Merece mucho la pena visitarla antes de que acabe el verano
Si buscas aprovechar lo que queda del verano visitando un pueblo pesquero, en el sur de Cataluña se esconde una de las mejores opciones de toda la Costa Dorada y de toda la península. Se trata de l'Ametlla de Mar, que combina todo el encanto de un pueblo pesquero tradicional con muchos kilómetros de bellas playas vírgenes y calas. Además, todas ellas diferentes: hacia el norte son de arena fina y accesibles, mientras que hacia el sur se van haciendo más rocosas y abruptas, además de aisladas. A este segundo grupo pertenece la que podríamos considerar como joya de la corona: la cala del Illot.
Aunque sus aguas cristalinas recuerdan a las famosas playas de las Maldivas, esta pequeñísima cala se encuentra a 5 kilómetros al sur de l'Atmella de Mar, en la provincia de Tarragona. Además, está envuelta de la más exuberante naturaleza Mediterránea, que hace que el baño tenga un intenso aroma a bosque. El lugar recibe su nombre de l’Illot, una pequeña isla rocosa que durante los días de marea baja se une la península por una pequeña franja de arena blanca y fina.
La cala está protegida del viento y de las corrientes marinas al encontrarse entre dos formaciones rocosas que hacen que sus aguas sean tan tranquilas y aptas para nadar, bucear o simplemente relajarse en un rincón secreto como este. Y es que, para acceder al mismo hay que recorrer a pie un camino de unos 50 minutos integrado en la ruta mediterránea del GR-92. Esta bordea toda la costa desde Cataluña hasta Andalucía, aunque este tramo concreto conecta la Ametlla de Mar y el Perelló. Se trata de un sendero que transcurre sobre acantilados no muy elevados y rodeado de pinos y de matorral mediterráneo.
Aunque se trata de una caminata considerable en tiempo, esta no tiene ninguna complicación e incluso se puede hacer con niños. Lo bueno es que esto hace que, junto al hecho de que en la cala no haya ningún tipo de servicio, se conserve limpia y salvaje, con un mar en el que se puede ver el fondo a varios metros.
Su tamaño es tan reducido que cuenta solo con unos 30 metros de largo por unos 30 de ancho, mientras que su suelo combina la arena dorada con piedras. El paisaje, por otro lado, combina una paleta cromática que va de lo rojizo de la piedra al verde de los numerosos pinos que contrastan con el azul del mar. Pero, además de bella, es un auténtico remanso de paz y tranquilidad. No es de extrañar que esté considerada una de las mejores calas de toda España.
Foto de portada | Candidobj
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