De mansión flotante a fortaleza con escudo antimisiles: el superyate de Roman Abramovich que ya quisiera James Bond

Está preparado para lo que venga, ya sea una guerra o paparazzi queriendo tomar unas fotos

María Yuste

Editor Senior

Hubo un tiempo en el que los superyates eran simplemente el máximo símbolo del lujo. Piscinas infinitas, camarotes dignos de un hotel de siete estrellas y cubiertas donde tomar champán al atardecer mientras la luz del Mediterráneo hacía el resto. Pero entonces llegaron los oligarcas rusos y convirtieron esa fantasía aspiracional en otra cosa completamente distinta: fortalezas flotantes diseñadas para blindar no solo el dinero, sino también el poder y la privacidad. Y pocos ejemplos explican mejor esa obsesión que el Eclipse, el gigantesco superyate que durante años perteneció al magnate Roman Abramovich.

Con sus 162 metros de eslora (más largo que muchos edificios), el Eclipse llegó a ser el segundo megayate más grande del mundo. Una especie de ciudad privada sobre el agua valorada en unos 700 millones de dólares y cuyo mantenimiento anual debía de rondar los 60 millones. Pero lo verdaderamente fascinante de esta embarcación no es su tamaño ni su lujo obsceno. Es el hecho de que, bajo toda esa estética de resort flotante para multimillonarios, se esconde tecnología más propia de una película de espionaje que de unas vacaciones en la Costa Azul.

DCwom

Porque sí, el Eclipse tiene todo lo esperable en este universo paralelo de riqueza extrema: dos helipuertos, una piscina de 16 metros, jacuzzis, suites para 36 invitados, beach club, discoteca y una tripulación de 70 personas dedicada a que nadie tenga que mover un dedo. No obstante, también tiene cristales blindados, sistemas antimisiles y un pequeño submarino privado capaz de funcionar como vía de escape discreta. 

La línea entre el lujo y la paranoia se vuelve especialmente fina cuando aparece el famoso sistema antipaparazzi del yate. Según publicaciones especializadas en náutica, el Eclipse incorporaría láseres capaces de dificultar que las cámaras fotografíen lo que ocurre en cubierta. De este modo, mientras el resto del mundo se preocupa por salir bien en las fotos de las vacaciones, algunos multimillonarios intentan inutilizar la cámara.

Keld Gydum

Sin embargo, el detalle que terminó de construir la leyenda del Eclipse ocurrió en 2018 y no tuvo nada que ver con celebridades ni fiestas secretas, sino con un dron. Justin Oakes, piloto profesional y colaborador habitual del youtuber Casey Neistat, contó cómo intentaron grabar imágenes aéreas del superyate mientras este navegaba cerca de la costa. Lo que ocurrió después parece sacado de una película de ciencia ficción.

En cuanto el dron se aproximó al barco, dejó de responder. La pantalla se oscureció, el control desapareció y la aeronave siguió avanzando sola. Según relató después el piloto, varias personas intentaron interceptarlo utilizando un dispositivo antidrones. Finalmente consiguió recuperar el control durante unos segundos y escapar.

Jim Henderson

Actualmente, este tipo de tecnología antidrones se utiliza en aeropuertos o instalaciones sensibles, pero en 2018 no era habitual encontrarla integrada en un superyate de lujo. Y ahí esté la clave de por qué el Eclipse sigue fascinandonos tanto años después. No representa simplemente riqueza, sino una nueva categoría de lujo donde el objetivo ya no es presumir de lo que tienes, sino protegerte del resto del mundo mientras lo haces.

Porque mientras los yates tradicionales eran mansiones flotantes, el Eclipse llevó el concepto un paso más allá y lo elevó a fortaleza privada desde la que desaparecer sin renunciar a vivir entre mármol, champán y vistas al mar.

Foto de portada | SuperYachtFan y Brian Minkoff-London Pixels

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