
Parece el norte de África, pero está a menos de una hora de Alicante. Un auténtico pueblo de pescadores con un bosque a la orilla de la playa
Si un director de arte obsesionado con mezclar escenarios imposibles diseñara un destino costero en el mediterráneo español el resultado probablemente fuera Guardamar del Segura, en el sur de Alicante. Un paisaje dominado por las dunas junto a la playa, donde son las protagonistas de una historia que estuvo a punto de cambiar el destino del pueblo para siempre.
Entre la hiperactividad turística de Torrevieja y la masificación de Santa Pola, Guardamar suele quedar fuera del radar de muchos visitantes. Y quizá precisamente ahí reside parte de su encanto. Sin embargo, detrás de sus once kilómetros de arena dorada se esconde uno de los proyectos de ingeniería forestal más sorprendentes de España. Se trata de un bosque de 800 hectáreas plantado para impedir que las dunas móviles terminaran sepultando la localidad.
El resultado es un paisaje diferente al prootípico de la Costa Blanca. Pinos piñoneros, palmeras, cipreses y eucaliptos sobresalen de montañas de arena fina que terminan chocando contra un Mediterráneo de color turquesa. Por momentos recuerda más a las Landas francesas o a ciertos rincones del norte de África que al litoral alicantino.
Junio es probablemente uno de los mejores momentos para descubrirlo, cuando el calor ya invita a pasar el día en la playa, pero la masa forestal todavía proporciona una agradable sensación de frescor que transforma completamente la experiencia frente a otros destinos de la costa levantina más axfisiantes.
Qué ver en Guardamar del Segura: dunas, castillos y monasterios escondidos bajo la arena
La historia de Guardamar la cuenta directamente el paisaje. A finales del siglo XIX las dunas avanzaban impulsadas por el viento y amenazaban con tragarse cultivos, caminos e incluso parte del núcleo urbano. La solución llegó de la mano del ingeniero Francisco Mira, que propuso e impulsó una gigantesca repoblación forestal entre 1900 y 1930. Gracias a aquel proyecto nació la actual Pinada de Guardamar, uno de los bosques dunares más espectaculares del Mediterráneo español.
Caminar por el Parque Alfonso XIII sigue siendo la mejor forma de entender aquella hazaña. Los senderos atraviesan un ecosistema donde la arena aparece y desaparece entre raíces, troncos y pasarelas de madera mientras el sonido del mar acompaña constantemente el recorrido.
Pero Guardamar guarda otra sorpresa mucho menos conocida. Entre las propias dunas aparece la Rábita Califal, un monasterio islámico del siglo X considerado uno de los conjuntos monacales musulmanes mejor conservados de la Península. Sus pequeñas celdas-oratorio emergen literalmente de la arena, creando una imagen difícil de olvidar. Muy cerca se encuentra también el yacimiento fenicio de La Fonteta, demostrando que este rincón del Mediterráneo ya era estratégico mucho antes de la llegada de los turistas.
La visita puede continuar en el MAG, el Museo Arqueológico de Guardamar, donde se explica la importancia histórica de la zona y donde se recuerda el hallazgo de la famosa Dama de Guardamar. Aunque para obtener la mejor panorámica posible del lugar conviene subir hasta el Castillo de Guardamar, situado sobre la colina que dominaba la antigua ciudad amurallada antes de los terremotos de 1829. Desde allí el paisaje adquiere otra dimensión: el río Segura, la huerta, las dunas y el mar aparecen en armonía en una sola imagen.
La desembocadura del Segura, conocida como La Gola, merece también una parada pausada. Allí el río termina su viaje después de atravesar toda la Vega Baja y crea uno de los espacios naturales más interesantes de la costa alicantina, especialmente para observar aves acuáticas y migratorias.
Dónde comer rico y barato en Guardamar del Segura
La cocina local gira alrededor de dos protagonistas indiscutibles: la ñora y el langostino de Guardamar, famoso por los tonos rojizos, amarillos y morados de su cola. En junio además muchos restaurantes participan en la tradicional Setmana Gastronòmica de la Nyora i el Llagostí, una de las citas gastronómicas más interesantes de la Costa Blanca.
Para probar buenos arroces sin caer en precios para turistas, una apuesta segura es Restaurante El Jardín. Situado frente al mar, destaca por sus arroces mediterráneos y por una terraza acristalada que permite comer prácticamente sobre la playa. Especialmente recomendable es el arroz del senyoret y la fideuà que sirven.
Otra opción interesante es Restaurante Luna Arrocería, un local sencillo donde todo el protagonismo recae en los arroces y la cocina mediterránea tradicional. Aunque si buscas una comida abundante como los locales, Arrocería Candela es uno de esos nombres recurrentes que los vecinos pasan ene el boca a boca cuando se habla de relación calidad-precio en la zona.
Lo mejor es pedir algún arroz elaborado con ñora y acompañarlo de pescado fresco. Al final, gran parte del encanto gastronómico de Guardamar consiste en seguir funcionando como un pueblo pesquero real incluso en plena temporada turística.
Qué hacer en los alrededores de Guardamar del Segura
Uno de los grandes privilegios de Guardamar es que permite cambiar completamente de paisaje en apenas unos kilómetros. Hacia el norte aparecen las dunas salvajes de la playa dels Tossals, uno de los tramos más naturales de toda la costa. Hacia el sur, la playa del Moncayo conserva parte del sistema dunar original y sigue ofreciendo esa sensación cada vez más rara de amplitud y espacio personal incluso en pleno verano.
Si apetece seguir explorando ecosistemas poco habituales, las cercanas Lagunas de La Mata y Torrevieja permiten descubrir un paisaje de humedales, flamencos y aguas rosadas que parece sacado de otro continente. También muy cerca se encuentran las Salinas de Santa Pola y el Parque Natural de El Hondo, dos auténticos paraísos para los aficionados al birdwatching.
Y para quienes quieran combinar mar e historia, una escapada a la Isla de Tabarca sigue siendo uno de los planes más recomendables de la provincia. Sus aguas transparentes, sus antiguas murallas y su carácter pausado encajan perfectamente con la filosofía de un viaje por esta parte de la Costa Blanca.
En resumen: Guardamar ofrece playas inmensas sin sensación de saturación, bosques que nacieron para salvar un pueblo y monasterios islámicos escondidos entre dunas. Y eso, en una costa donde parece que ya está todo descubierto, masificado y explotado.
Foto de portada | Turisme Guardamar
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