El jardín de Madrid que tiene hasta un canal navegable y es un oasis en medio de Carabanchel

Escondido en el corazón de Carabanchel se encuentra esta joya monumental que estuvo cerrada un siglo al público

María Yuste

Editor Senior

No es un distrito al que los turistas que visitan la capital suelan desplazarse, a menos que se haya perdido, pero se están perdiendo el que es uno de los jardines históricos más extensos y bonitos de Madrid. Porque, en pleno corazón de Carabanchel, entre bloques de viviendas y el discurrir de la vida de barrio, se oculta la Finca de Vista Alegre, declarada Bien de Interés Cultural en 2018 y que ocupa unas 45 hectáreas en las que se cuentan dos palacios, invernaderos, antiguas caballerizas, esculturas, fuentes e incluso un canal navegable. Qué mejor ocasión para visitarlo que mientras El Retiro permanece cerrado.

Este espacio monumental, convertido hoy parque público, fue en su día un lugar de recreo de la realeza y de la aristocracia madrileña. Aunque había perdido el esplendor que tuvo en el siglo XIX, en los últimos años se está llevando a cabo un proceso de restauración que permita a Madrid recuperar con todo su poderío uno de sus patrimonios verdes e histróricos más desconocidos.

Fue en 1832 cuando la reina María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, adquirió esta quinta situada entonces en las afueras de Madrid. El entorno, conocido en el siglo XVIII como “Los Carabancheles”, gozaba de buena fama por su buen clima y su cercanía a la corte. La reina reformó la finca y la convirtió en su residencia de verano.

Como parte de las obras, mandó diseñar un jardín paisajístico de estilo romántico, inspirado en las pinturas inglesas del momento. Se plantaron más de 20.000 árboles y arbustos, se crearon sinuosos paseos, se excavó un canal artificial navegable con cascadas y se levantaron pabellones y fuentes ornamentales. También se construyó el Palacio Nuevo, que complementaba el Palacio Viejo, una antigua casa de baños muy popular entre los madrileños.

Arquitectos de renombre de la época, como Narciso Pascual y Colomer, participaron en el proyecto. No obstante, en 1859, la propiedad pasó a manos de José de Salamanca y Mayol, futuro marqués de Salamanca. Este aristócrata y hombre de negocios convirtió Vista Alegre en su residencia habitual, terminó las obras del palacio y convirtió el jardín en escenario de fiestas y recepciones. Durante estos años, la finca era vista como un vergel salpicado de templetes, estatuas y caprichos decimonónicos.

Tras su muerte, los herederos vendieron la finca al Estado en 1886. A partir de entonces, Vista Alegre cambió su función lúdica por un uso asistencial: albergó colegios, orfanatos y otras instituciones públicas, lo que implicó reformas arquitectónicas y la construcción de nuevos edificios que alteraron su trazado original para siempre.

De este modo, Vista Alegre fue durante más de un siglo un recinto institucional cerrado al público. Aunque en 1997 fue catalogado como Jardín Histórico en el PGOU de Madrid, no fue hasta 2018 cuando se puso en marcha un ambicioso plan de rehabilitación impulsado por la Comunidad de Madrid. Las obras se han centrado en la recuperación paisajística, la restauración de fuentes ornamentales y construcciones.

Aunque el proyecto todavía continúa en marcha, se puede recorrer buena parte del recinto: los jardines románticos, los antiguos invernaderos, los caminos arbolados e incluso los vestigios de estancias palaciegas como la Estufa Grande y el Baño de la Reina, una singular bañera circular en mármol caramelo que funciona por vapor. Como es menos conocido que El Capricho y, como a diferencia del Parque del Retiro no tiene cafeterías ni vendedores ni turistas, este jardín ofrece una experiencia mucho más íntima.

Sus rincones aún conservan la huella del pasado, especialmente en el el Jardín Plaza de las Estatuas (en el que quedan los pedestales vacíos de las estatuas que una vez albergó este jardín romántico), la Casa de Bella Vista (antigua biblioteca real), o las antiguas caballerizas y naranjeras, donde alojaron los animales de tiro y de trabajo de la finca en tiempos de la realeza. Y entre todo ello, un cedro monumental declarado “árbol singular” por la Comunidad de Madrid, tanto por su tamaño como por longevidad. Testigo mudo de sus casi dos siglos de historia.

Encuentra la entrada en el número 179 de la calle General Ricardos, en Carabanchel. Los metros más cercanos son las paradas de Vista Alegre (línea 5) y Oporto (líneas 5 y 6). Aunque también llegan las líneas 34 y 35 de autobús. El jardín abre desde las 9 de la mañana hasta el atardecer y la entrada es gratuita.

Fotos | Comunidad de Madrid

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