Un rincón secreto (literalmente) que todo el mundo debería visitar más allá del Big Ben
En Londres puedes salir a comprar el pan y acabar encontrándote una iglesia secreta, un pub del siglo XVII o una estación de metro que parece más un decorado. La ciudad parece que siempre guarda algo oculto detrás de otra cosa. Aunque, en pocas direcciones, eso se materializa tanto como en la calle Leinster Gardens.
A simple vista, nada llama especialmente la atención en ella. La calle, en el elegante barrio de Bayswater (al oeste de la capital inglesa), luce como una postal típica británica de fachadas blancas, escalinatas y simetría victoriana. Una imagen que parece diseñada para que alguien pasee por ella con gabardina y sombrero bajo una llovizna fina. Sin embargo, si uno se fija un poco más y pone atención al detalle, empieza a notar que algo no es como debería
Las ventanas no delatan ninguna señal vida. No hay buzones. Nunca entra ni sale absolutamente nadie. Y la planta baja tiene un aire como de aparentar ser real solamente de lejos. Es normal porque no son casas realmente. Son falsas.
El truco arquitectónico más elegante de Londres
Detrás de dos de esas fachadas de postal no hay ninguna habitación con moldura ni salas para tomar el té de las cinco sino las vías del metro de Londres. En concreto, un tramo de la antigua Metropolitan Line, una de las primeras líneas ferroviarias subterráneas del mundo.
Cuando en el siglo XIX se construyó la conexión entre Paddington y Bayswater del metro, el trazado obligaba a derribar dos mansiones de la calle. Sin embargo, como modificar la ruta salía caro, optaron por demolerlas pero fingir que seguían allí.
La línea se construyó mediante un sistema conocido como cut and cover, mediante el que se abría la calle por arriba, se instalaban las vías y luego se volvía a tapar todo. No obstante, en ese punto concreto, se dejó una zona abierta para ventilar el humo de las locomotoras a vapor, por lo que no podían volver a construir viviendas encima.
La alternativa fue levantar solo la fachada y respetar así la estética del vecindario. De este modo, desde la calle, los números 23 y 24 de la calle Leinster Gardens no parecen diferenciarse en nada de sus vecinos. Si te acercas, empiezan a delatarse y, desde detrás, son directamente el reverso de un decorado.
Se trata, pues, de una necesidad técnica convertida en una impecable ilusión optico-urbanística. Desde luego, se trata de una alternativa mucho mejor a dejar un hueco feo y extraño entre edificios elegantes.
Como era de esperar, estas falsas viviendas no tardaron en alimentar el folclore local y las leyendas. Durante décadas, fueron escenario de bromas y pequeñas estafas. Se enviaban invitaciones a supuestos bailes benéficos o fiestas elegantes en dicha dirección, y los asistentes llegaban vestidos de gala para descubrir que habían pagado por llamar a una puerta que no llevaba a ninguna parte.
Este rincón también ha aparecido en pantalla. Los fans de Sherlock, la serie protagonizada por Benedict Cumberbatch, probablemente reconozcan el lugar. En tiempos de turismo de recorridos idénticos de "imprescindibles", Leinster Gardens pone de manifiesto que algunas de los mejores spots no están en los grandes monumentos, sino en los detalles que uno suele pasar por alto. Guárdatelo para tu próximo viaje.
Foto de portada | David Anstiss
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