.
Ahora, seguramente, te resulte más fácil entender por qué Luis de la Fuente siempre acaba regresando aquí. Haro tiene algo que conquista al visitante. Igual que el seleccionador, transmite una sensación de autenticidad poco común: la de no necesitar llamar la atención porque saben perfectamente quiénes son y cuáles son sus fuertes.
Foto de portada | Haro turismo y Bryan Berlin
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