Casas encaladas, una bahía espectacular y cero turismo masivo
En la costa norte de Menorca, donde sopla la tramontana y el paisaje se vuelve más salvaje, hay un pequeño pueblo marinero sigue viviendo a su ritmo. Este no es otro que el de las barcas de pescadores que entran en puerto, el de los paseos por el paseo marítimo y el de las sobremesas que se alargan tras un buen homenaje de pescado fresco. Casas encaladas, contraventanas de colores y una bahía inmensa, que es una de las mayores de la isla y que actúa como refugio natural. Porque en Fornells lo único que apetece es quedarse.
Qué ver en Fornells
Fornells no es un destino de "checklist", pero sí tiene rincones que llaman al viaje. El primero es su propia bahía, un puerto natural de varios kilómetros donde el mar se calma y dibuja una de las estampas más bonitas del norte de la isla. Pasear por el puerto, ver cómo se mecen las barcas y dejar que el tiempo pase y el sol se ponga es ya, en sí, un plan.
Entre los imprescindibles está la Torre de Fornells, una fortificación construida por los británicos a principios del siglo XIX. Subir hasta ella no solo tiene recompensa por su historia sino porque las vistas que ofrece de la costa son de esas que se quedan guardadas en la memoria (y en la galería del móvil, claro).
Muy cerca, las ruinas del Castillo de San Antonio recuerdan el origen defensivo del pueblo, levantado en el siglo XVII para proteger la isla de ataques piratas. Hoy solo quedan vestigios, pero suficientes para entender cómo empezó todo.
En el centro, la Iglesia de San Antonio Abad aporta ese contrapunto de calma y sencillez, con su fachada blanca y su aire tranquilo y sencillo. Y si te apetece algo más raro, la Ermita de Lourdes, casi escondida en la roca, tiene ese punto sorprendente e íntimo.
Dónde comer rico y barato en Fornells
Vamos a lo importante: aquí se viene (también) a comer. Y sí, la caldereta de langosta es la reina de la carta y una joya culinaria. No es el plato más barato del mundo, pero en Fornells tiene un sabo como en pocos sitios.
Uno de los clásicos para degustarlo es Es Cranc, con ese aire de toda la vida y platos sin artificios, donde el producto habla solo. Si buscas algo igual de auténtico pero con una carta más amplia, Sa Llagosta es otra apuesta segura, especialmente para comer pescados y mariscos.
Para opciones más informales (y un poco más amables con el bolsillo), Can Tanu es muy buena opcion por sus arroces, tapas y comida casera. Y Sa Proa, en pleno paseo marítimo, es perfecto para comer bien sin complicarse, con sabor a mar y sin precios desorbitados.
Qué hacer en los alrededores de Fornells
Si te cuesta quedarte quieta, aunque aquí sea fácil descansar y desconectar, los alrededores de Fornells tienen más planes todavía que ofrecer.
Las playas cercanas son un buen ejemplo. Cala Tirant es la más accesible, con arena y dunas, perfecta para pasar el día. Si buscas algo más salvaje, Cala Cavalleria y Cala Pregonda ofrecen el paisaje más abrupto y menos domesticado que caracteriza el norte de esta isla balear.
También puedes acercarte al Cabo de Cavallería, donde los acantilados superan los 90 metros y el faro se convierte en uno de los mejores lugares para ver el atardecer en vivo.
Y si te van los planes más activos, la bahía de Fornells es ideal para practicar deportes como kayak, paddle surf o vela. El agua tranquila y el entorno protegido lo ponen fácil incluso si no eres experta.
Fornells es de esos sitios a los que uno llegar no esperas nada más que paz y playa, y te lo da todo: calma, paisaje y una mesa frente al mar que, probablemente, recordarás toda la vida.
Foto de portada | Radmon fotos
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