
Calas de postal, buenos restaurantes y tranquilidad
Mientras buena parte de la Costa Brava ha acabado sucumbiendo al crecimiento urbanístico de las décadas doradas del turismo, hay un antiguo pueblo de pescadores que ha logrado conservar algo cada vez más difícil de encontrar: autenticidad. Su nombre es Calella de Palafrugell, en pleno Baix Empordà.
Basta llegar a sus pequeñas playas para entenderlo. Las casas blancas siguen asomándose al mar tal y como lo hacían hace décadas, las barcas de pescadores descansan sobre la arena y las calles estrechas mantienen ese aire mediterráneo de postal antigua. Eso sí, no esperes grandes paseos marítimos ni rascacielos frente al agua. Lo que hay es calma, rocas, pinos y uno de los paisajes costeros más bonitos de toda Cataluña.
Qué ver en Calella de Palafrugell
El corazón de Calella late en Port Bo y Les Voltes, el conjunto de arcos porticados que se ha convertido en la imagen más reconocible del pueblo. Bajo estos soportales, construidos entre los siglos XIX y XX, se suceden terrazas, restaurantes y rincones desde los que contemplar el mar.
Desde aquí merece la pena echar a andar y perderse por las callejuelas del casco antiguo. La calle Gravina es una de las más pintorescas, rodeada de fachadas blancas adornadas con flores y contraventanas de colores. En el centro del pueblo aparece la iglesia de Sant Pere, construida a finales del siglo XIX, cuyo campanario cuadrado se ha integrado perfectamente en el paisaje urbano.
Otro de sus grandes atractivos son las antiguas casas de pescadores y construcciones históricas como la Casa Rocamora, levantada sobre un promontorio rocoso, o la Casa Verdaguer. También resulta imprescindible pasear por el Canadell, donde sobreviven los tradicionales guardabotes, los antiguos almacenes donde los pescadores guardaban sus embarcaciones y que hoy conviven con restaurantes y pequeños negocios.
Si buscas las mejores vistas, el mirador de Manel Juanola i Reixach ofrece una panorámica privilegiada sobre la playa del Canadell y Port Bo. Sin embargo, el lugar más espectacular para fotografiar el conjunto del pueblo es la Punta dels Burricaires, situada entre Port Pelegrí y La Platgeta.
A pocos minutos del núcleo urbano se encuentran, además, los Jardines de Cap Roig, uno de los espacios más sorprendentes de la Costa Brava. Entre plantas procedentes de todo el mundo, esculturas, senderos y terrazas frente al mar, este jardín botánico ofrece algunas de las mejores vistas del litoral gerundense.
El encanto de sus playas y calas
Una de las razones por las que Calella enamora es que sus playas no parecen haber cambiado demasiado con el paso de los años. Port Bo sigue siendo la más icónica, pero muy cerca aparecen tambié la playa d'en Calau, Port Pelegrí, La Platgeta y la extensa playa del Canadell, ideal para familias. Hacia el sur, el paisaje se vuelve más agreste en la cala del Golfet, rodeada de acantilados rojizos y vegetación mediterránea.
Sus aguas transparentes convierten además a esta zona en un pequeño paraíso para practicar snorkel o buceo, especialmente en rincones como Sant Roc o Els Canyers.
Dónde comer rico y barato en Calella de Palafrugell
Aunque la oferta gastronómica de la zona incluye restaurantes de alta cocina, también es posible comer muy bien sin pasarse del presupuesto. Una apuesta segura es Calau, uno de los locales más populares del pueblo gracias a sus tapas y pinchos elaborados con producto de temporada. Su ambiente informal y sus precios razonables hacen que siempre haya cola para conseguir mesa.
Otra opción muy recomendable es L'Estret, un restaurante acogedor situado junto a Les Voltes que destaca por su cocina mediterránea y una excelente relación calidad-precio.
Para quienes buscan una comida frente al mar sin llegar a precios desorbitados, Margarita combina cocina mediterránea contemporánea, producto local y una ubicación privilegiada en pleno centro histórico. También merece una mención ARRR! Street food Calella, una alternativa informal con hamburguesas, wraps y opciones vegetarianas que suele gustar tanto a viajeros como a vecinos.
Y si lo que apetece es probar los sabores más tradicionales de la Costa Brava, tanto Sol i Mar Calella como Restaurant Xabec son buenas direcciones para disfrutar de arroces, pescado fresco y cocina marinera sin llegar a los precios de los restaurantes gastronómicos de la zona.
Qué hacer en los alrededores de Calella de Palafrugell
Una de las mejores experiencias durante esta escapada consiste en recorrer el Camino de ronda que conecta Calella con Llafranc. El sendero apenas supera el kilómetro y medio, pero regala algunas de las vistas más bonitas de toda la Costa Brava, entre pinos, acantilados y pequeñas calas escondidas.
Al final del recorrido aparece Llafranc, otra preciosa localidad marinera de ambiente más tranquilo y desde donde se puede continuar hasta el faro de Sant Sebastià. Situado sobre uno de los promontorios más altos de la costa, ofrece una panorámica espectacular del Mediterráneo y de todo el litoral del Empordà.
Si prefieres seguir explorando playas, muy cerca esperan rincones tan atractivos como Tamariu, Aigua Xelida o las calas de Begur, consideradas entre las más bonitas de Cataluña. Y para quienes buscan un plan diferente, los Jardines de Cap Roig permiten combinar senderismo suave, patrimonio y naturaleza en un mismo paseo.
A la vista de las fotos de este artículo quedan los motivos por los que Calella de Palafrugell es uno de esos lugares que dejan huella. Porque más allá de sus playas o de sus vistas, conserva la sensación de estar en un pueblo real, donde las barcas siguen formando parte del paisaje y no para que quede bonito en las fotos de los turistas.
Foto de portada | Felipoween
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