La escapada de Semana Santa a Jalisco para vivir el “Camino de Santiago mexicano”: naturaleza y límites puestos a prueba

Termina en Talpa de Allende, uno de los pueblos mágicos de México, para visitar a su Virgen del Rosario

Anabel Palomares

Editor

Dicen que el Camino de Santiago funciona como una especie de terremoto interior que te cambia la vida. Un recorrido que te conecta con la naturaleza y contigo mismo en una ruta espiritual en la que no terminas siendo la misma persona que terminó sus pasos, seas o no creyente. En Jalisco, México, existe algo similar que recorre las montañas hasta llegar a Talpa de Allende para venerar a la Virgen del Rosario, la Ruta del Peregrino.

Desde hace más de 200 años, los 117 kilómetros de su recorrido que comienza en la ciudad de Ameca, atraviesan montañas de la Sierra Madre Occidental y terminan en el pueblo de Talpa de Allende, uno de los pueblos mágicos de México, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario. Allí espera una talla modelada por los indios tarascos de Michoacán que llegó a Talpa en el año de 1585. La Virgen del Rosario de Talpa tiene un pelo negro, ondulado y largo, como el de las mujeres de la región. Piel morena y un distintivo lunar en una de sus mejillas.

Según los estudios de Ricardo Lancaster Jones, la virgen tiene el acabado típico de las imágenes elaboradas por las manos michoacanas de Pátzcuaro, Uruapan o Quiroga, y la escultura guarda semejanza con las Vírgenes de San Juan de los Lagos y Zapopan. En 1644 se produjo el milagro de la renovación y, según el experto, antes de eso la Virgen era una escultura de pasta de caña de maíz que se transformó en lo que es ahora: una escultura tallada en madera de tepehuaje en una única pieza de 38 centímetros de altura. No necesita más para atraer cada año a más de 3 millones de personas que acuden a venerarla, especialmente en Semana Santa. Recorrer esta ruta llena de montañas, ríos, miradores, ermitas y albergues vale la pena en cualquier época del año, y sin importar la fe que tengas. 

La experiencia que viven miles de peregrinos al recorrer la ruta hacia Talpa de Allende para venerar a la Virgen del Rosario es similar a la que viven aquellos que hacen el Camino de Santiago. La tradición combina esfuerzo físico con devoción, pero también es un viaje en sí mismo que enfrenta a quienes lo recorren a sus propios límites, que les conecta con la naturaleza y que les acerca a sí mismos durante varios días.

Además de la naturaleza, la ruta nos lleva por diferentes puntos en los que participaron arquitectos de China, Chile, México y Suiza. El Monumento a la Gratitud, en Lagunillas y cerca del Cerro del Obispo es uno de ellos. El Mirador Cerro del Obispo, una torre blanca que representa un faro para los peregrinos, es otro. La Ermita de Piedra, el siguiente. Cada uno de ellos representa algo diferente. Las Majadas, una ermita de dos piezas que se entrelazan representa la unión entre los peregrinos. 

Uno de los puntos más espectaculares de la ruta es el Mirador del Espinazo del Diablo que culmina en una de las zonas más duras a 1.950 metros de altura. Esta zona también representa algo, porque cuenta con una pieza que es la silueta de la virgen y cuando el sol cae sobre la imagen, esta se refleja en el interior de la estructura como la luz que necesitan los peregrinos para terminar el camino. La última de las obras arquitectónicas es la Ermita de San Rafael en Mascota, con una forma circular que representa el inicio y el fin

Cuando todo acaba y llegas a Talpa, te recibe una basílica construida en 1782 de estilo churrigueresco y gótico. Ahí está la Virgen y el fin de un camino que promete ser transformador.

Fotos | Instagram @rutadelperegrino, Pueblos Mágicos, Gobierno de México

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