
Entre cuestas, casas de piedra y ganado, Tudanca invita a seguir el rastro del poeta hasta la biblioteca de uno de sus amigos
La pendiente es una de las grandes protagonistas de cualquier visita a Tudanca. Hasta las casas se han tenido que acomodar al relieve de este rincón del valle del Nansa, en el interior de Cantabria. Entre ellas se encuentra una vivienda que guarda algo que no te esperas en este tipo de postales rurales: el manuscrito de uno de los poemas más conocidos de Federico García Lorca.
La casa es la Casona de Tudanca, hasta la que hay que subir a pie por las calles estrechas de Tudanca. Mientras que el poema se trata de 'Llanto por Ignacio Sánchez Mejías', la elegía que Lorca dedicó a este torero. El original se ubica allí porque se conserva entre los fondos del propietario de la Casona: el escritor y crítico José María de Cossío. Aunque la relación del poeta granadino con Tudanca va más allá de su presencia postuma en un archivo.
Lorca visitó dicha casa con La Barraca, la compañía de teatro universitario que dirigía. Durante su estancia en casa de su amigo Cossío lo nombró "barraquito honorario". Aunque solamente ese dato ya da para espacada a Tudanca, también merece la pena lo que hay fuera de la casa. El núcleo urbano fue declarado conjunto histórico-artístico en 1983 por lo bien conservada que está su arquitectura rural de montaña.
Qué ver en Tudanca
Antes de entrar a la Casona, es recomendable recorrer el caserío y detenerse a contemplar sus casas tradicionales, con fachadas de piedra y balcones de madera. El paisaje que rodea las casas también tiene su historia, con los prados comunales de Tudanca, Santotís y La Lastra, donde se alimenta al ganado a través del pastoreo. Además de ser unas vistas famosas por sus robledales, abedules y vegetación de ribera. Los prados forman parte inseparable de la vida en Tudanca, de una organización del territorio en la que el ganado y el uso compartido de los pastos han tenido un papel esencial.
La Casona introduce otra capa a la historia. Pascual Fernández de Linares la mandó construir en 1750, a su regreso de Perú. Con el tiempo pasó a la familia de Cossío, que acabaría convirtiéndola en su residencia durante largas temporadas. Tras su muerte, en 1977, la casa y su contenido pasaron a la Diputación y se fundó el actual museo-biblioteca.
Para comprender bien lo que significa, conviene conocer un poco a su último propietario. Cossío reunió en vida una extensa biblioteca y mantuvo una relación cercana con numerosos escritores. Además de a Lorca, la casa recibió a Alberti, Unamuno y Gerardo Diego, entre otros, y conserva cartas, retratos y documentos que permiten acercarse a aquellas amistades: correspondencia, dedicatorias y papeles que decidió conservar.
Entre esos fondos destaca, como decíamos, el manuscrito de Lorca, con sus correcciones y tachaduras. Esto precisamente es lo que lo hace tan especial, lo cercano que lo hace pensar en un poema tan conocido cuando todavía era una página en proceso, con palabras que su autor cambiaba antes de darlo por finalizado.
No obstante, Tudanca también entró en la literatura por otra puerta. José María de Pereda no solo se alojó en la Casona sino que la convirtió en escenario de la novela 'Peñas arriba'. De modo que la relación entre el pueblo y los libros es una calle de doble sentido: aquí se reunieron escritores y se guardaron sus obras, pero el propio lugar acabó convertido también en materia literaria.
Dónde comer rico y barato en Tudanca
La cocina local la protagonizan los platos contundentes, elaborados con alubias, patatas y productos del cerdo. Es una gastronomía ligada a la vida rural del valle, que sirve de continuación necesaria a la visita después de recorrer las cuestas del pueblo. Entre las opciones está el bar-restaurante Las Nieves, en el propio Tudanca, especializados en legumbres, caza mayor y caza menor, trufas y setas. Ya en La Lastra se encuentra El Refugio, un alojamiento con servicio de restaurante y una carta de pinchos y raciones de bar.
Qué hacer en los alrededores de Tudanca
Tudanca comparte nombre con el municipio cántabro al que pertenece, formado también por La Lastra, Santotís y Sarceda. Tenerlo presente es importante durante la vista porque los servicios y los caminos se encuentran en esos otros núcleos del valle.
La Lastra, por ejemplo, ofrece unas vistas impresionantes de Tudanca y son una buena oportunidad para contemplar desde fuera el pueblo que acabamos de recorrer. Desde esa perspectiva se entiende mejor su posición en la ladera y la relación entre las casas, los prados y las montañas. Es una parada muy fácil u rápidas para completar la visita sin estresarse por querer abarcar mucho en poco tiempo.
Quienes quieran dedicar más tiempo a caminar pueden seguir el Camino Real entre Tudanca y Rozadío. Su trazado aprovecha parte de una antigua vía de comunicación entre la meseta y el puerto de San Vicente de la Barquera. El recorrido atraviesa el tramo medio del valle, dentro de la Zona de Especial Conservación Río Nansa, acompañado por fresnos, sauces y alisos.
Eso sí, se desaconseja realizar la ruta tras lluvias intensas o grandes crecidas del río y advierte de que puede haber bastante barro entre Tudanca y el puente de Sarceda. Por lo tanto, es una excursión para planificar según las condiciones del terreno y el tiempo disponible para la visita.
Otra posibilidad es continuar hacia el estrecho de Peña Bejo, entre los embalses de La Lastra y La Cohilla, que destaca por su paisaje. Después de las habitaciones impregnadas de cultura y los documentos de la Casona, el valle complementa la visita devolviendo la atención a la montaña. Además, permite terminar la escapada con una imagen completa de Tudanca.
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