
Solo tiene 29 habitantes, está formado por dos territorios separados y vio nacer al Nobel Santiago Ramón y Cajal
Podria decirse que Petilla de Aragón es una isla sin mar. Pero no en el mismo sentido que Jorquera, donde el agua ha dibujado un meandro casi perfecto alrededor del espolón rocoso sobre el que se levanta la villa. En este caso se debo a quee un pequeño pedazo de Navarra aparece en el mapa completamente rodeado por la provincia de Zaragoza, a solo 12 kilómetros de la frontera con el resto de la comunidad foral. Un capricho geográfico que no es culpa de ningún cartógrafo despistado, sino de una deuda entre reyes cuyas consecuencias perduran ocho siglos después.
A comienzos del siglo XIII, Sancho VII el Fuerte de Navarra prestó dinero a Pedro II de Aragón para financiar sus campañas militares. Como garantía recibió, entre otras posesiones, el castillo de Petilla. Sin embargo, el monarca aragonés murió antes de poder devolver el préstamo y sus sucesores tampoco consiguieron saldar la deuda en el plazo acordado. Así fue como el territorio acabó incorporándose definitivamente al Reino de Navarra, aunque físicamente siguiera dentro de Aragón.
Además, la rareza no termina ahí. El municipio en el que se encuentra está compuesto por dos territorios separados entre sí, Petilla y Los Bastanes, ambos rodeados por tierras aragonesas. En el primero se encuentra el único núcleo habitado, situado a más de 840 metros de altitud y con apenas 29 vecinos. La verdad es que pocos pueblos necesitan una pequeña clase de geopolítica antes de explicar dónde están.
Qué ver en Petilla de Aragón (aunque sea de Navarra)
Petilla se levanta entre rocas y bosques en las estribaciones de la sierra de Santo Domingo. Su callejero es pequeño y se recorre sin necesidad de abrir Google Maps, entre casas de piedra, fuentes y un antiguo lavadero. Sobre el pueblo se encuentra La Torreta, la peña en la que se levantaba el castillo que terminó cambiando de reino por aquella deuda medieval. De la fortaleza apenas quedan unos surcos excavados en la roca, pero desde allí se entiende mejor su antigua función defensiva y se contemplan unas buenas vistas del valle del Onsella.
El edificio más importante del casco urbano es la iglesia de San Millán, construida originalmente en estilo románico y modificada después por guerras, incendios y reformas góticas. Todavía conserva parte de la antigua portada, decorada con ajedrezado jaqués, mientras que en el interior destacan las bóvedas de crucería y sus claves talladas. Cerca se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de la localidad.
Sin embargo, el vecino más famoso de Petilla no fue ningún rey ni ningún santo. Aquí nació en 1852 Santiago Ramón y Cajal, considerado el padre de la neurociencia y ganador del Premio Nobel de Medicina en 1906. Su casa natal, un edificio de piedra de la calle Mayor, es ahora un museo que reproduce sus títulos y condecoraciones en una recreación de una vivienda de mediados del siglo XIX. Eso sí, hay que tener en cuenta que la visita se realiza con cita previa.
Fuera del casco urbano, el paisaje está formado por pinares, robles, quejigos, nogales y almendros. Los senderos permiten adentrarse en un relieve de barrancos y grandes formaciones de arenisca y conglomerado conocidas en la zona como "rayas". Una de las excursiones más especiales asciende al monte Selva, que alcanza los 1.159 metros y ofrece vistas sobre la cuenca del Onsella.
Dónde comer rico y barato en Petilla de Aragón
La oferta es tan diminuta como el pueblo, pero Petilla cuenta con el Hostal Santiago Ramón y Cajal, cuyo bar restaurante sirve cocina casera de la zona en un comedor con chimenea. Para encontrar más opciones hay que conducir unos 15 kilómetros hasta Sos del Rey Católico. Allí, el Bar Restaurante Landa dispone de menú, raciones y platos combinados, además de una terraza bajo los arcos del antiguo mercado medieval. Otra posibilidad es Vinacua, un restaurante con cocina de corte tradicional y menús con comida típica de la zona.
Qué hacer en los alrededores de Petilla de Aragón
A solo seis kilómetros de Petilla se ubican las torres de Sibirana, dos construcciones defensivas del siglo X encaramadas sobre una formación rocosa. Se puede llegar siguiendo el GR-1 en dirección a Biel. El mismo sendero, pero en dirección contraria, conduce hacia los restos del castillo de Roita, otra fortaleza medieval escondida en el bosque.
También quedan cerca las pozas de Pigalo, unas piscinas naturales formadas por el río Arba de Luesia, y la sierra de Santo Domingo. A unos 15 kilómetros se encuentra Sos del Rey Católico, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Aragón y localidad natal de Fernando el Católico. Sus calles empedradas, la judería, el Palacio de Sada y los restos del castillo dan para completar la jornada sin tener que abandonar la comarca de las Cinco Villas.
En el caso de disponer de más tiempo, Uncastillo (sí, así todo seguido) queda a unos 35 kilómetros y reúne seis iglesias románicas, un castillo y un casco histórico declarado conjunto histórico-artístico en el mismo pueblo. La ruta todavía puede prolongarse más hacia el castillo de Javier, el monasterio de Leyre o la Foz de Lumbier. Aunque todo sin olvidar que la escapada había empezado en ese pequeño lunar navarro que Aragón lleva más de 800 años rodeando, pero que nunca ha llegado recuperar.
Foto de portada | Jialxv
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